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CARTAS AL DIRECTOR

Evaluación científica

Evaluar la producción científica de un investigador no es tarea fácil.

Para poder hacerlo con rigor, es necesario conocer el campo científico correspondiente incluso mejor que el investigador a quien se evalúa.

Esta necesidad lleva enseguida a la paradoja de "¿quién evalúa al evaluador?". La solución por la que están optando los responsables de la política científica a todos los niveles, y sin importar el color político, pasa por crear mecanismos de evaluación automáticos que pueden ser aplicados a cualquiera sin intervención humana. La piedra angular del sistema actual es la "cita".

Si alguien cita un trabajo, se da por hecho que es porque tiene interés. El número de citas es el dato sobre el que se cuece el indicador de la calidad de la investigación. No importa que a uno le citen para decir que el resultado que publicó estaba equivocado. Tampoco importa que sus amigos le citen a uno en sus trabajos y él a ellos, aunque no venga a cuento. El dato que pasará a engrosar los sistemas de evaluación de la calidad es el hecho de que le han citado.

Aun los que se mantienen firmes ante el fraude tienen que malgastar una parte de su tiempo y esfuerzo para adaptar sus métodos de producción científica al sistema de evaluación imperante. De otro modo, ven cómo enseguida son sobrepasados por quienes tienen como único objetivo científico mejorar su índice de citas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de diciembre de 2006