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Entrevista:ÁNGEL GURRÍA | Secretario general de la OCDE

"Hay que compensar a los perdedores de la globalización"

Ángel Gurría (México, 1950) participó la pasada semana en un encuentro sobre desarrollo rural en Cáceres y en un foro organizado por el Instituto de Empresa en Madrid. Allí explicó cómo se ve la economía mundial desde la privilegiada atalaya de la institución que dirige, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Gurría quiere iniciar en mayo la ampliación más ambiciosa de la organización, que reúne a 30 países ricos, para hacer sitio a las economías emergentes.

Pregunta. Se ha reavivado la incertidumbre sobre una próxima recesión en Estados Unidos. ¿Revisarán su previsión de crecimiento de la economía mundial?

Respuesta. Lo que pasa con Estados Unidos siempre afecta, sin duda. Pero creemos que la expansión seguirá, quizás a una tasa más moderada en Estados Unidos. Ahora hay un reequilibrio entre los que crecen más y los que crecen menos. El área del euro, en algunos trimestres recientes, crece más que los Estados Unidos. Y Japón ha adquirido un dinamismo que ya constituye el más prolongado en los últimos tiempos. Todavía hay espacio para el crecimiento.

"La OCDE equivalía al 75% del PIB mundial, ahora es el 60% y, si sigue así, se irá al 50%"

"Vemos en España una productividad baja y una inflación todavía demasiado alta"

P. El equilibrio fiscal es una recomendación habitual de la OCDE, ¿cómo ve la situación?

R. El déficit de Estados Unidos está ahora a la mitad de cómo estuvo en su pico. El dinamismo económico se ha encargado de generar tantos ingresos que se ha cerrado la brecha antes. Es una sorpresa interesante, que también ocurre en Alemania, en Francia, incluso en Italia. Sólo Japón, con una deuda pública que llega al 170% del PIB, tiene algún problema más.

P. ¿Son sostenibles déficits con el exterior tan abultados como los de EE UU o España?

R. Al menos han dejado de aumentar, pero son cifras muy altas, que requieren financiación del resto del mundo. En EE UU lo hacen sobre todo los países asiáticos, que acumulan enormes cantidades de dólares. Es uno de los temas pendientes de la economía mundial.

P. Usted quiere convertir a la OCDE en "pivote de la globalización", ¿cómo va?

R. Nuestra preocupación es que la globalización sea en beneficio de la mayoría y que haya formas de compensar a los perdedores. Hemos analizado 20 de nuestros países miembros, países desarrollados, y en 17 ha habido un deterioro del reparto del ingreso en 10 años. Uno se explica mejor así porque hay poco apoyo a la globalización.

P. ¿Y la ampliación?

R. Será el tema central en nuestra reunión ministerial de mayo. Hay interés en países como Brasil, India, Rusia o China, muy grandes aunque distintos, que en algunos casos crecen al triple de velocidad que el promedio. Hay países de la UE que no son miembros de la OCDE... Chile o Israel también tienen trabajo adelantado. No queremos ser una institución universal, pero sí más globales. Cuando se fundó la OCDE representaba el 75% del PIB mundial, ahora está en el 60% y si la dejamos como está se irá al 50% en nada.

P. Ya se refirió a los problemas de España con el déficit exterior, ¿ve alguna debilidad más?

R. Ustedes llevan un buen ratito de crecimiento sostenido, va para 14 años. Por el lado de los retos, vemos una productividad baja e inflación todavía demasiado alta. En el mercado laboral, costes excesivos para contratar y licenciar [despedir]. Y hay que revisar la combinación de impuestos, Seguridad Social, edad de jubilación y beneficios de las pensiones, como están haciendo todos los países.

P. Habla de revisar el sistema de pensiones, ¿cómo lo haría?

R. El chiste, que es una expresión muy mexicana, es cómo estimulas a personas que están en perfecto estado para que trabajen más si cada año de trabajo les va a costar doble: pagarían contribuciones y no recibirían la pensión. En Bélgica, por ejemplo, la pensión va a ser mejor por cada año adicional trabajado, ahí sí te lucra trabajar más. Otro de los grandes problemas es el alto desempleo de los que tienen más de 54 años, es una generación a la que no se la ha entrenado en el trabajo. Acabo de estar en Dinamarca y allí la negociación colectiva se centra en cómo va a ser el nuevo esquema de educación continua. Eso son nuevos enfoques.

P. El sistema público de pensiones en riesgo, los costes del despido demasiado elevados...

R. Sume la inversión en educación, I+D y universidades.

P. Sí, pero en muchas cuestiones, el discurso de la OCDE es el mismo año tras año, ¿no se ha quedado desfasado?

R. No, siempre hablaremos de consolidación fiscal, pero la insistencia cambia si estás en un déficit del 5% del PIB o logras superávit, como ocurre con España. O siempre hablaremos de cómo viene la curva de obligaciones con la Seguridad Social dentro de 15 o de 20 años. ¡Eso se tiene que fondear hoy, no dentro de 15 años! A ustedes, tres millones de inmigrantes, que trabajan y pagan impuestos, les han echado para atrás el horizonte inevitable en el que pagar las pensiones les iba a suponer un problema. Bueno, pero ojalá fuera así el caso siempre. Porque generalmente ni se arregla el tema de las pensiones, ni el tema de la inmigración. Cuando hay informalidad, lo que ocurre es que los inmigrantes ni pagan impuestos, ni pagan la Seguridad Social, y al mismo tiempo presionan sobre los sistemas de salud. Es el peor de los mundos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 28 de marzo de 2007