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Tribuna:Si yo fuera alcalde de Bilbao | Elecciones 27M

Emperador del Cosmos

Me piden que especule con la posibilidad de que algún día, por alguna razón desconocida, yo fuera alcalde de Bilbao. Reflexión frívola, absurda e inútil, pero, en lugar de negarme, he dicho que sí, porque si digo que no, me siento tremendamente culpable.

Si yo fuera alcalde de Bilbao, en primer lugar, cometería un grave error, porque suficiente tengo con lo mío. Dirigir una película es un lío tremendo, no quiero ni imaginar lo que supondría dirigir una ciudad. Así que lo primero que obtendríamos es un caos absoluto, producto de mi total inoperancia. Después, por muy mal que lo hiciera, no habría quien me sacara de mi puesto, le cogería el gustillo. Eso de ser alcalde de Bilbao parece equivalente a ejercer de Emperador del Cosmos, porque Bilbao es una alegoría del universo. Habría que hacer algo grande cada semana. Así que empezaría por erigir una estatua de veinticinco metros de un pincho moruno. Un pincho moruno de hierro, en medio de los jardines de Albia, y se lo encargaría a Lizaso, un escultor amigo mío. Colocaría a mis amigos en todos los puestos administrativos de relevancia, para que vivieran sin dar ni golpe. Luego, haríamos reuniones y consejos, que consistirían en comidas pantagruélicas sin fin, donde se discutirían asuntos de interés, como colorear la ría en fiestas o aumentar la duración de la Semana Grande a quince días. Podríamos desarrollar una política de incentivación de las tradiciones: eximir de impuestos a todas las personas que llevasen el jersey al hombro. Fomentar el deporte, como por ejemplo, el aperitivo del mediodía. Si te tomas unos vinos en un bar, te dan un tique. Cuando tienes diez mil, el Ayuntamiento te nombra animador cultural y te ponen un sueldito.

Otro proyecto que encargaría de inmediato es la creación de un festival de cine muchísimo mejor que el de San Sebastián, sólo por fastidiar, en las mismas fechas. La presidenta del festival, costase lo que costase, sería Angelina Jolie. Angelina, un mes entero dejándose ver por la plaza elíptica, comiendo y cenando con mis concejales en el Ayuntamiento. Se me ocurre un nombre: Festival de Cine Simpático y Entretenido. No descuidaríamos, por supuesto, las películas de envergadura intelectual (iranís), que se proyectarían en una sección alternativa (Zabaltegi) en Barakaldo, a las siete de la madrugada, a un precio exorbitante. Todos los periodistas y críticos se alojarían en una pensión cercana a este teatro. Mientras, en el centro, asistiríamos a proyecciones de grandes películas que ya ha visto todo el mundo, o estrenos de películas de amigos del alcalde, o superproducciones protagonizadas por la presidenta del festival. Empiezo a disfrutar con la idea. Una vez debidamente asentado en mi Ayuntamiento, invitaría a Gallardón a pasar unos días, en plan colegas. Hablaríamos de nuestras obras, de nuestras cosas. ¿Qué tal va tu autopista? ¿Cuántas calles tienes cortadas? ¿Tantas? Qué suerte... Envidioso, seguro que mandaría construir un parque temático, pero de dibujos animados sin gracia y pasados de moda: Calimero, Espinete, Don Pimpón. Así los niños estudiarían todos Económicas, y Bilbao volvería a recuperar su hegemonía industrial. Si yo fuera alcalde de Bilbao, en definitiva, intentaría que me echasen en las próximas elecciones, pero antes, disfrutar de lo lindo. No es tan original.

Alex de la Iglesia es director de cine.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de mayo de 2007