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Entrevista:Aníbal Cavaco Silva | Presidente de la República portuguesa

"La inmigración ilegal requiere una respuesta europea"

Aníbal Cavaco Silva, que comienza mañana su primera visita oficial a España como presidente, cree que la entrada en la Unión Europea ha beneficiado a los dos países ibéricos, que cambiaron su forma de relacionarse. Rechaza la palabra crisis para referirse al momento que vive la UE tras el descalabro del tratado constitucional en Francia y Holanda en 2005. "Lo que hace falta es más Europa, que dé respuestas a problemas concretos: inseguridad, paro, inmigración ilegal..."

La entrevista arranca de forma ligeramente accidentada. Aníbal Cavaco Silva (Boliqueime, 1939), ha entrado en la sala principal del palacio de Belém, en Lisboa, dispuesto a someterse a la sesión fotográfica. Con discreción, uno de sus asesores le advierte de que la corbata, impecable como el resto de su indumentaria, parece tener una mancha. Es imperceptible, pero el presidente se levanta, sale de la habitación y regresa a los pocos minutos con una distinta, igual de impecable que la anterior.

Se trata de un detalle sin importancia, pero revela el carácter perfeccionista del presidente de la República portuguesa. Carácter que se extiende a la política. Fue primer ministro entre 1985 y 1995, llevó a Portugal a cotas inéditas de prosperidad tras integrarse en la UE al mismo tiempo que España, y salió del Gobierno con fama de hombre eficaz, pero autoritario y frío. En 1996 perdió contra pronóstico las primeras elecciones presidenciales a las que se presentó.

"Las democracias se caracterizan por el trato a sus enemigos. La tolerancia y el respeto a los derechos humanos son nuestro gran activo"

"Sólo cuando venga el proyecto [de la ley del aborto] me pronunciaré. Si no, mis palabras podrían ser utilizadas por un partido contra otro"

"Basta comparar lo que eran Portugal y España en 1986 y lo que son ahora. Europa supuso una gran plusvalía para los dos países"

La reacción fue contundente. Se retiró durante una década, escribió dos volúmenes de memorias y dio clases y conferencias de Economía (es catedrático). En diciembre volvió a ser candidato a las presidenciales y se sacó la espina. Venció en la primera vuelta a Mário Soares, el mito socialista que, paradojas de la historia, le había amargado sus años de primer ministro desde la presidencia. Cavaco le crujió: 50,5% por 14,3%.

Mañana inicia su primera visita de Estado a España como presidente. Le acompañan cuatro ministros (Economía, Exteriores, Ambiente y Ciencia) y una quincena de jóvenes emprendedores, científicos y artistas. Según afirma en la entrevista, España y Portugal viven el mejor momento en la historia de sus relaciones, aunque deben abrir nuevas áreas de cooperación y entendimiento.

Cavaco, un hombre profundamente católico, evita pronunciarse sobre un asunto que le incomoda: la convocatoria de un referéndum para la despenalización del aborto, que debe aprobar o rechazar en las próximas semanas. Hoy, tras seis meses de cohabitación pacífica (de momento) con el primer ministro socialista, José Sócrates, el presidente presume de actuar con "neutralidad absoluta". Se considera más viejo y más sabio. Y parece sincero. Pero le sigue costando mucho hacer autocrítica.

Pregunta. Su década como primer ministro se cerró con logros indudables, pero dejó de usted una imagen de hombre distante y frío. Dos frases célebres -"nunca me equivoco y rara vez tengo dudas" y "déjenme trabajar"- le han marcado desde entonces. ¿Qué ha aprendido en los 10 años que ha estado alejado del poder?

Respuesta. Soy un hombre contento con la vida, me ha tratado bien. No salí de la jefatura del Gobierno nada frustrado. Trabajé mucho, y Portugal dio un paso adelante. Me fui con la conciencia tranquila, y eso es importante en la vida política. Volví a mi puesto de catedrático universitario. Y volví con toda tranquilidad. No esperaba regresar, y por eso escribí mis memorias. Pero donde aprendí de verdad fue durante el paso por el poder. Tuve suerte: viví muchos cambios en el mundo. Cuando acabé la etapa de primer ministro era una persona mucho más rica. Y no en el sentido material. En ese sentido, me empobrecí. Durante años mantuve cierta distancia hacia las cuestiones políticas, y de alguna forma, psicológicamente, gané la preparación para ejercer hoy una función que es diferente.

