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Crítica:

El compás del buen baile

Elia Barceló pone letra al baile del tango. Lo hace a través de una historia de seducción que empieza en la Europa del presente hasta remontarse al Buenos Aires de los años veinte. Dos episodios paralelos en los que la pasión y la fatalidad rondan una narración que quiere retener el tiempo.

Hace ya tiempo que Elia Barceló (Elda, Alicante, 1957) reside en Innsbruck (Austria) donde trabaja en su universidad impartiendo clases de literatura, y es en esa ciudad y en un día de abril con el viento soplando fuerte donde da comienzo su última novela, que además es uno de los primeros títulos de 451 Editores. Así se inicia: un hombre entra en una milonga porque quiere bailar tango. Encontrará a una desconocida y con ella compartirá pasos. La mujer apoyará la cabeza en el hombro de él, quien a su vez le regalará una rosa de color rojo oscuro. Luego se buscarán. Pero eso es ahora. Después, y sin embargo mucho antes, otro tanguero, esta vez en el barrio de La Boca, en Buenos Aires y en 1920, pegará su cuerpo al de una mujer que se desliza como una diosa. Dos historias y dos tiempos que discurren paralelos.

CORAZÓN DE TANGO

Elia Barceló

451 Editores. Madrid, 2007

184 páginas. 15,50 euros

En Corazón de tango, Elia Barceló ha decidido poner letra al baile porque su novela no es sino una canción porteña donde reinan la pasión y la fatalidad. Una historia protagonizada por tres que son cinco: ella, él, el alemán, tú y yo. Amor y celos, emociones en estado puro. Sobre todo en los personajes del pasado: la ingenua Natalia y sus confusas emociones, Berstein el alemán, celoso, rudo y primitivo que no comprende el tango, y Diego, el periodista bailarín enamorado de un imposible. Lugares comunes y previsibles, pero la autora ha sabido contar esta historia sencilla manteniendo el ritmo. Como en el tango. Y aquí, la magia, el baile y lo suavemente fantástico se aúnan para caminar la novela. Y también, como sucedía en El secreto del orfebre, otra historia triste y mágica con dos tiempos y dos ciudades, la autora trata de retener el pasado, de devolver la voz a quienes desaparecieron. Una misión de antemano perdida, pero también un gran empeño.

En Corazón de tango el equilibrio está sabiamente repartido y frente al conmovedor sentimiento amoroso de las voces que se alternan y nos hablan, el baile y la historia siguen y la acción se tensa y se muestra sensual en el encuentro de dos que se abrazan que son cuatro, mientras la mano se ajusta al talle, los labios rozan la mejilla y la pierna avanza, de tal modo Elia Barceló camina la novela como se camina el buen tango, siempre dentro del compás. Y quien lee la acompaña.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de junio de 2007

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