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Entrevista:Nuevos vascos | Neisser Trujillo

"No queremos tener una nacionalidad de segunda clase"

Neisser Trujillo (Neiba, Colombia, 1966) lleva en Bilbao desde 1999 y obtuvo la nacionalidad española en 2003. Pese a la buena posición social y económica de que disfrutaba en su país natal, primero emigró él y luego su esposa y sus tres hijos debido a la inseguridad de Colombia.

Neisser Trujillo presentó el pasado viernes en Bilbao junto a otros tres inmigrantes una nueva ONG dedicada a ese colectivo, llamada Nuevo Ciudadano, de la que él es vicepresidente. La idea de la asociación nació hace cerca de un año tras constatar que, "a pesar de llevar años residiendo aquí y tener la nacionalidad", aún son considerados inmigrantes y no ven realizados los derechos que les corresponden.

Su intención es aglutinar a todos esos extranjeros, "de distintos orígenes, pero con la misma nacionalidad", para constituirse en un grupo de presión en la política local. Quieren lograr muchas cosas, una de ellas, que sus titulaciones académicas en sus países de origen les sean homologadas o reconocidas en el menor tiempo posible.

"Creíamos que con nuestros estudios podríamos trabajar en lo nuestro y no es así"

De eso sabe bastante Neisser. "Soy administrador de empresas y tengo homologados mis estudios. Además, he hecho un máster en finanzas en la UPV y estoy matriculado en el doctorado de economía de empresa. Pero eso no me basta, porque aquí hay un gran proteccionismo en lo laboral. No es mi nacionalidad ni los papeles, que los tengo; es que siempre se prefiere a uno de aquí que a un extranjero", asegura. En la actualidad trabaja formando equipos comerciales en una empresa de seguros. "Es curioso que las empresas que me han contratado aquí son todas de fuera del País Vasco".

Trujillo es el pequeño de 10 hermanos, cuyos progenitores se preocuparon de que todos estudiasen una carrera. En su país, trabajó 14 años para la empresa Pepsico como jefe de recursos laborales. Después dejó el trabajo para montar una empresa de seguridad que vigilaba el café de exportación. "Ese café es tan valioso como el oro. En cambio, el que es para consumo nacional no vale nada, tanto como una naranja seca", indica.

Su empresa creció y su situación económica también. Eso le puso en el punto de mira de la guerrilla. "La violencia en mi país se radicalizó. Allí ser empresario es sinónimo de dinero y ellos quieren chantajearte y sacártelo. Varias veces trataron de secuestrar a mi hijo mayor", confiesa. Él y su esposa, quien trabajaba para un departamento gubernamental como secretaria de dirección, decidieron que tenían que marcharse. "Para buscar un futuro mejor para mis tres hijos", asegura.

Su destino fue desde el principio Bilbao por dos razones: "Una de mis hermanas ya llevaba varios años viviendo aquí y está casada con un vasco. Y la otra razón es que mis bisabuelos eran de Castro Urdiales", comenta. A Trujillo ni se le pasó por la cabeza que aquí se convertiría en un inmigrante

"Vinimos buscando un futuro para nuestros hijos, pensando que con nuestras titulaciones y experiencia encontraríamos un trabajo en lo nuestro". Sin embargo, su cuñado vasco sí le advirtió: "Nos dijo que no pensáramos sólo en nuestros hijos, que mi mujer y yo aún éramos jóvenes y teníamos que vivir nuestra vida".

Incluso hubo quien en su país, informados de la existencia de ETA, les advirtió de que lo que iban a hacer era "salir de una violencia para meterse en otra". Así que Trujillo viajó primero a Bilbao él sólo. "Cuando llegué era el año de la tregua. Un año antes habían matado a Miguel Ángel Blanco", recuerda. Le gustó Bilbao y el País Vasco. "Sentí que la violencia no estaba generalizada y ví que la gente vivía bien y no había pobreza. Soy economista; siempre miro las oportunidades de negocio y aquí las había", destaca.

Lo primero que montó en la capital vizcaína fue una franquicia para envío de dinero internacional, pero la vendió a los dos años cuando el negocio empezó a flaquear por el aumento de la competencia. No pensó que iba a tener problemas para trabajar como economista. "Seguimos siendo inmigrantes. Nos miran como si no tuviésemos documentación. Siempre se nos pregunta por ella. No queremos tener una nacionalidad de segunda clase. Comprendo un poco a la gente, pero no a las instituciones públicas. Con respecto a la inmigración, las instituciones vascas hacen más publicidad que lo que realmente están realizando", recrimina. Eso es lo que pretenden romper con la asociación Nuevo Ciudadano: lograr una "verdadera integración".

Sus intenciones van más allá del campo cultural y social. La asociación quiere promover la participación de los inmigrantes en la vida política. "El inmigrante no puede estar ajeno a la política. Somos ciudadanos y tenemos derecho a votar y a elegir. Y si con nuestro voto podemos condicionar unas elecciones, bienvenido sea", zanja.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de octubre de 2006