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Crítica:

Polvo enamorado

Horacio Vázquez-Rial ha obtenido el Premio de Novela La Otra Orilla con El camino del Norte. El escritor argentino asentado en España narra en su nueva novela un viaje al interior de una Argentina acosada por el corralito y por un pasado de dictadura y nazis ocultos.

Dice uno de los personajes de esta novela argentina de Horacio Vázquez-Rial (Buenos Aires, 1947), que se expresa como algunos personajes de novelas (o películas) argentinas, que las mujeres de las que uno se enamora ferozmente rara vez son las que nos convienen, y que hay otras a las que uno puede amar con cierta serenidad, son ésas las que nos esperan siempre. Hasta aquí la filosofía (argentina) del personaje de esta novela que es de esas que el lector lee con cierta serenidad, de esas que nos esperan siempre.

Un jurado independiente (de la editorial, se nos precisa) formado por Rodrigo Fresán, Enrique de Hériz, Carlos Monsiváis y Juan Villoro concedió a Vázquez-Rial el II Premio de Novela La Otra Orilla, convocado por el Grupo Editorial Norma, y su filial Belacqva, y 30.000 dólares, etcétera. Se entiende. Quiero decir que sería una novela más, un premio más, si no fuera porque la solvencia narrativa de Vázquez-Rial, un escritor de las dos orillas con una digna carrera literaria a sus espaldas, consigue que el lector se deje atrapar por este relato que comienza con calculada fuerza para ir desarrollando en capítulos breves, bien escritos, con cierta economía de estilo, pero eficaz, un viaje al interior (geográfico) de un país desnortado siempre, y un viaje al interior (el pasado) de una nación que desciende de los barcos (gallegos e italianos; pero también judíos y nazis protegidos: los judíos en esta novela tienen una relevancia especial, acentúan mejor el desarraigo, las señales de identidad) y que está en permanente posición horizontal en el diván de sus frustraciones.

EL CAMINO DEL NORTE

Horacio Vázquez-Rial

Belacqva. Barcelona, 2006

167 páginas. 16 euros

En principio, El camino del Norte parecía apuntar a demasiados sitios; podría considerarse que el mezclar judíos descreídos y nazis ocultos, desaparecidos de la dictadura y víctimas del corralito, horrores del pasado (militar) y errores del presente (económico: bancos cerrados, dólares, pesos, los ahorros de una vida en papel mojado), y todo ello en poco más de ciento cincuenta páginas, no iba a acabar, a la fuerza, bien, por sobreesfuerzo.

Y sin embargo -y ahí entrael oficio del escritor, que nos da una historia muy digna, con esa tendencia a la sobreactuación tan argentina- El camino del Norte es un buen relato de viajes al interior (colectivo) de un país y que se salva -algunos personajes de la novela, al menos- por optar por amar con cierta serenidad, huyendo -como del agua hirviendo- del enamoramiento feroz e insistiendo en ese amor serenidad, que tan buenos resultados acaba dando. Hay en esta novela muchas vidas encontradas, atravesadas, hechas y rehechas, y están contadas esas vidas, a pesar de la malandanza argentina -desaparecidos, corralito-, con esa suficiencia -cine, literatura- tan ya digo típicamente argentina; son protagonistas -de esas vidas- que aún con una rodilla en tierra, magullados y apalizados, hablan y sienten como si fueran bravos argentinos por cuyas venas corren ríos de adjetivos y de metáforas; literatura, en fin, literatura.

Horacio Vázquez-Rial con esta hermosa novela de personajes descabalgados consigue que acaben -esos personajes- sacudiéndose el polvo del camino; el de ellos, polvo sí, mas polvo enamorado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 30 de diciembre de 2006

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