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Reportaje:

"Europa debe decidir si acepta a los musulmanes"

El primer político de origen marroquí en el Gobierno holandés se enfrenta a los 'ultras'

Ahmed Aboutaleb, de 45 años, es el primer musulmán de origen marroquí que llega al Gobierno en los Países Bajos (es secretario de Estado de Asuntos Sociales) y está irritado. Hablando un holandés impecable trufado de refranes que denotan la soltura con que se mueve en su tierra de adopción, recuerda que cumple con todos los requisitos legales de trayectoria cívica e integración para estar en el poder. "Pero aún no es bastante. La sociedad holandesa tiene que decidir si desea que los inmigrantes musulmanes vivan o no aquí. Es un debate de aceptación a escala europea", asegura, después de que la extrema derecha nacional le acusara de deslealtad.

Hijo de un imán y llegado de Marruecos a los 15 años con su madre y hermanos, Aboutaleb, ex concejal del Ayuntamiento de Amsterdan, posee dos pasaportes, el de su país natal y el holandés. Es titular de una doble nacionalidad considerada indeseable por el nuevo Partido para la Libertad, que cuenta con nueve escaños en un Parlamento de 150. Su líder, Geert Wilders, abomina de personas así por considerarlas propensas al conflicto de intereses.

Aboutaleb está en el punto de mira de la ultraderecha y de los integristas islámicos

Poco importa que ambos hayan sido amenazados por el integrismo islámico; Wilders por sus críticas a un credo que califica de "horrible y retrógrado" y el socialdemócrata Aboutaleb por su llamada a respetar las leyes y valores occidentales. "El problema es personal. Wilders ha secuestrado el debate sobre la idoneidad de contar con un solo pasaporte, y lo ha convertido en un ataque contra mí por ser musulmán. Incluso si rompiera el pasaporte marroquí le parecería poco. Luego tal vez exigiría que quemara el Corán. Es una discusión racial en la que los musulmanes aparecen, por definición, como gente de poco fiar", lamentaba ayer Aboutaleb en un encuentro con la prensa internacional.

Lo decía con amargura contenida. "Me guste o no, soy un símbolo para muchos inmigrantes. Una especie de soldado de infantería que recibe los primeros ataques. Pero la lealtad no se mide por el número de pasaportes, y yo se la profeso a Holanda. Acuérdense de lo que ocurrió con los holandeses autóctonos que denunciaron a sus compatriotas judíos a los nazis en la II Guerra Mundial".

Por el contrario, a Wilders, que ha conseguido ensombrecer su estreno gubernamental, así como el de su colega de Justicia, Nebahat Albayrak, musulmana de origen turco, la situación le parece una emergencia nacional. "No quiero vivir en un país donde pueda haber seis o siete ministros musulmanes. Lo ideal sería que la comunidad musulmana de Holanda (un millón de los 16 millones de habitantes) abandonara el país voluntariamente", ha afirmado.

"El fondo de la cuestión es el número de votos que pueden ganarse azuzando la desconfianza hacia una comunidad de la que han salido figuras como el asesino de Theo van Gogh. La gran mayoría de los marroquíes no es así, desde luego, pero tampoco ha sabido dar buen testimonio de ello. Les aseguro que entre la policía y el Ejército, con miembros de doble nacionalidad, hay preocupación por si parecerán lo bastante leales", dice Aboutaleb. Aunque subraye que ha sido una coincidencia, los dos partidos mayoritarios del pacto de Gobierno apoyan la modificación del "automatismo que permite adquirir doble nacionalidad holandesa". No se descarta la presentación de una nueva ley que otorgue al receptor la capacidad de elegir un solo pasaporte. "Resulta irónico, pero si sumamos el diplomático por mi cargo, yo tengo incluso tres", recordó Aboutaleb.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de marzo de 2007