_
_
_
_

Los archivos de la Stasi revelan la minuciosidad con la que Günter Grass fue espiado

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

El premio Nobel Günter Grass fue uno de los intelectuales occidentales que sufrieron el sistema de observación de la ex República Democrática Alemana (RDA). El periódico Die Welt y el semanario Der Spiegel han revelado esta semana que el interés por Grass de la Stasi, los servicios secretos del régimen socialista, ha sido más extenso de lo que hasta ahora creyeron los alemanes. Los perfeccionistas soplones contratados por el Ministerio de Seguridad anotaban incluso detalles tan irrelevantes como que "Grass y su esposa vistieron ropa limpia y ordenada durante el tiempo de observación".

Un total de 208 páginas sobre Grass, que comprenden fotografías, formularios oficiales y protocolos de observación, revelan las tácticas utilizadas para provocar declaraciones del escritor y sus amigos de la RDA contra el sistema comunista. La apertura de los expedientes, encargada por el periódico Die Welt a la Oficina de Documentación de la Stasi, llamada Birthler-Behörde, ha desvelado que el autor de El tambor de hojalata fue declarado enemigo público de la RDA con ayuda del historiador Karlheinz Schädlich, hermano del escritor Hans Joachim Schädlich, amigo de Grass.

Papel insano

Uno de los hombres encargados de espiarle, llamado Schäfer, dominaba su profesión, pues Grass no desconfió en ningún momento de él y éste conseguía invitaciones para las reuniones que aquél presenciaba. Otro de ellos, un oficial de la Stasi denominado Salatzki, escribió: "Grass juega un papel oscuro e insano". El escritor se encuentra en la RDA en busca "de autores y textos y se lleva todo lo que le parece más o menos bien y lo que puede conseguir para aumentar su prestigio en la República Federal de Alemania", constató el mismo en junio de 1978. Concluyó el oficial, basándose en las informaciones aportadas por Schäfer, que Grass ya no contaba con amigos en el Oeste y que estaba "completamente aislado", según informó Die Welt. Se trataba de una clara manipulación de la realidad.

Grass no se enteró de nada durante sus viajes por la RDA. En uno de ellos, minuciosamente documentado, que le llevó en los años setenta por Turingia, le tomaron fotos con su esposa y otras personas. Tampoco conocía el escritor comprometido con la socialdemocracia alemana la dimensión real de la sombra que seguía sus pasos. Sostuvo el escritor en 1987 en el desaparecido Palacio de la República, un sitio representativo del poder socialista en el centro de Berlín, que el hecho de estar allí mostraba que él "aparentemente ya no significaba un riesgo para la seguridad" de la RDA.

Antes que los periodistas de Die Welt y Der Spiegel, Günter Grass había leído los informes de la Stasi. En 2002, dio luz verde a la directora de la institución, Marianna Birthler, para que dejara ver los documentos sobre él, que, por otra parte, no dicen nada sobre su polémica relación juvenil con el nazismo que no supieran los alemanes.

Toda la cultura que va contigo te espera aquí.
Suscríbete

Babelia

Las novedades literarias analizadas por los mejores críticos en nuestro boletín semanal
RECÍBELO

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_