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Editorial:MIRADOR

Socialistas navarros

Los socialistas navarros parecen inclinados a pactar con los nacionalistas de Nafarroa Bai (NaBai), pero no están seguros. Por una parte, desean gobernar, y creen tener argumentos morales para desearlo; pero temen, por otra, que una alianza con el nacionalismo provoque un desgaste de sus propios apoyos: en Navarra y en el conjunto de España. De ahí las marchas y contramarchas en las negociaciones de estos días.

Su argumento para querer gobernar es que su presencia al frente de la comunidad foral es la mejor garantía para la convivencia entre las distintas identidades de la plural sociedad navarra. Y ello en respuesta al reduccionismo de la derecha navarrista, que ha provocado una polarización muy artificial, y prácticamente identificado la continuidad de la autonomía foral con su triunfo electoral; como también frente a la tendencia del nacionalismo en ese territorio a reducir la identidad navarra a su componente vasco.

Lo más importante de los resultados electorales fue el cambio en la relación de fuerzas dentro de la minoría nacionalista: en 1999, tres de cada cuatro votos nacionalistas fueron a las listas de Batasuna; ahora, cuatro de cada cinco (considerando los votos nulos que la formación ilegalizada reivindica como propios) han ido a NaBai, coalición que condena la violencia. Es cierto que en ese casi 24% de NaBai está gran parte del electorado que antes votaba al brazo político de ETA; pero por eso mismo es una derrota de la banda: quienes la apoyaban lo hacen ahora a un programa de nacionalismo pacífico y democrático. Luego es una falacia identificar la presencia de NaBai en el Gobierno como una concesión a ETA, y hay motivos políticos de fondo para impulsar una alianza de ese tipo en este momento.

Pero no deja de ser un programa nacionalista, y bastante radical: su principal componente, Aralar, es abiertamente independentista y, por ejemplo, ha decidido no ocupar sus concejalías en localidades donde Batasuna las reclama a cuenta de los votos nulos. La gran distancia con el programa del PSN en el aspecto institucional explica el intento socialista de limitar el acuerdo a asuntos de gestión y reformas sociales. Pero es un intento bastante artificioso porque lo que unifica a los partidos componentes de NaBai es su vasquismo, incluyendo el proyecto a largo plazo de integración con Euskadi.

¿Hay margen para un programa que orille esos objetivos? Es lo que está por ver. Pero es incoherente

invocar el reconocimiento del componente vasquista de la identidad navarra y proponer, como hace UPN, una reforma constitucional que anule en la práctica la disposición que deja abierta la posibilidad de integración con Euskadi. Y propuestas como la de extender la cooficialidad del euskera (limitada ahora a una zona) a todo el territorio sería motivo probable de enfrentamiento en alguna de las otras zonas.

Se entienden, por ello, las dudas del PSOE. Aparte de su efecto electoral, un fracaso del intento, por falta de bases sólidas, podría tener efectos contraproducentes para el objetivo de integración del nacionalismo en la normalidad institucional de Navarra. Tal vez sea necesario forjar esa alianza en la oposición (y en los gobiernos de los municipios en que sumen mayoría) antes de dar el paso a gobernar conjuntamente la comunidad foral.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 27 de junio de 2007