Reportaje:

La diseñadora de Minimil

Contxu Uzkudun, que dio sus primeros pasos con una discípula de Balenciaga, presenta su moda intemporal

No eran tiempos para dudas y reflexiones sobre el futuro de los hijos. A los 15 años, la madre de Contxu Uzkudun (Lasarte, 1943) le llevó al taller de Pilar Usarraga ("una mujer estupenda", recuerda) para que aprendiera un oficio, con el que la familia no tenía vinculación alguna. "Pero fue todo un acierto. Mi madre trabajaba en la Michelín y mis abuelos eran baserritarras. Se trataba de que aprendiera un oficio para poder ganarme la vida", comenta Contxu, en su taller de Trintxerpe, en Pasajes San Pedro, rodeada de los prototipos en los que trabaja y que luego surtirán sus colecciones.

El continente responde al contenido. Si los diseños de Uzkudun aunan la calidad técnica con una sobriedad cromática salpicada de guiños divertidos, que beben del pop y el punk, el taller, ubicado en un edificio industrial de arquitectura racionalista, desprende austeridad: no hay música, ni estridencias, el trabajo se disfruta en bajo volumen.

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Un proyecto artesanal a medida

En ese espacio diáfano, la diseñadora de Lasarte recuerda sus primeros pasos. Eran momentos duros, los años 50, y Balenciaga tenía una presencia muy intensa en la vida de San Sebastián. "Su taller era 'el taller'; entonces no nos dábamos cuenta de lo importante que era a nivel mundial, pero ahora con la perspectiva que da el tiempo sí se puede reconocer la gran influencia que ha tenido en las generaciones siguientes". Contxu Uzkudun trabajaba en un taller más modesto, el de una discípula del de Getaria, Pilar Usarraga.

"El oficio lo aprendimos con la base de Balenciaga y eso nos ha permitido sobrevivir. Balenciaga destilaba perfeccionismo. Había un control enorme del detalle: las mangas, los cuellos, los bajos. Esto pueden parecer tonterías, pero son imprescindibles. Las mangas cambian de formas pero siempre tienen que estar bien puestas", explica. A los 21 años se independiza y abre un taller en Lasarte. Poco tiempo después, gracias a las gestiones de una clienta, abre una tienda en San Sebastián en compañía de su hermana. Era 1971. Para entonces ya había viajado a París y Londres. "La apertura de la tienda coincide con el declive de la ropa hecha a medida y la llegada del prêt-á-porter; fue una apuesta de supervivencia". Las Uzkudun no sólo veían que la ropa a medida iba a menos; también tenían interés por otra forma de hacer las cosas, en el prêt-a-porter, en los pantalones, en ropa más informal. "Se puede decir que el impulso lo imprime la minifalda de Mary Quant", resume.

Visto en la distancia, aquella joven diseñadora de finales de los sesenta debía llamar la atención en una San Sebastián todavía bastante pacata. "No se salía nada. La primera vez que fui a París, con 24 años, me pareció el glamour supremo".

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Y a Londres empezaron a ir a finales de los sesenta. "Ya tenía Vivianne Westwood una tienda con un diseño extravagante. Paseábamos por Carnaby Street y Kings Road donde asistíamos sin enterarnos de mucho a la explosión del pop y la psicodelia y luego el punk".

Durante los 80, el diseño de moda autóctono vivió tiempos de bonanza; en la joven democracia española, también se apostó por las creaciones más jóvenes. Contxu Ukudun fue una de las que mostraron su trabajo en las primeras pasarelas Cibeles. "Pero no era lo que nosotros buscábamos. No queríamos (o no podíamos, no lo sé) crear un diseño que en la pasarela resultara espectacular; el mundo de Francis Montesinos, por ejemplo, no nos atraía. Queríamos hacer cosas más austeras, depuradas, más intemporales. Y ahí se ve quizás la influencia de Balenciaga".

En aquel momento también era un referente Adolfo Domínguez, "aunque luego él haya seguido por otro camino", apostilla.

En el primer lustro de los noventa, estuvieron a punto de cerrar. "La entrada de Inditex en el mercado destrozó los precios, cambió la mentalidad de la gente, fue un enemigo demasiado poderoso. Pasamos momentos terribles". Tuvieron que cerrar el taller que era más grande que el actual con el que abastecían a sus tiendas Minimil, y también a otros comercios.

"Fueron años en los que malvivimos. Dejamos de trabajar para otros y nos centramos en nuestras boutiques". Superado aquel bache, Minimil emprendió vuelo que prosigue con ánimo con la apertura de dos nuevas tiendas en un proyecto en el que participan al alimón también sus hijas, Ana y Beatriz Zuaznabar.

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