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Crítica:

Fincher se reinventa

Hace 12 años, un joven director recién entrado en la treintena revolucionó el cine de intriga criminal con la portentosa Seven, donde la espectacularidad narrativa y la fastuosidad estética se aliaban para conformar el thriller más imitado de la historia del cine. Ese joven realizador era David Fincher, el mismo que una década más tarde vuelve a poner patas arriba el género con la, digámoslo ya, obra maestra Zodiac, reinvención del asesino en serie desde la vía de la austeridad, desde la óptica del compromiso total del autor con el material que está manejando.

Basada en una historia real acaecida a caballo entre los años sesenta y setenta, novelada en el libro que sirve de guía a la película, de la que es protagonista su propio escritor (Robert Graysmith, interpretado por el siempre inquietante Jake Gyllenhaal), Zodiac es la historia de un fracaso y un triunfo: el fiasco policial y judicial, provocado por una mezcla de incompetencia, ausencia de colaboración entre organismos y poca capacidad de decisión, y el triunfo de un virtuoso ejercicio de objetividad fílmica, que lleva a Fincher a plasmar la investigación de una forma radicalmente opuesta a como lo había hecho, por ejemplo, en Seven, o a como lo hubiese desarrollado la inmensa mayoría de directores: aquí hay una fundamentalista huida del espectáculo, del sensacionalismo, del final sorpresa, del giro dramático, y la presencia de una puesta en escena austera que le lleva a rodar tan sólo uno de los asesinatos y de una forma tan seca como realista.

ZODIAC

Dirección: David Fincher. Intérpretes: Jake Gyllenhaal, Mark Ruffalo, Robert Downey Jr., Anthony Edwards. Género: intriga criminal. EE UU, 2007. Duración: 158 minutos.

Con un extraordinario manejo del tiempo y de la tensión dramática, Fincher compone su oda de casi tres horas de duración con la firmeza del que sabe que es imposible abrazar la historia mediante los métodos tradicionales. Un complejísimo relato con el que el director de El club de la lucha mantiene una relación parecida a la del pintor Antonio López con su cuadro de la película El sol del membrillo (Víctor Erice, 1992): consciente de la imposibilidad de encontrar la luz mediante la genialidad, abraza la maestría desde el trabajo a machamartillo. Así, Fincher busca el sentido de su película al tiempo que sus tres protagonistas (un policía, un periodista y un dibujante metido a investigador privado) buscan el sentido de sus vidas. Desde JFK (Oliver Stone, 1991) no se veía tal acumulación de información, acrecentada por el amplísimo arco temporal que narra la película (unos 20 años).

Fincher entronca con el mejor cine de intriga de los setenta, con la minuciosidad de Klute y Todos los hombres del presidente (ambas del minusvalorado Alan J. Pakula), con el sentido del antiespectáculo de La conversación, de Francis Ford Coppola, con sus oscuras fotografías de tonos ocres y su música disonante. No en vano, la banda sonora del filme es de David Shire, compositor de La conversación y de Todos los hombres...

Elegida por el Festival de Cannes para competir en su sección oficial, Zodiac es la palpable demostración de que David Fincher es mucho más que un esteta que depende de la calidad de los guiones escritos por otros. Es un autor con todas las letras.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de mayo de 2007