Crítica:EQUIPAJE DE BOLSILLOCrítica
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Murakami y su discípula Yoshimoto

Se dice que Haruki Murakami puede ganar el Nobel un año de éstos, y que Tokio Blues. Norwegian Wood es una anomalía en su producción literaria. Él mismo la considera un experimento. Sin embargo, sin Tokio Blues el fenómeno Murakami, de alcance universal, tal vez no hubiera llegado a estallar. Hasta a él le pilló por sorpresa su tremendo éxito cuando se publicó en Japón, en 1987. Tuvo que irse del país para asimilarlo.

Muchos lectores españoles tienen los cables cruzados porque han leído las obras de Murakami sin seguir el orden en el que fueron escritas. Tal vez se iniciaron en 1994 con Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (probablemente su novela más lograda) y no leyeron Tokio Blues hasta 2005 (cuando se editó en España) para terminar en 2006 (tras algunas otras paradas) con Kafka en la orilla. Demasiadas piruetas para caminar sin perderse entre las fantasías oníricas que, con estilo nada artificioso, permean casi toda su obra y el realismo sin complejos de Tokio Blues. Rehecho el calendario, se entiende mejor que a Murakami se le encuentren parientes tan diversos como Salinger, Don DeLillo, Carver o Kafka. En cualquier caso, el desorden no elimina ni una pizca del placer que produce leer hoy (o releer) Tokio Blues, con su lograda idealización de la memoria.

TOKIO BLUES. NORWEGIAN WOOD

Haruki Murakami

Maxi Tusquets. Barcelona, 2007

381 páginas. 9,95 euros

AMRITA

Banana Yoshimoto

Tusquets-Fábula. Barcelona, 2007

350 páginas. 8,95 euros

A Murakami le han salido imitadores, pero ninguna tan clara como Banana Yoshimoto, 15 años más joven y no siempre lo suficientemente hábil a la hora de adaptar una receta que mezcla amores primerizos, fantasmas familiares, ritos de iniciación y otras dimensiones. Que la alumna no llega a la altura del maestro resulta especialmente claro en el caso de Amrita, publicada en Japón hace 10 años, y en España hace cinco. Se diría que le sobra la mitad del metraje y que a su autora se le atraganta la distancia larga. Yoshimoto, en cualquier caso, se beneficia de la estela que deja Murakami, tiene ya una legión de entusiastas lectores, se crece en el relato corto (como los de Sueño profundo) y dada su edad (nació en 1964) cabe esperar que aún perfile una voz más personal y potente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 29 de junio de 2007.

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