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El día que el Cid resucitó de verdad

Los almorávides sitian Valencia y parece no haber salvación para los cristianos, pues su gran paladín ha fallecido. Pero entonces, se alza el rastrillo del Alcázar y surge el Cid cabalgando al frente de sus mesnadas... ¿Y si no hubiera sido una estratagema? ¿Y si el Cid fuera realmente un no muerto, un resucitado por el poder de alguna extraña magia? Esta es la singular suposición que hace Rafael Marín (Cádiz, 1959), uno de los grandes nombres de la ciencia ficción y la fantasía españolas en su última novela Juglar (Minotauro). "Mio Cid de Vivar, mi señor Campeador. Valencia te llama. Levántate y anda", le conjura un joven ducho en magia en la novela. Y ahí va el Cid, rescatado breve y escalofriantemente del sueño de la muerte. "Si los anglosajones han podido hacer buena fantasía con su rey Arturo porqué nosotros no lo íbamos a poder hacer con nuestro Cid", justifica Marín.

"Siempre me ha atraído la historia del juglar que escribió el Cantar de Mio Cid", explica Marín de la génesis de su relato. "Y en la novela he tratado de imaginar su vida y sus aventuras, mezclándolo con una trama de magia y fantasía, presentándolo como un personaje solitario que entra en contacto con las distintas magias de los cristianos, judíos y musulmanes". El escritor, autor de Lágrimas de luz, considerada la mejor novela de ciencia ficción española, y que el año pasado publicó un delicioso pastiche en el que se mezclaban Sherlock Holmes y Charlie Chaplin, Elemental, querido Chaplin (Minotauro), reivindica el contenido fantástico que, a su juicio, existe en las grandes obras de la literatura española. "En el Mio Cid hay referencias a adivinación, y a arcángeles y vírgenes, y ya me dirán si no es un elemento fantástico hacer aparecer un león en la España del siglo XII".

Hombre lobo

De la España medieval, dice, "me atrae lo oscuro, lo inexplorado, y ese estado de guerra contínua entre reyes parientes que desmonta la entelequia de las tres culturas que se llevaban bien; se llevaban bien a veces, sí, pero otras se llevaban a matar". El autor opina que la meseta castellana "puede dar mucho miedo, y tanto juego como las nieblas de Avalon". De hecho, en Juglar, el traidor Vellido Dolfos es... un hombre lobo.

Marín subraya que su Juglar no es una novela de fantasía, sino una novela histórica con elementos fantásticos". De un tiempo a esta parte, los autores de ciencia ficción española se están pasando a la novela histórica -caso de León Arsenal, Juan Miguel Aguilera o el propio Marín-. "Sí, vamos hacia el mestizaje, a mezclar lo histórico y lo fantástico. La ciencia ficción, en cambio, ha perdido el contacto con el público. Es un género muy difícil para el lector y para el autor. Ahora mismo la batalla con la fantasía está perdida. El fantástico es un campo más abierto, con muchas posibilidades si no te quedas en el campo de los dragones y guerreros". Marín proyecta ahora nada menos que escribir una novela de género fantástico sobre la transición. "A ver si no es atractiva la idea de que los políticos hayan pactado con el diablo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 30 de octubre de 2006