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Reportaje:FIN DE SEMANA

Turistas en la cuna del hierro

Una ruta minera y de la arqueología industrial bilbaína, en La Arboleda

Hubo un tiempo en que los altos hornos alumbraban todo Bilbao. Hasta que la crisis de los ochenta acabó con la minería y la siderurgia. Éste es un viaje nostálgico por las huellas de la reconversión.

El funicular que sube desde Trapagaran a la zona minera de La Arboleda, en los montes de Triano, lleva a la estación de La Reineta. En algo más de un kilómetro, el funicular, que se inauguró en 1926 para transportar mineral y facilitar la comunicación entre el valle y los altos, salva un desnivel de 342 metros. Pegado a los raíles y arrastrado por un grueso cable, el artilugio mecánico trepa por la ladera y va dejando a ambos lados algunos caseríos aislados, pequeñas huertas, prados verticales en los que pastan vacas equilibristas y mimosas restallantes de amarillo en un día de final de enero. Aún aguantan pegados al terreno jirones blancos de la nieve caída días atrás. Hacia el valle, la vista se pierde entre los bloques desordenados de Barakaldo, Sestao y otras poblaciones crecidas al calor del desarrollo industrial, en la margen izquierda de la ría de Bilbao, y alcanza al fondo, más allá de Santurce, las grúas y los gigantescos contenedores del puerto.

En los montes de Triano y Galdames, a 20 kilómetros al oeste de Bilbao, se ocultaban las minas del mineral de hierro, fuente de la gran industria siderúrgica de Vizcaya. Ahora que las llamaradas de los hornos de Barakaldo ya no "alumbran todo Bilbao", como dice la canción, y que han desaparecido los astilleros donde se construían inmensas ciudades flotantes, la visita a la zona minera es una vuelta, con mirada curiosa, a los orígenes de todo aquello que fue y ya no es, representado en los restos de la minería.

Lamentablemente para los ciudadanos y para los amantes de la arqueología industrial, la desindustrialización ha barrido prácticamente todos los vestigios -algunos ilustres y dignos de ser preservados- de aquel mundo de naves de ladrillo y hormigón, calderas, poleas y válvulas, trenes de laminación, vagonetas y grúas que poblaba la ría del Nervión, desde el actual emplazamiento del Museo Guggenheim hasta su desembocadura en El Abra. Un ensañamiento con una parte fundamental de la historia del País Vasco que no tiene una explicación fácil.

Cráteres desarbolados

Los altos de Triano responden al tópico del paisaje lunar. Las minas de hierro a cielo abierto dejaron en el entorno de La Arboleda, la población minera más representativa de la zona, grandes cráteres abiertos en un territorio del que, para llevar la contraria a su nombre, cualquier muestra de arbolado ha desaparecido por la sobreexplotación de la madera para alimentar, primero, las antiguas ferrerías y los hornos de fundición, y más tarde, la construcción. La explotación minera es muy antigua, y hasta la segunda mitad del siglo XIX los procedimientos eran sumamente rudimentarios: la extracción se hacía a golpe de pico y pala hasta dar con el filón, y una vez agotado éste se abrían nuevos agujeros sin orden ni concierto; luego el mineral, fundido en las ferrerías, era transportado por bueyes ladera abajo hasta los puertos de Galindo, Portugalete y Muskiz.

En el camino desde el funicular de La Reineta hasta La Arboleda se pasa junto a las antiguas minas Parcocha y Ostión, hoy convertidas en lagos por la filtración de las aguas subterráneas, en los que se puede pescar y remar. El cese de la actividad minera -el enorme pozo de Bodovalle, cerca de Gallarta, fue el último en cerrar, en 1993- ha transformado la vida de los habitantes de la zona, y también el paisaje y los usos del territorio. En el agradable paseo entre La Arboleda y el Centro de Interpretación de Peñas Negras, desde donde se organizan rutas para conocer el paisaje y la historia de la minería, un mirador asoma sobre el golf público de Meaztegi, inaugurado en 2005 y diseñado por Severiano Ballesteros, con un recorrido que ofrece espectaculares panorámicas sobre la ría.

Recuerdos del poblado minero

Pese a las grandes transformaciones experimentadas, La Arboleda conserva su estructura de poblado minero, con hileras de casas de una o dos alturas separadas por callejones estrechos, su plaza en cuesta, la iglesia, las escuelas, los bares y cantinas, y la Casa del Pueblo, donde se fraguaron algunas de las huelgas, como la famosa de 1890, que consiguieron mejorar las condiciones de vida y de trabajo en las minas. De los orígenes queda también en pie, junto a la plaza de La Magdalena, la Casa Roja, un edificio centenario de madera con tejado a dos aguas. Los restaurantes de La Arboleda sirven, entre otros platos, una ricas alubias, especialidad de la zona. Hasta 1877, en el lugar, vecino de los pozos, sólo había barracones alumbrados con candiles de carburo, con literas de tablas en las que los mineros dormían por turnos, según el sistema llamado de camas calientes.

La gran eclosión de la minería del hierro de los montes de Triano se produciría a partir de 1880. Los primitivos procedimientos dieron paso a la mecanización de la extracción y el transporte del mineral. Capitales extranjeros, principalmente ingleses, se unieron a los de los promotores vascos, generando un enorme desarrollo que culminó con la creación en 1902 de la emblemática empresa Altos Hornos de Vizcaya.

En los años cincuenta del siglo XX, las vetas estaban prácticamente agotadas, y en 1963 cesó la exportación del mineral de hierro. De los ferrocarriles mineros, las líneas de vagonetas suspendidas por cables, los cargaderos de mineral, torretas, pozos a cielo abierto, galerías subterráneas, hornos de fundición y muelles de embarque que colonizaban el paisaje quedan algunos restos significativos repartidos entre Trapagaran, Ortuella y Gallarta.

GUÍA PRÁCTICA

Cómo ir- En metro hasta Barakaldo o en tren de cercanías hasta Trapagaran; desde esta población, el mejor medio es el funicular de La Arboleda. Por carretera, hasta La Arboleda.Visitas- Museo de la Minería (946 36 36 82). En Gallarta. Entrada: 2,50 euros.- Ferrería El Pobal (629 27 15 16). En Muskiz. Visita: 3 euros. El sábado, el único día que se pone en marcha la ferrería: 4 euros. Cierra lunes.Comer y salir- Restaurante Casa Sabina (946 60 40 31).Mamerto Allende, 9. La Arboleda. Una lubiada, unos 20 euros.- Restaurante Sua (944 23 22 92). Marqués del Puerto, 4. Bilbao. Alrededor de 35 o 40 euros.- Bar Antigua Cigarrería (944 24 89 73). Astarloa, 5. Bilbao.- Sala Rock Star (944 45 92 95; www.salarockstar.com). Gran Vía, 87. Música en vivo.Dormir- Miró Hotel (946 61 18 80; www.mirohotelbilbao.com). Alameda de Mazarredo, 77. Bilbao. Diseñado por Antonio Miró, con spa y a 150 metros del Guggenheim. Desde 110 euros.Información- Centro de Interpretación de Peñas Negras (946 33 80 97).- Turismo de Bilbao (944 71 57 60; www.bilbao.net/bilbaoturismo).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de abril de 2007

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