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Editorial:

Vodevil socialista

La designación del candidato socialista a la alcaldía de Madrid se está convirtiendo en un vodevil en el que sus actores, incluyendo el presidente del Gobierno, no parecen tener inconveniente en hacer estropicios consigo mismos. Con Bono o sin él, la dirección del PSOE ha proporcionado un pobre espectáculo que dice muy poco sobre el respeto que le merecen no sólo sus militantes, sino también los madrileños. El jefe del Gobierno ha abordado el asunto con la actitud decidida y expeditiva de quien se cree dotado de una capacidad de convicción imbatible hasta para llevar al ex ministro y ex presidente de Castilla-La Mancha a cambiar de postura. Entre los lesionados en este proceso, que aún no ha terminado, están el secretario de Organización José Blanco y el líder de los socialistas madrileños y aspirante a la presidencia de la Comunidad, Rafael Simancas, que se precipitaron a anunciar algo que nunca llegaron a tener pactado.

¿Y Bono? ¿Por qué razón dejó entrever que podría cambiar su primera decisión de no aceptar la invitación? "A nadie le amarga un dulce", confesó el martes después de reunirse el día anterior con Zapatero en La Moncloa. Esa frase fue interpretada como un sí. "Lo dije porque no quería ser despreciativo", afirmó ayer. Es verdad que siempre había manifestado que no se presentaría a la alcaldía de una ciudad de la que no fuera oriundo y que hace un mes declaró ante el alcalde Ruiz-Gallardón que jamás "competiré contra Alberto". Aunque lo contrario habría sido incumplir lo dicho, abundan los casos de políticos que se desdicen.

Quedará la sospecha de que el dulce al que se refirió el martes no fue tan sabroso en su charla con Zapatero. Desde que abandonó en abril el Ministerio de Defensa, Bono está en un retiro voluntario, pero quiere ser diputado en la próxima legislatura y anhela sobre todo convertirse en el futuro presidente del Congreso. Esto último es una de las cosas que podría haberle pedido a Zapatero para el caso de que no fuera elegido alcalde.

Haya sido por vanidad o por venganza -pese a que asegura que sus relaciones con el presidente son mejores que cuando estaba en el Gobierno-, lo cierto es que el PSOE no encuentra candidato para Madrid y da la impresión de que lo busca ahora a la desesperada. Bono producía malestar entre los socialistas madrileños, irritados por el modo como Zapatero ha monopolizado el proceso, pero habría sido temible para Gallardón. Las posibilidades del PSOE de reconquistar la alcaldía de la capital ya eran escasas. Pero después de lo ocurrido esta semana, se sitúan bajo mínimos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de octubre de 2006