P. Su regreso a la política pareció el de un salvador de la patria. ¿Añoraba el poder?

R. No creo en salvadores. Las circunstancias mandan. Hoy estoy aquí sentado gracias a que antes estuve ahí [hace un vago gesto señalando su escritorio] como primer ministro, relacionándome con un presidente de la República que no era de mi partido [Soares]. Creo que eso fue enriquecedor para mí. Tenía una vida estupenda, nunca me hubiera presentado si no hubiera estado absolutamente convencido de que podía contribuir a situar a Portugal otra vez en la senda del crecimiento. Y sin querer volver a gobernar, ni a legislar, porque el presidente no gobierna ni legisla. Aunque, eso sí, tiene la fuerza que da haber sido elegido directamente por el pueblo.

P. ¿Y no echa de menos la capacidad ejecutiva, como primer ministro, de cambiar las cosas?

R. Puedo ayudar a cambiar. Hace poco, los dos grandes partidos han firmado un pacto para reformar la Justicia; es la primera vez que pasa algo parecido en Portugal. El presidente favoreció ese clima. El presidente habla todas las semanas con el primer ministro durante mucho tiempo: tiene que ser informado sobre la política interna. Tengo un diálogo franco, abierto y constructivo con él; hablo con el ministro de Defensa si es necesario, y con el de Exteriores... La palabra del presidente es muy importante en Portugal. Tiene que ser muy cuidadoso si no quiere crear inestabilidad.

P. ¿La edad le da serenidad?

R. Los años dan sabiduría. Sobre todo si se vive intensamente y se superan obstáculos. Acumulé experiencia y llegué a primer ministro todavía joven. Ahora sé de manera más amplia y completa cómo debe comportarse un presidente. Aunque sólo llevo seis meses.

P. ¿Y cuál es su balance?

R. He procurado poner en práctica lo que prometí. He actuado según lo que dije, no según lo que otros imaginaron o inventaron que iba a hacer.

P. ¿Convocará el referéndum sobre la despenalización del aborto?

R. Acaba de presentarse en el Parlamento la propuesta para el referéndum. Después será discutida y vendrá aquí. El presidente no puede anticiparse al debate de los legisladores. Debo ser cuidadoso. Sólo cuando venga el proyecto me pronunciaré. Si no, mis palabras podrían ser utilizadas por un partido contra otro y eso rompería el principio de neutralidad.

P. Pero parece que hay consenso sobre la iniciativa, lo cual debería facilitar su aprobación. ¿Cuál es su opinión sobre el hecho de que haya mujeres perseguidas a causa de esa ley, una de las más restrictivas de Europa?

R. Ustedes hacen su análisis. Permitan que el presidente haga el suyo un poco más adelante.

P. La CIA utilizó los aeropuertos portugueses, entre 2002 y 2005, para más de 100 vuelos ilegales. ¿Cree que los Gobiernos de Durão Barroso, Santana Lopes y Sócrates conocían esos vuelos?

R.Hay una investigación en marcha del Parlamento Europeo y de varios parlamentos nacionales. El portugués está siguiendo el asunto. De acuerdo con la información que tengo, el Gobierno portugués no hizo nada que fuese en contra del Derecho Internacional. No tengo ninguna información que vaya en el sentido de decir que Portugal haya ejecutado acciones contra el Derecho Internacional o los derechos humanos. Eso es lo que les puedo decir. Como saben, hay una petición del Parlamento Europeo para ampliar la información. El ministro portugués ya estuvo en el Parlamento y se manifestó dispuesto a colaborar. No puedo añadir más. Yo no era presidente en ese tiempo, por tanto, es una cuestión que queda fuera de mi actividad. Pero insisto, no hay ninguna indicación que sostenga que el Gobierno portugués actuara de forma incorrecta.

