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OSCAR 2007

Hollywood salda su deuda con Scorsese

El director neoyorquino gana con 'Infiltrados' los premios al mejor director y a la mejor película

Steven Spielberg le guiñó un ojo. Ésa era la señal. Rodeado de su familia y sus colaboradores, Martin Scorsese recibió el domingo por la noche el primer Oscar de su vida. Infiltrados, remake de Infernal affaires (Juego sucio), logró el consenso que durante años se le había negado al cineasta de Queens. "Cuando la gente me decía que éste era por fin mi año no me lo creía. Estaba demasiado acostumbrado a perder". Pero Spielberg (un viejo amigo que presentó el premio junto a Francis Ford Coppola y George Lucas) le lanzó el aviso al abrir el sobre y Scorsese supo que el Oscar por fin era suyo.

'La vida de los otros' dejó a Guillermo del Toro con la palabra en la boca y sin Oscar

El director de Toro Salvaje, con su inglés de metralleta, bromeó con la posibilidad de que todo fuera una broma y luego arrancó con su larga lista de agradecimientos: sus hijas, su mujer, su fiel montadora (la gran Thelma Schoonmaker) y el actor que en los últimos años le acompaña y le inspira, Leonardo DiCaprio. Fue el colofón de una ceremonia rápida, bastante aburrida, en la que el discurso político giró al ecológico y en la que una actriz española, Penélope Cruz, demostró sus enormes tablas de estrella vestida de Atelier Versace.

Casi han pasado cuarenta años desde que Scorsese, Coppola, Spielberg y Lucas se conocieron. Llegaron a Hollywood para liderar su última época dorada y desde entonces cada uno ha seguido su camino. El de Scorsese, como recordaba ayer su montadora, ha sido el de un hombre de genio, tumultuoso, divertido y visceral. "Una escuela de cine viva", dijo rotunda Schoonmaker. Siempre a las puertas del reconocimiento de una industria a la que poco a poco se ha ido acercando, Scorsese y Hollywood han saldado su vieja deuda.

La 79ª edición de los Oscar tuvo mucho acento extranjero. Lo dijo desde la presentadora, Ellen Degeneres, a la pequeña Ivana Baquero (con sus botines dorados de Camper, edición especial Oscar). El acento italiano lo puso el Oscar honorífico a Ennio Morricone, con un Clint Eastwood que le tradujo a la perfección (fue uno de los mejores momentos de la ceremonia) y el latino se repartió entre los candidatos españoles, mexicanos y argentinos que se dejaban oír en el patio de butacas del Kodak Theater. Gritos en español y banderitas mexicanas para el trío de cineastas formado por Alejandro González Iñárritu, Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón, que sumaba casi una veintena de candidaturas por Babel, El laberinto del fauno e Hijos de los hombres . Pero el llamado Frijollywood sólo se llevó finalmente cuatro (tres para el Fauno y uno, la mejor banda sonora, para Babel) y el vocerío inicial fue remitiendo. El Oscar a la mejor película en habla no inglesa para la película alemana La vida de los otros dejaba a Guillermo del Toro con la palabra en la boca y sin Oscar en la mano. Su película fue, después de Infiltrados, la que más premios consiguió, pero él no pudo moverse de su butaca.

Tampoco tuvo ocasión de moverse de su sitio Peter O'Toole, cuya piel blanca y estirada brillaba tanto como la de Nicole Kidman (de rojo y de Balenciaga). Forest Whitaker lograba el Oscar al mejor actor por su recreación del dictador Idi Amin en El último rey de Escocia. Tembloroso, el actor de Ghost Dog era pura electricidad. Un intérprete superdotado (en 1988 ganó en Cannes por su impresionante trabajo en Bird, de Clint Eastwood) que recordó cómo para él actuar ha sido siempre una religión, "una creencia, la fe en una fuente extrema de comunicación".

La intensidad tejana de Whitaker contrastaba con la flema británica de Hellen Mirren. Ganó, como estaba previsto, por su trabajo en The Queen, y la radiante actriz subió al escenario con el bolso en una mano (velado homenaje a Isabel II) y un pendiente de diamantes en la otra. "¿Saben una cosa? Durante más de 50 años, Elizabeth Windsor ha mantenido su dignidad, su sentido del deber y su peinado. Ha pasado por muchas tormentas con el bolso en el brazo y el sombrero en la cabeza. Y yo la saludo por su consistencia y por inspirarme este personaje".

Mirren, de Christian Lacroix, fue generosa con sus oponentes. "Actrices maravillosas", que llegaron a la alfombra roja con la tranquilidad que les daba saber que el premio estaba cantado. Meryl Streep, acompañada de su hija, estaba guapísima con su look de mamá hippy, y Kate Winslet, con su marido, Sam Mendes, acertaba una vez más con un vestido verde agua de Valentino Couture. Pero nada comparable a Cate Blanchett, con su vestido de pedrería de Armani Privé, ni a Naomi Watts (de la mano de Nicole Kidman), con un vestido amarillo de Escada con el que parecía Blancanieves. Gwyneth Paltrow, de Zac Posen, y Reese Witherspoon, de Olivier Theyskens para Nina Ricci, fueron de naranja y negro-morado respectivamente. Kristen Dunst y Rinko Kikuchi, perfectas de Chanel. Y Beyoncé (cada día más muñeca Bratz) destrozó con su impostado gesto de chica sexy un vestido de Armani Privé.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 27 de febrero de 2007