Crónica:LA CRÓNICACrónica
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Vivir del cuento

Últimamente en las bibliotecas de Barcelona han pasado cosas fuertes. Sediento de emociones, voy a la que me queda más cerca, la Biblioteca de Fort Pienc. Nada más llegar me doy cuenta de que se celebra una actividad infantil y que yo soy el espectador más viejo. Entre el público, mayoritariamente niños de guardería, hay también algunas madres, todas más jóvenes que yo. Porque estamos en el Món dels Tovets. Los Tovets son una familia de muñequitos de peluche que llevan seis años viajando por todas las bibliotecas de Barcelona. Sola ante la grada, la narradora Patricia McGill sostiene un libro, La cama mágica, de John Burningham, y va pasando las páginas llenas de ilustraciones mientras cuenta el cuento con la ayuda de sus peluches. Los niños, atentos, participan en su narración con comentarios, réplicas, preguntas. Alguno incluso se levanta, arrebata un peluche e interrumpe la narración, pero la narradora reconduce la situación y no pierde el hilo hasta el final del cuento.

"Los narradores orales somos artistas como los demás. Desearíamos recibir el mismo trato que actores y músicos"

Al terminar la sesión, Patricia me cuenta que estudió teatro en Uruguay. Después de licenciarse vino a Barcelona y se dedicó a otras cosas hasta que en el año 2001 un curso de narración oral le abrió las puertas de un mundo nuevo. "Entre los narradores hay gente que viene del teatro, hay quien viene de la enseñanza, de la biblioteconomía, de la filología", explica Patricia. "Pero todos somos un poco autodidactas. La mejor manera de aprender es observando a los demás y cometiendo errores".

El Món dels Tovets fue concebido especialmente para Bibliotecas de Barcelona. "Nos dimos cuenta de que los más pequeños entraban en la biblioteca con sus padres y que no supieran leer no debía ser ningún impedimento para que se acercasen a los libros", explica Roser Ros, creadora del programa. "Nos preocupaba que los niños llegaran a la escuela sin conocer aquellas obras del repertorio clásico de la tradición oral y nos propusimos elaborar una dieta equilibrada para niños de 0 a 6 años". Y ahí entraron en juego los narradores orales, que son, como las hormigas, uno de estos colectivos semiclandestinos y a la vez muy bien organizados.

A pesar de ser un sector casi underground, hay algunos narradores orales que se dedican a contar cuentos de manera profesional. Son pocos los privilegiados que pueden vivir del cuento. Actúan en escuelas, centros cívicos, institutos, bibliotecas, bares e incluso en las cárceles. La Associació de Narradores i Narradors (www.anincat.org) organiza cada año, entre otras actividades de narración oral, la sesión Contes a Quatre Camins. Hablo con Anna Gabernet, miembro de la asociación, que ha contado historias a los reclusos del centro penitenciario de La Roca del Vallès. "La primera vez me costó mucho escoger las historias que iba a contar. Creía que a una persona que estaba encerrada en la cárcel no le gustaría escuchar cuentos de amor, o que no le haría ningún bien oír historias en las que se describieran delitos", afirma Gabernet. "Al final, cuando nos encontramos cara a cara con los internos descubrimos que todas nuestras prevenciones eran absurdas. Los presos no sólo quieren cuentos de risa. También necesitan emocionarse con historias tristes, como La mujer esqueleto, que les encantó. Para ellos, escuchar una historia es una forma de salir de la cárcel". Gabernet es logopeda y tiene una formación muy diferente a la de McGill. "Yo he llegado a la narración oral sin pasar por el teatro. Para mí, la cuarta pared en la narración no existe. Yo necesito ver las caras del público para saber en todo momento si me siguen, si entienden lo que les cuento". Gabernet no utiliza recursos teatrales. "Para mí es importante la voz y contar bien una historia".

Según sostiene la profesora Caterina Valriu en el último número de la revista Tantágora, especializada en narración oral, podríamos hablar de tres clases de narradores: el que explica cuentos populares tradicionales propios de su cultura o de otras culturas y usa su voz como único instrumento. En segundo lugar, el que cuenta sus cuentos con el objetivo de estimular la lectura, el hábito de leer, entre sus oyentes. Generalmente cuenta historias de autor y utiliza el libro como soporte o referente. Y finalmente, el que cuenta cuentos populares o de autor con la intención de hacer un espectáculo y para ello se vale de recursos teatrales.

El colectivo cuenta también con festivales y maratones, como el festival Contes Emergents del Pati Llimona y el maratón de L'Hospitalet, que dirige Laura Rodríguez. El más conocido es el maratón de Guadalajara, que se celebra cada año y cuya programación puede consultarse en la Red (www.maratondeloscuentos.org). Hay bares que tienen programación de narración oral para adultos. En Barcelona, el Harlem Jazz Club (calle de la Comtessa de Sobradiel) tiene una programación semanal desde hace 10 años (www.contesicuentos.com) y en L'Hospitalet, el pub irlandés Dubliners (pasaje de la Pau) ofrece también una temporada estable.

Patricia lamenta que no exista en los periódicos una sección dedicada a la crítica de la narración oral. "Somos artistas como los demás. Desearíamos recibir el mismo trato que los actores, los músicos y los trapecistas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 19 de junio de 2007.

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