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ZARZUELA | 'Luisa Fernanda'

La zarzuela desustanciada

Para terminar la temporada, el Teatro Real ha optado por la ducha escocesa. Tras una emocionante Diálogo de carmelitas una Luisa Fernanda desustanciada. Y, curiosamente, las dos basaban su propuesta escénica en una misma idea de estilización. Pero el convento lo pide y el aire libre zarzuelero lo abomina. Y ahí ha estado el error del planteamiento de un director tan inteligente, y tan listo, como Emilio Sagi, que conoce el género y quiero creer que también sus limitaciones y fronteras. La zarzuela muchas veces más que carne tiene chicha y esta tiene que aparecer en detalles que aquí se pasan por alto, el primero la ambientación madrileña, que es esencial a lo que sucede, y que se sustituye por una ridícula maqueta de unos cuantos edificios de la capital que luego cambiará a una minidehesa extremeña. Hay momentos -la Mazurca de Las Sombrillas- que se acercan a la opereta y cosas un poco cursis como la rosa que cuelga en el Dúo de la Flor. No pide Luisa Fernanda semejante intento interpretativo, es como es y se diría que viaja mal por los caminos de la reivindicación escénica. Mejor hubiera estado en el Teatro de La Zarzuela, fiel a sí misma, con sus rincones, sus campos y con el mismo reparto.

Luisa Fernanda

De Moreno Torroba. Montiel, Bros, Domingo, De la Merced, Pierotti, Gallar, Ferrer, Puértolas. Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real. Coreografía: Nuria Castejón. Vestuario: Pepa Ojanguren. Iluminación: Eduardo Bravo. Director musical: Jesús López Cobos. Escenografía y director de escena: Emilio Sagi. Teatro Real. Madrid, 26 de junio.

El trabajo de Jesús López Cobos fue de total distanciamiento con la partitura, de una frialdad que hace pensar si realmente le interesa. Sólo en el dúo final entre Luisa Fernanda y Javier salió algo de intensidad. Quien no estuviera muy convencido de los valores de la partitura de Moreno Torroba no encontró esta vez un maestro que se los desvele, quizá porque tampoco él cree demasiado en ellos. Si no, no se explica.

Las voces, por fortuna, fueron harina de otro costal. Empezando por un José Bros pletórico, extraordinario como Javier, con una línea impecable, que cantó un sensacional "De este apacible rincón de Madrid" y que, con María José Montiel -Luisa Fernanda-, bordó el citado dúo. La madrileña estuvo impecable en lo canoro y un poquito arrebatada de más en lo actoral, pero suya fue la frase más zarzuelera de la noche: un "déjame y vete". Plácido Domingo, en un papel para barítono como es el de Vidal, echó el resto, se entregó a fondo no sin dejar traslucir algún problema puntual que resolvió echando mano de veteranía y de esa voz que Dios le ha dado. Muy bien Elena de la Merced en la duquesa Carolina, un papel perfecto para su tesitura y presencia. Cumplieron con buena clase Raquel Pierotti, Javier Ferrer, Federico Gallar y Sabina Puértolas. Casi nadie supo desenvolverse con aseo en el modo de decir los textos hablados.

El público reaccionó con ovaciones para los cantantes y hubo división de opiniones para López Cobos y Sagi. Asistieron los Reyes en el palco acompañados por el Alcalde de Madrid y su esposa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 27 de junio de 2006