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Lula da un vuelco a su táctica electoral

El presidente brasileño acepta para la segunda vuelta todos los debates televisivos con su rival

Brasilia no fue la capital de las celebraciones que había previsto el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien contempló en la noche del domingo (madrugada de ayer en España) cómo los brasileños le negaban la confianza para repetir mandato como presidente de Brasil. Tendrá que esperar a la segunda vuelta, el 29 de este mes. Lula obtuvo el 48,6% de los votos; su rival, el socialdemócrata Geraldo Alckmin, el 41,6%. El presidente decidió ayer, ante la nueva situación, dar un profundo cambio en la estrategia electoral. El problema para su equipo es que mientras las preferencias por Alckmin han ido aumentando en las encuestas, y el resultado lo ha corroborado de manera rotunda, el presidente ha sido incapaz de invertir un lento pero inexorable descenso.

Dejar la silla vacía ante la pequeña pantalla fue un error mayúsculo del presidente

Con los apenas 6,96 puntos que separan a ambos candidatos bastaría otro error grave para que el socialdemócrata culminara sus aspiraciones presidenciales pasando por encima del ex sindicalista. Se trata de una situación potencialmente peligrosa para el presidente. Por ello, Lula ha anunciado que, al contrario de lo acaecido en la primera vuelta, acudirá a todos los debates en televisión. Su decisión de dejar la silla vacía el jueves mientras los tres principales candidatos de la oposición vertían una acusación tras otra contra el ausente y exponían sus ideas sobre lo que debería ser el Gobierno de Brasil se ha revelado como un error mayúsculo.

Al final ha vuelto a quedar demostrado que los electores pueden perdonar a un político que se pase de la raya, pero nunca a uno que se quede corto.

Lula tendrá así que medirse en los platós de televisión con un político muy experimentado que llega lanzado a la segunda vuelta. Lula es un buen orador en los discursos pero sus asesores, al menos lo de su equipo de campaña en la primera vuelta, no han confiado en sus dotes de polemista.

Pero el silencio se mantuvo en la noche del domingo. El ministro de Relaciones Institucionales, Tarso Genro, que acompañó a Lula durante el escrutinio sí que habló para asegurar que "la votación ha sido espectacular y sólo ha faltado un poquito". Ayer, casi 24 horas después del cierre de las urnas, el mandatario compareció ante los medios de comunicación para asegurar que está tranquilo. "Vamos a ganar. Únicamente la victoria se va a retrasar un poco más".

Pero a pesar de las palabras de ánimo, y de que las matemáticas dicen que Lula es el vencedor de la primera vuelta, el ambiente entre las filas del Partido de los Trabajadores (PT) no podía ser más triste en la noche electoral. Frente al cuartel general de la campaña de Lula en la capital brasileña, apenas una treintena de personas se congregaba ante un escenario vacío flanqueado por dos pantallas gigantes donde se iban desgranando los resultados que eran recibidos en silencio por los asistentes. Una fina llovizna terminó de acabar con cualquier atisbo de celebración en la reunión.

El presidente convocó ayer por la mañana a sus ministros y después al equipo de campaña donde estaba previsto que realizara algunos cambios. Uno de los puntos donde tendrá que hacer especial hincapié el candidato del PT es en la toma de una posición convincente respecto a los escándalos de corrupción que han afectado a su propio partido.

La estrategia de desacreditar personalmente a los implicados en estos casos -calificó de "panda de locos" a los implicados en la compra de un informe contra el socialdemócrata José Serra- o de negar sistemáticamente su conocimiento de los hechos, sin aportar más detalles, se han revelado contraproducentes. "Va a ser una campaña muy esclarecedora", advirtió Lula ayer y como muestra de este cambio de rumbo pidió que se investigue el escándalo del informe. "Queremos saber qué hay detrás de eso", subrayó.

El equipo de Lula pretende recuperar los votos perdidos por la izquierda, especialmente los que han ido a parar al Frente de Izquierda de Heloísa Helena. Una tarea complicada habida cuenta que la líder del Partido Socialismo y Libertad fue expulsada de PT en 2004 por considerar a Lula un traidor a los principios que le llevaron al poder. Lula también se va decantar por atacar duramente a los socialdemócratas -denominados los tucanos- y hacer mucho más agresivo el discurso contra Alckmin tal vez poniendo sobre la mesa algunos de los problemas irresolutos del paso del candidato del PSDB como gobernador del Estado de São Paulo, entre ellos la violencia y la inseguridad ciudadana.

La otra importante reserva de votos sobre la que se van a centrar los esfuerzos del PT es en los conseguidos por Cristovam Buarque, del Partido Democrático Laborista (PDT en portugués), quien obtuvo el 2,64% de los sufragios en la elección presidencial. Buarque aseguró ayer que él personalmente es contrario a adoptar una posición de neutralidad ante las elecciones del día 29 pero que será el partido quien decidirá a quien le presta su apoyo.

Cristovam también abandonó el PT y no quedó en términos nada amistosos con Lula quien le destituyó del cargo de ministro de Educación con una llamada de teléfono. En el debate del jueves protagonizó unos duros ataques contra el ausente Lula.

Y aunque en lo político los resultados del domingo hayan creado cierta incertidumbre sobre quién será el próximo jefe del Estado, en lo económico el dinero ha reaccionado positivamente. Al fin y al cabo el Gobierno de Lula se ha caracterizado por la estabilidad económica mientras que uno de los puntos fuertes de Alckmin estriba en que es un reconocido gestor y propone un plan de crecimiento económico que, lejos de los golpes de efecto, se caracteriza por el realismo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de octubre de 2006