La presión fiscal sube dos puntos con el Gobierno de Zapatero

Empleo y beneficio empresarial llevan al 36,52% el peso de los impuestos

La presión fiscal se ha convertido en el indicador económico más díscolo de la legislatura. Pese a las promesas del Gobierno de mantenerlo a raya, el peso de los impuestos sobre la economía ha avanzado dos puntos desde 2004, cuando José Luis Rodríguez Zapatero accedió al poder, hasta suponer el 36,52%. La bonanza del empleo y de los beneficios empresariales explica el alza, que pese a todo deja a España por debajo de la media europea (40,8%).

Es la promesa más incumplida de los gobiernos en épocas de prosperidad. Contener la presión fiscal ha sido un objetivo esgrimido con vehemencia tanto por el Ejecutivo del Partido Popular en los últimos años como por el del PSOE desde su llegada al poder. Pero los números se resisten a contentar a los gobernantes. Cuando la economía avanza, la porción que reciben las arcas públicas de ese bienestar suele aumentar, en ocasiones a pesar de las rebajas fiscales, como ocurrió en la última aplicada por el PP.

Ésa ha sido la tendencia en los dos últimos años. Los impuestos que pagan los agentes económicos (ciudadanos, empresas, administraciones públicas...) suponen ya el 36,52% del producto interior bruto (PIB), según los datos publicados ayer por el Ministerio de Economía. Desde 2004, esta cifra ha crecido prácticamente un punto por año.

Más asalariados

El aumento de la presión fiscal ha coincidido con tres años (de 2004 a 2006) de fuerte crecimiento económico, por encima del 3% (casi el 4% en el ejercicio pasado). El impuesto sobre la renta en primer lugar y el de sociedades -grava los beneficios de las empresas- explican casi todo el avance de la presión fiscal en 2006. En el primer caso, el crecimiento del empleo -más trabajadores suponen más contribuyentes al fisco- y de los salarios negociados por convenio ha impulsado la aportación de los ciudadanos por IRPF. En el caso de las empresas, el fuerte crecimiento de sus ganancias ha disparado la recaudación.

La Administración central es la más beneficiada por ese aumento de la presión fiscal, pues los impuestos que más crecen van a parar directamente a esas arcas. En el caso del IRPF, gestiona un 65% y en el de sociedades, toda la recaudación. La buena marcha de esos dos impuestos en los dos últimos años ha revertido la pérdida de peso de la Administración central en el mapa fiscal.

La presión fiscal previsiblemente dejará de crecer de forma tan vertiginosa a partir de este año. Las rebajas introducidas en los impuestos de la renta y de sociedades frenarán la recaudación de esos dos impuestos, motores de la fiscalidad. De momento, los resultados no son muy evidentes, pues en el primer trimestre la pérdida de recaudación que esperaba el Ejecutivo ha quedado en la mitad. Tanto el Gobierno como los expertos insisten en que aún es pronto para evaluar los cambios.

Lo que sí se vislumbra ya es que los efectos serán menores de lo esperado. El Registro de Economistas Asesores Fiscales, que representa a la mayoría del sector, realizó ayer una visión crítica de la reforma. Este colectivo considera correcta la pretensión de bajar los impuestos a las empresas, pero creen que ha resultado "bastante prudente". "Habría sido mejor bajar más el tipo y más rápido", explicó Jesús Sanmartín, presidente de esta organización. "Se han quedado cortos", añadió el gerente, Luis del Amo.

Pese al crecimiento de la presión fiscal, España está aún lejos de igualar la media europea. El peso de los impuestos supone el 40,8% de la economía en los 27 países comunitarios y un porcentaje algo superior (41,2%) en la zona euro. Son datos de Eurostat, la oficina estadística comunitaria, referentes al año 2005, que colocan a Suecia a la cabeza en presión fiscal, con un 52%.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 12 de junio de 2007.

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