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Reportaje:

Las paradojas del socialismo a la venezolana

El Estado gana fuerza en la economía del país, en medio de una ola de consumismo claramente capitalista

La empresa telefónica venezolana ha retornado a manos del Estado. La compañía eléctrica de Caracas ha pasado a ser pública. Las multinacionales que operaban en la Faja Petrolífera del Orinoco ahora son socias minoritarias del gigante estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA). Son síntomas de que el socialismo del siglo XXI ha dejado de ser una simple consigna del presidente Hugo Chávez. Otras empresas y sectores están en la lista de posibles nacionalizaciones. Siderúrgica del Orinoco, hospitales, mataderos y frigoríficos, y hasta la banca comercial han recibido la advertencia de que o se acoplan a esta nueva etapa o pasarán a manos del Estado.

Las nacionalizaciones se han llevado a cabo en el más estricto respeto a las normas del capitalismo: comprando las acciones a sus propietarios

El ingreso familiar se elevó un 34,7% en 2006, lo que, según el Gobierno, explica la escasez de algunos productos por el aumento del consumo

Junto a estos avances hacia el socialismo, Venezuela vive uno de los momentos más intensos del consumo de todo tipo de bienes. Las cifras revelan que el capitalismo goza de buena salud. Según portavoces de varias ramas empresariales, la demanda supera ampliamente a la oferta y la capacidad de producción de muchas fábricas ha sido rebasada.

La economía da a cada paso señales contradictorias. En los supermercados se evidencia una situación de escasez recurrente de productos básicos. Por turnos desaparecen el azúcar, la leche, los huevos o la carne. Al mismo tiempo, los centros comerciales de gran calado aparecen como hongos en las principales ciudades del país y las ventas de automóviles se han disparado en términos exponenciales. En los primeros cuatro meses de 2007 se vendieron un 54% más unidades que en el mismo periodo de 2006.

El Gobierno esgrime las cifras para demostrar que su política económica es exitosa y para argumentar que la ausencia de algunos productos en los estantes de los mercados es artificial, una consecuencia más del empeño de los grandes grupos económicos de desestabilizar políticamente.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el ingreso familiar promedio se elevó un 34,7% en 2006. Este organismo, que emite las cifras oficiales de Venezuela, asegura que el ingreso promedio por hogar era de 831.540 bolívares (unos 287 euros) mensuales en 2005, y pasó a 1.120.659 bolívares (387 euros) para el segundo semestre de 2006. De acuerdo con el Gobierno, ésta sería la verdadera razón por la cual escasean algunos bienes básicos: ahora el pueblo tiene más dinero para comprarlos. "Estamos entusiasmados porque ha aumentado el consumo y hay mucho más dinero en la calle", señala José Vielma Mora, superintendente nacional tributario.

Más capacidad adquisitiva

Portavoces del sector empresarial, en su mayoría opositores declarados del presidente Chávez, admiten que ha habido tal aumento de la capacidad adquisitiva, pero aseguran que las fallas en los suministros se deben al terco empeño de mantener en vigor políticas de control de precios. "El Gobierno nacional ha anunciado una política económica dirigida a reducir el espacio de la empresa privada", resumía José Luis Betancourt, presidente de Fedecámaras, el máximo gremio empresarial.

Hasta 2006, Chávez había cultivado la reputación de hablar mucho y hacer poco en lo que respectaba a su proclamada intención de asumir la ruta socialista. Pero a partir de su victoria electoral del 3 de diciembre, cuando fue reelecto para otros seis años, parece resuelto a borrar esa fama.

Las nacionalizaciones realizadas hasta ahora han colocado al Estado en una posición de control de los negocios estratégicos del país, comenzando con la industria de hidrocarburos que, si bien estaba nacionalizada desde mediados de los años setenta, había experimentado en los noventa un proceso de privatización parcial llamado apertura Petrolera, que permitió el ingreso de grandes transnacionales para realizar operaciones en áreas consideradas de menor importancia. Chávez, quien cuenta con poderes especiales otorgados por la Asamblea Nacional para gobernar por decreto hasta mediados de 2008, condicionó la permanencia de esas transnacionales a que firmasen convenios mediante los cuales se convirtieron en socios minoritarios de empresas mixtas, dominadas por Petróleos de Venezuela (PDVSA).

También reestatizó la CANTV, la mayor empresa telefónica del país, cuya transferencia a manos particulares en 1991 había sido el emblema del proceso de privatización emprendido por el Gobierno del socialdemócrata Carlos Andrés Pérez, siguiendo las pautas entonces en boga. También renacionalizó el Servicio Eléctrico de Nueva Esparta (Seneca), que surte de energía a la turística isla Margarita. Y estatizó una empresa que nunca había sido pública, Electricidad de Caracas (EDC), que perteneció primero a empresarios venezolanos y luego a la firma estadounidense AES.

Visto a la distancia, podría pensarse que Chávez ha expropiado o confiscado estas grandes empresas. Nada más lejos de la verdad. Las nacionalizaciones se han llevado a cabo en el más estricto respeto a las normas del juego capitalista: comprando a los propietarios sus acciones hasta convertir al Estado en el socio mayoritario.

Nacionalización respetuosa

El paradigma de esos abordajes, chequera en mano, ha sido la compra de CANTV, que se realizó en dos fases. Primero se llegó a un acuerdo con el consorcio Verizon, socio mayoritario hasta enero, y luego se lanzó una OPA. De resultas, el Gobierno ahora controla el 86% de las acciones y se dispone a tomar el mando de la empresa que casi monopoliza el negocio de la telefonía fija y posee buena parte del nicho de la telefonía móvil.

A pesar de ese estilo de nacionalización respetuoso, Chávez ha querido apelar a lo simbólico, y por eso realizó un acto el 1 de mayo en una de las plantas mejoradoras de crudos extrapesados de la Faja del Orinoco. Chávez asegura que su propósito no es fortalecer el capitalismo de Estado, que ya fracasó en Venezuela, ni implantar un modelo socialista semejante al que naufragó en muchos otros países, sino impulsar el socialismo del siglo XXI. Pero nadie parece tener claro lo que eso significa en el campo económico.

Haiman el Troudi, uno de los ideólogos del socialismo del siglo XXI, dice que es necesario lograr un cambio cultural profundo, una modificación radical del comportamiento del venezolano que al tener mayores ingresos se ha lanzado a una desenfrenada carrera de consumo de bienes muchas veces innecesarios. El Troudi no se pone plazos cortos para cosechar esa siembra ideológica. Piensa que pasarán al menos diez años para que el modelo comience a dar frutos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de mayo de 2007