P. También el Gobierno español afirma eso. Pero lo cierto es que los vuelos existieron. ¿Cuál es su opinión sobre esas actividades?

R. Creo que los Estados europeos, y no sólo los europeos, deben tener conocimiento de lo que ocurre en sus espacios aéreos; y su actuación en relación con las peticiones para utilizar su espacio aéreo deben respetar las normas internacionales. Yo dije que no, cuando era primer ministro, a un transporte de armas para un país de Oriente Medio. Y le dije que no a un aliado de Portugal. Pero ahora no tengo información suficiente para juzgar o censurar lo que han hecho los países afectados.

P. Y en cuanto a la existencia de cárceles secretas en Europa...

R. Hayan existido o no esas cárceles secretas, las democracias se caracterizan por el respeto en la forma en que tratan a sus enemigos. La tolerancia y el respeto a los derechos humanos son nuestro gran activo. Y por eso entiendo que el Parlamento Europeo pueda estar preocupado porque en su territorio haya sucedido eso. Aunque de momento no hay datos que lo demuestren.

P. ¿El Papa atendió más a su condición de teólogo que a la de jefe de Estado al hablar del islam?

R. Creo que es absurdo pensar que el Papa haya podido querer atacar a una religión. Se sabe que es un defensor del diálogo entre religiones, y creo que ha demostrado una gran humildad al justificar lo que quiso decir. No creo posible que el Papa haya querido ofender a otras religiones. Y mucho menos al islam.

P. Su visita a España se produce cuando se cumplen dos décadas del ingreso de ambos países en la UE. ¿Cuál es su balance?

R. La visita es especial porque tenemos una relación especial con España. Tengo una inmensa estima y consideración al rey Juan Carlos, que cuando yo era primer ministro hizo mucho para profundizar el diálogo entre los dos países. En cuanto al balance de la experiencia europea, somos dos casos de éxito. Basta comparar lo que eran Portugal y España en 1986 y lo que son ahora. Europa supuso una gran plusvalía para los dos países. Y ha sido un marco decisivo para las relaciones entre ambos países. Cambió completamente nuestra manera de relacionarnos.

P. ¿Qué país lo ha hecho mejor en este tiempo?

R. En los primeros 15 años de adhesión a la Unión Europea, los dos países consiguieron resultados muy buenos, y el ritmo de progreso de Portugal fue incluso mejor que el español. Mejoramos 20 puntos porcentuales nuestro atraso en desarrollo respecto a la media europea. A partir de 2000, España ha mantenido un dinamismo económico muy fuerte y el portugués ha aflojado, así que España se ha ido alejando... Pero creo que Portugal va a reencontrarse con la senda del desarrollo europeo. De todos modos, ambos países deben sentirse orgullosos de lo que han hecho en estos 20 años. También nosotros hemos dado una gran plusvalía a Europa: la relación de Europa con Latinoamérica, Brasil, África y el sur del Mediterráneo es muy diferente hoy a lo que era. La presencia de los dos países ibéricos ha beneficiado mucho a la Unión.

P. Usted es el último político en activo de los tiempos del Tratado de Maastricht. ¿Cómo puede superar la UE su actual crisis?

R. El tratado de Maastricht fue firmado bajo la presidencia portuguesa y estoy muy orgulloso de eso. Fue un gran éxito, la Unión Monetaria reforzó a Europa como potencia económica mundial. Pero no me gusta la palabra crisis para definir el actual momento de la UE. Prefiero la palabra dudas. Dudas que resultan, además, del éxito de Europa, que atrae a 10 países del Este y a otros como Croacia, Turquía, Bosnia-Herzegovina o Serbia que ambicionan entrar lo antes posible. Se habla de crisis por los referendos de Francia y Holanda sobre el tratado constitucional. Pero hemos seguido avanzando. Hemos firmado las perspectivas financieras 2007-2013, se ha moldeado una nueva política energética, se ha profundizado en la Agenda de Lisboa...

P. La parálisis ante fenómenos como el de la inmigración ilegal, el conflicto de Oriente Próximo o la tragedia africana parece indiscutible...

