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Crítica:TEATRO

Mihura en almíbar

Cuando Ionesco lo "inventó", el teatro del absurdo ya llevaba veinte años allí. El humor dislocado de La cantante calva no habría sorprendido tanto en el París de posguerra si Tres sombreros de copa se hubiera estrenado en su día. El propio Ionesco se pasmó al leer la obra de Mihura: ¡tenía un álter ego en Madrid! Mientras La cantante calva ha amarilleado con el tiempo, Tres sombreros de copa sigue tan lozana. Nadie le niega su posición cimera en el teatro español del siglo XX. Intuyo que, si Gustavo Pérez Puig no la tuviera en explotación, el Centro Dramático Nacional conmemoraría el centenario de Mihura con ella. Al final, en vez de buscar entre el fondo de armario de su producción, el CDN ha encargado a Ignacio del Moral y a Ernesto Caballero, dos autores con sentido del humor afín, que enhebren una obra nueva con fragmentos entresacados de mil y un mihuras.

Las visitas deberían estar prohibidas por el código penal.

Sobre textos de Miguel Mihura.

Dirección: Ernesto Caballero. Madrid. Teatro María Guerrero. Hasta el 28 de enero de 2007.

Las visitas deberían estar prohibidas por el Código Penal comienza con un guiño a La cantante calva: un reloj da 12, 14, 20 campanadas. "Caramba, pues sí que se ha hecho tarde", dice alguien al oírlas. La primera mitad del espectáculo no tiene desperdicio: es puro disparate, llevado con pulso firme y a ritmo trepidante. Aparecen una monja que resulta ser una vaca despechada por un veterinario, un ladrón cuya vocación se despertó trabajando en la banca, una mujer empeñada en encasquetar un caldito con yema a todo bicho viviente... Estos personajes entran, desbarran y dan el testigo a otros todavía más absurdos. Unos provienen de Melocotón en almíbar, La bella Dorotea y Ni pobre ni rico, sino todo lo contrario; otros, de relatos publicados en revistas satíricas.

Descontextualizados, los textos de Mihura ganan en surrealismo. Casi todos los fragmentos originales están bien elegidos, y sus intérpretes los sirven con gran vis cómica: son una troupe cómplice y bien ensamblada. Se nota que la mayoría llevan tiempo trabajando juntos y que se lo pasan bien.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de diciembre de 2006