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MIRADOR

Trampas suecas

La dimisión de dos ministras en tres días no es buena noticia para ningún presidente de Gobierno y menos para uno que, como el conservador sueco Fredrik Reinfeldt, no hace ni dos semanas que nombró a su Gabinete después de ganar las elecciones a la socialdemocracia que gobernó ininterrumpidamente los últimos 12 años. La ministra de Cultura, Cecilia Stego Chilo, ha dimitido después de hacerse público que no había pagado su cuota de la televisión pública en los últimos 16 años. Como en otros países europeos, la televisión pública sueca se financia de esa tasa sobre los receptores. La dimisionaria tuvo además una cuidadora de sus hijos sin alta fiscal.

La ministra de Comercio, Maria Borelius, dimitió el sábado por haber comprado una casa en el campo pagando en el exterior sin impuestos suecos y de que también tenía contratada "en negro" una asistenta.

Millones de suecos creen desde hace décadas que sus impuestos son abusivos, disuaden del trabajo y son malversados por el Estado. Tanto que suecos de grandes ingresos huían a la emigración fiscal de forma temporal o definitiva. Sin embargo, también es cierto que los suecos se sienten orgullosos del Estado de bienestar, construido en décadas bajo una socialdemocracia que también lo ha reformado con éxito, al desmantelar gastos y aumentar incentivos fiscales.

Reinfeldt venció con la promesa de reducir más impuestos y controlar mejor el abuso del gasto. Puede que lo pretendan e incluso lo consigan. Pero esta primera impresión no es buena. La trampa fiscal sueca puede estar generalizada. Pero los políticos han de desmantelarla por sus causas y por ley. No por su cuenta y riesgo en su vida privada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 19 de octubre de 2006