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Reportaje:

Literatura al calor de la 'banlieue'

Escritores de los suburbios de París se organizan en un movimiento para impulsar la creatividad entre los jóvenes

Los suburbios franceses son como una olla de presión, que siempre está a punto de explotar. Y, como ocurrió en el otoño de 2005, a veces estallan en un torbellino de fuego y violencia. En estos territorios urbanos, sobre todo en las llamadas Cités, los barrios de colmenas de viviendas sociales que concentran la mayoría de los problemas, crece la frustración y la rabia, pero también la creatividad y el talento. Y sus jóvenes no sólo se expresan a través del rap o de las pintadas. Tras la revuelta de 2005, que algunos creen que puede repetirse en breve si el conservador Nicolas Sarkozy gana las presidenciales de mañana, un grupo de autores logró que las editoriales más prestigiosas de Francia se interesasen por sus obras y ahora han decidido unirse en un colectivo para que todo ese talento encuentre una voz y un espacio.

Razane: "Queremos dar visibilidad a la creatividad que surge en las 'banlieues"

"La literatura francesa se ha aburguesado mucho en los últimos años", afirma Amellal

"Queremos dar visibilidad a la creatividad que está surgiendo en las banlieues", explica Mohamed Razane, un educador social de 38 años, experto en jóvenes conflictivos, que ha publicado su primera novela, Dit violent, en la famosa colección blanca de Gallimard, que reúne a los grandes escritores franceses. Otros novelistas habían retratado el mundo de los suburbios franceses, como el narrador argelino Y. B. en Alá superstar o la autora adolescente Faïza Guène, que vendió 300.000 ejemplares de su obra Kif kif demain en 2004, pero tras la revuelta de 2005 editoriales como Gallimard, Hachette, Stock y Seuil incorporaron a estos autores a su catálogo.

El colectivo ¿Quién Hace a Francia? (Qui Fait la France?), presidido por Razane y formado por otros nueve autores, se hizo su primera foto de familia el 16 de abril en los alrededores de París y publicará un libro conjunto en septiembre, Crónicas de una sociedad anunciada, que estará prologado por un manifiesto que reivindicará "la Francia invisible, alejada de los clichés".

"Vamos a financiar proyectos, crear talleres de escritura. Es lo que nos hubiese gustado encontrar a nosotros. Hay muchos jóvenes que llevan una pasión y les resulta muy difícil abrirse camino en el sistema. Hay que llevar la cultura a los suburbios", explica Razane en un bar del distrito 14 de París, en el que lleva unos meses trabajando. Aunque sigue viviendo en el lugar donde creció, Seine-Saint-Denis, el departamento 93, que reúne los barrios más conflictivos, desde Clichy-sous-Bois, donde empezó la revuelta, hasta la Cité de las 4.000.

"El rap es un medio de expresión muy importante. Cada barrio tiene sus grupos y sus lenguajes. Pero en las banlieues no sólo hay rap y deporte. Ha surgido una creatividad disparada, fruto también de la mezcla de orígenes, pero que muchas veces acaba asfixiada", prosigue Razane, cuyo libro relata, en primera persona, la historia de Mehdi, un muchacho de 17 años, luchador de boxeo tailandés, que sobrevive en el mundo sórdido, duro, pero también profundamente humano y solidario, de la Cité. "¿Cómo hablar de violencia sin referirnos a la peor violencia, la del sistema? Que se vayan todos a la mierda con sus discursos bonitos", exclama su protagonista al principio de la novela.

¿Quién Hace a Francia? -integrado por Thomté Ryam, Samir Ouazene, Habiba Mahany, Mabrouck Rachedi, Jean Eric Boulin, Khalid el Bahji, Karim Amellal, Mohamed Razane, Dembo Goumane y la propia Faïza Guene- busca, en realidad, que jóvenes como Mehdi puedan encontrar su voz más allá del fuego y de los coches quemados.

"Queremos salir del gueto para que otros salgan del gueto, salir de las banlieues y hablar a todos los jóvenes que tienen dificultades y quieren hacer cosas en el plano cultural, a los que vamos a aportar nuestra experiencia, nuestras redes y, eventualmente, dinero. Siempre se habla de nosotros como literatura urbana, realismo del asfalto, pero creo que hay muchas más voces", asegura Karim Amellal, un argelino de 28 años, profesor de Ciencias Políticas, que acaba de publicar su segundo libro, Cités à comparaître (un juego de palabras, traducible como Citado a comparecer), escrito como si fuese una canción de rap.

Amellal, nacido en Argel, lleva 10 años viviendo en los suburbios de París y en noviembre de 2005, cuando los jóvenes de las banlieues quemaban miles de coches, acababa de publicar el libro Discriminadnos. Ensayo sobre la desigualdad. Sus obras hablan de la inmigración, de los problemas identitarios en un lenguaje que capta todos los sonidos, matices y colores de la calle.

El objetivo del colectivo es también político. "Reivindicamos una literatura comprometida y es una vieja tradición en este país. La literatura francesa se ha aburguesado mucho en los últimos 20 años. Queremos hablar de problemas reales, de la policía, de las injusticias, de la violencia", prosigue Amellal.

Creen que un precedente de la estética que tratan de reivindicar está en El odio, la película de Mathieu Kassovitz, que en 1995 ya retrataba en un rotundo blanco y negro el mundo de las Cités. "Ha pasado más de una década y sigue siendo una película muy actual, porque ese mismo odio está allí, como se pudo ver en el otoño de 2005". Su objetivo es que encuentre otros caminos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de mayo de 2007