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Reportaje:

Un millón por la frustración de Einstein

Una feria londinense vende las cartas y borradores de los años oscuros del genial físico

Los tres artículos que Ernst Gabor Straus firmó con Einstein en los años cuarenta no fueron su única colaboración con el físico judío, ni la más ardua. Straus, un matemático de talento, tuvo que cambiar con Einstein 16 cartas hasta conseguir disuadirle de una de sus ideas favoritas para construir una teoría del todo, la gran unificación de la física que persiguió sin éxito durante los últimos 20 años de su vida. Las 16 cartas, junto con otras tantas de distintos remitentes y 15 manuscritos de esa época oscura (de 1933 a 1954) se venderán la semana que viene en la feria del libro antiguo de Londres (London Antiquarian Book Fair). El paquete cuesta 1,5 millones de dólares (1,1 millones de euros).

Casi todos los documentos de Einstein vendidos o subastados hasta ahora se refieren a sus deslumbrantes logros de juventud: 1905, el annus mirabilis en que revolucionó los fundamentos de la física; 1916, cuando logró dar forma a la gran teoría de la gravedad (la relatividad general) que fundó la cosmología moderna, o los años veinte, cuando recibió el premio Nobel y se convirtió en un mito popular.

Los documentos de Londres son posteriores a 1933, cuando el ascenso de Hitler llevó a Einstein a abandonar su Alemania natal y aceptar una plaza en el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Princeton, en la que siguió hasta su muerte en 1954: las dos décadas que perdió en la búsqueda obsesiva de una teoría unificada.

Los estudiosos de Einstein desconocían hasta ahora la existencia de estas cartas y borradores, que han permanecido en poder de Straus y su familia durante más de medio siglo. Según The Guardian, el diario británico que ha revelado la operación, la familia se planteó subastar el lote, pero ha acabado decidiéndose por venderlo para evitar su disgregación. Antes de optar por la feria del libro londinense, los Straus intentaron vender los documentos a la Universidad Hebrea de Jerusalén, que alberga el principal archivo einsteniano del mundo, pero la institución declinó enseguida la oferta al conocer su precio.

Straus, nacido en Múnich en 1922, salió de Alemania el mismo año que Einstein, y por la misma causa, pero en dirección Jerusalén, donde vivió siete años con su madre -Rahel Goitein, una de las primeras mujeres que estudiaron medicina oficialmente en Alemania- y estudió matemáticas. Einstein tuvo conocimiento de su talento en 1941, cuando el joven matemático empezó a trabajar en Nueva York, y dos años después le contrató como ayudante. Las 16 cartas disuasorias corresponden a ese periodo de los años cuarenta.

"Aunque el trabajo no progrese de forma enteramente satisfactoria", escribe a Strauss un frustrado Einstein en una carta de octubre de 1948, "siempre es importante permanecer en contacto de algún modo con la curiosa maquinaria de la economía". El comentario de Einstein se refiere a unas ecuaciones que, aparentemente, describen formalmente un truco de baraja.

Ya en 1928, Einstein creyó haber dado con la elusiva teoría unificada (primer error) y lo anunció públicamente (segundo error). Un centenar de periodistas se agolparon en la puerta de su casa, y The New York Times llegó a publicar algunas de aquellas ecuaciones. Fue la primera de sus salidas en falso, y la más espectacular. Mucho después le dijo a Strauss: "Lo que realmente me importa es si Dios podía haber hecho las cosas de otra forma".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 30 de mayo de 2006