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Crónica:VESTIDOS DE LUCES | Feria de San Isidro

Miguel Márquez

Miguel Márquez murió como los hombres que son bragados, con la muleta en la mano frente a una vaca astifina. Una tarde de primavera en la marisma mientras soñaba el toreo. Miguel Márquez, el pequeño gran torero malagueño era llamado El León de Fuengirola. Fue Márquez novillero puntero en los años sesenta. Ecléctico, supo unir, gracias a su valor, el tremendismo de Manuel Benítez, El Cordobés, con el clasicismo de su padrino, el maestro Antonio Ordóñez. Unió en su persona lo moderno con lo eterno.

Miguel Márquez tomó la alternativa en Málaga en el célebre 1968 y dominó el escalafón de matadores durante varios años junto al llorado Paquirri y Dámaso González, el Rey del Temple. Apoderados los tres por el mítico José Flores, Camará.

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Años después resucitó en Las Ventas ante durísimas corridas de Luciano Cobaleda y Victorino Martín. Miguel Márquez se había convertido en un lidiador sabio y poderoso; luego, como tantos toreros, aparecía y desaparecía de los carteles de las ferias.

Miguel ha muerto joven. Su torería, sin gran reconocimiento, fue apreciada en tardes inolvidables de Las Ventas, de Málaga, de Pamplona. Con la muleta en la mano frente a una vaca astifina, soñaba el toreo. Miguel Márquez, maestro, a la fiesta le falta un León.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de mayo de 2007