R. Admito que el peso político está por detrás del peso económico. Lo que hace falta es más Europa, no menos. La gente demanda que la UE dé respuestas a sus problemas concretos: inseguridad, desempleo, inmigración ilegal, seguridad social... La salida debe ser ésa: los líderes deben explicar a los ciudadanos, que son cada vez más exigentes y no están interesados en el debate institucional, que Europa es la respuesta para los problemas, no la causa. La inmigración ilegal es desde luego un fenómeno europeo, y requiere una respuesta europea. La globalización económica también exige que no actuemos a la defensiva, sino mirándola como una oportunidad para desarrollar juntos más tecnología e innovación y resolver el problema del empleo.

P. ¿Y sobre Oriente Próximo?

R. Líbano es la frontera sur de Europa, y lo que sucede allí habla sobre Europa, que tiene que demostrar que puede contribuir a mantener una paz duradera en la región. Europa es la primera interesada en esa paz que debe estar basada en la creación de un Estado palestino, la garantía de fronteras seguras para Israel y un Estado libanés con soberanía plena sobre todo el territorio. Espero que tengamos éxito, porque la ONU ha puesto la carga sobre la Unión Europea al colocar primero un mando francés y después uno italiano. Pero la región es muy difícil, los odios se han acumulado durante mucho tiempo, hay muchos extremismos...

P. Como primer ministro coincidió en numerosas ocasiones con Felipe González en cumbres bilaterales y europeas. ¿Cómo fue su relación?

R. Con Felipe contribuimos decisivamente al nuevo clima de relaciones entre los dos países. Primero a través de las cumbres, que hoy siguen teniendo un papel importante para estimular el diálogo político a todos los niveles, la cooperación, los acuerdos bilaterales... Teníamos una relación cordial... Somos de la misma generación.

P. ¿Pero había química?

R. Teníamos buena química, una óptima relación y un buen diálogo. Y había concertación en las materias de integración a la UE. En la mayoría de los casos nuestras posiciones convergían. Portugal y España tuvieron un papel importante en negociaciones difíciles de aquel tiempo, como la de los fondos Delors. Entonces comenzaron a destruirse las desconfianzas históricas y dejamos de vivir de espaldas. Hoy, por suerte, la relación ya no depende del líder político de allí o aquí, hay gran interdependencia. España es nuestro gran socio económico, el país donde exportamos más, un 30% del total, y del que más importamos, también casi un 30%. Y Portugal es el tercer cliente de España, tras Francia y Alemania. España nos vende más que a Latinoamérica, a América, a Asia, y a todos los nuevos países de la UE. Nada de lo que pasa en España es irrelevante para Portugal y nada de lo que pase en Portugal puede ser irrelevante para España.

P. Le acompañan cuatro ministros, casi una minicumbre. Quizá despierte recelos en el primer ministro...

R. Ya en campaña dije que mi mandato sería de cooperación estratégica con Sócrates. Estoy cumpliendo mis compromisos: contribuir a un clima de estabilidad política y de confianza para la movilización de los ciudadanos. En las relaciones externas, el Gobierno y el presidente actúan de manera conjunta. Por eso el Gobierno decidió, lo que me satisface mucho, que vinieran conmigo cuatro ministros, como reconocimiento de esa relación especial con España. La situación es excelente, la más estrecha de siempre. Pero todavía hay campos por explorar. Ciencia e innovación, por ejemplo. A veces pueden surgir proteccionismos disfrazados aquí y allá; deben ser resueltos con diálogo.

P. En la práctica hay dificultades para articular mecanismos ibéricos. El Mercado Ibérico de la Electricidad aún es una utopía.

R. No todo está hecho ni todo está resuelto, y tal vez ese punto es uno de los que no están todavía claros. Pero ésa es una materia del Gobierno. Las sociedades mixtas tienen que ser ampliadas, aunque ya hay muchas empresas españolas en Portugal

[1.050, 500 de ellas con capital mayoritario] y 400 empresas portuguesas en España. La interdependencia será mayor aún en el futuro. Si Europa es un mercado único, la península será aún más un mercado único natural. Las empresas portuguesas deben pensar en términos de mercado ibérico. No hay que tener miedo, no podemos tener prejuicios.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 24 de septiembre de 2006

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