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El futbolista que repudió a Pinochet

Caszely, ex jugador del Espanyol y del Levante, se negó a estrechar la mano al dictador, que ordenó torturar a su familia

Carlos Caszely (Santiago de Chile, 1950) fue un futbolista poco corriente, dentro y fuera del campo. Cuando llegó al Espanyol en 1975, procedente del Levante, alguien le preguntó que definiera su forma de jugar. "Dije que era el gerente del fútbol ya que, al igual que en una fábrica existen obreros que hacen el trabajo pero tienen un gerente que pone la firma, en el fútbol la firma es el gol", recuerda. Desde entonces se le apodó el gerente, aunque antes, mientras ponía los cimientos de su destacada carrera en el club de su vida, el Colo Colo, con el que ganó cuatro Ligas, se le apodó el rey del metro cuadrado por su habilidad dentro del área y por su capacidad goleadora. Con la selección chilena disputó los Mundiales de 1974 en Alemania -fue el primer jugador que vio la tarjeta roja que los árbitros estrenaron en aquella edición-, y de 1982 en España.

Caszely fue uno de los escasos futbolistas que criticó la dictadura de Augusto Pinochet. La repesca para el Mundial de 1974 coincidió con el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 que derribó al Gobierno de Salvador Allende. La selección chilena de fútbol tenía que jugar contra la selección de la Unión Soviética. Sin goles en la ida, el régimen comunista se negó a jugar la vuelta en un lugar, el estadio Nacional, que había sido un centro de tortura. El partido empezó, los delanteros chilenos, sin rival alguno enfrente, se pasaron el balón unas pocas veces y marcaron el 1-0. La FIFA validó la eliminatoria. "Los militares habían retirado del estadio a los detenidos para la vuelta y lo habían adecuado, para cuando vinieran los inspectores de la FIFA", recordaba el autor del tanto chileno, Francisco Chamaco Valdés. Al regreso de la expedición de la ida en Moscú, Pinochet organizó una recepción y estrechó la mano de los jugadores internacionales. Excepto la de Caszely. "Aquello tuvo consecuencias muy malas para su familia... y le prohibieron su entrada a Chile", rememora Valdés.

En septiembre de 1988, con motivo de un plebiscito, apareció una señora en televisión llamada Olga Garrido y explicó: "Después del golpe, fui secuestrada de mi hogar, vendada, torturada y vejada brutalmente". Después de afirmar que no había contado todas sus vejaciones -"por respeto a mis hijos, a mi esposo y a mi familia"-, Olga invitaba a votar "no" en el plebiscito. Aparecía después Caszely, que abrazaba a la mujer: "Esta linda señora es mi madre".

Caszely se comprometió con el Gobierno de Allende, participó en trabajos voluntarios y en la planificación de políticas deportivas populares. "Nunca me han gustado las dictaduras", recalcó por teléfono a este periódico. "Por desgracia, deben ser un 10%, pero hay gente a la que les gusta. En julio de 1973 noté que era mejor que cambiara de aires; se notaba que en cualquier momento podía darse un golpe militar como sucedió el 11 de septiembre".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 12 de diciembre de 2006