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Ernest Maragall denuncia la "fría soledad" de su hermano Pasqual

El secretario del Gobierno de la Generalitat advierte del riesgo de un giro político en el socialismo catalán

En su condición de secretario del Gobierno catalán y miembro de la Comisión Ejecutiva del PSC, Ernest Maragall, hermano del presidente catalán, advierte de que el nuevo liderazgo de José Montilla no debe suponer un cambio en la política y la estrategia socialista. En un extenso artículo que se publica en la edición de Cataluña y en la edición digital de EL PAÍS (www.elpais.es), Ernest Maragall analiza las causas que han llevado a Pasqual Maragall a renunciar a presentarse a la reelección y concluye que los socialistas catalanes cometerían un grave error si, en aras a aplicar "una política inequívoca y exclusivamente socialista, teóricamente olvidada en este primer mandato" (...), renunciaran a ser "el gran partido nacional de Cataluña capaz de aglutinar tras un socialismo moderno y federal al máximo número de ciudadanos y al más amplio abanico de ideas, presencia territorial, capas sociales y sectores profesionales". En su opinión, eso significaría dejar el Gobierno de Cataluña en manos del nacionalismo. Las dificultades del presidente catalán comenzaron, según Ernest Maragall, con la exigua victoria electoral del socialismo, que mostró "los límites de una campaña electoral hecha exclusivamente desde el PSC" y obligó a unos acuerdos del Tinell que no se plantearon como el denominador común de los tres partidos, sino la mera suma de sus programas.

El Gobierno tripartito nació frágil y la redacción del Estatuto catalán provocó tensión e inquietud tanto en la dirección del PSC como en el PSOE porque pronto se vio que CiU, en la oposición, exigiría un alto precio por su apoyo. El Estatuto resultante "era demasiado para un PSOE instalado en la cómoda España de las autonomías" y acosado por el PP. "La propuesta de Estatut que se envió a Madrid no era la esperada y la factura habría de llegar en su momento al presidente de la Generalitat".

Ernest Maragall no elude los errores cometidos por su hermano como presidente, pero se pregunta "qué habría sucedido si hubiera contado en todo momento con el apoyo incondicional del conjunto del espacio socialista, como él daba por descontado que debía ser. Incondicional en el sentido de no condicionado a ningún otro interés que no fuera el del propio Gobierno progresista de Cataluña". Llegados a este punto, añade, la decisión estaba cantada: "Habiendo material suficiente sobre el que reflexionar, discrepar y formular alternativas, ningún órgano del PSC se planteó nunca el debate previo a una decisión. No vamos a descubrir aquí las muchas formas de crear un clima, poner en marcha inercias que acaban siendo imparables" pues "en política, ningún clima es peor que el de la fría soledad explicitada por los propios".

Pasqual Maragall ya ha renunciado. ¿Y ahora qué? se pregunta su hermano. "Ahora los socialistas deben decidir si quieren seguir adelante con el proyecto de cambio iniciado o aceptan el retorno al resguardo de los gobiernos locales (y del central cuando toca), permitiendo que se imponga de nuevo la lógica perversa que resigna al país al gobierno de los nacionalistas". Al respecto, añade, "causan cierta inquietud algunas expresiones de quienes se presentan como Plataforma de Apoyo a José Montilla. Parecen buscar la afirmación propia en el contraste con el periodo anterior, en lo que ellos califican de superación de las supuestas maldades del 'debate identitario' que comportó la elaboración del Estatut. (...) De aceptarse tal cual, supondría una práctica gatopardesca a la inversa, explicitada en algunos artículos publicados, de quienes pregonando apariencias de continuidad, reclaman en realidad un auténtico cambio en la política y la estrategia socialista. Éste es justamente el riesgo más importante que el socialismo catalán debe evitar. No el de sustituir una persona por otra, decisión perfectamente normal, sino el de pensar que lo que se debe cambiar es una política de representación global del país. (...) que el objetivo es obtener la movilización suficientemente intensa de una parte de la sociedad catalana", renunciando a ser el gran partido nacional de Cataluña. "No nos resignemos a que el nacionalismo conservador retome el timón de un país que ya hemos empezado a transformar", concluye.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de septiembre de 2006