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Reportaje:La mayor obra del mundo

El lamento de las Tres Gargantas

La gigantesca presa china obliga a buscar un nuevo alojamiento a más de un millón de personas

Casi un millón y medio de personas desplazadas. Un área de 632 kilómetros cuadrados anegada. El cauce del Changjiang [el Yangtsé en chino] embalsado para siempre. Los obreros echaron ayer la última capa de cemento a la presa china de las Tres Gargantas, la mayor obra civil de la historia reciente. Con sus 2.309 metros, la gigantesca pared creará un salto que producirá 18,2 millones de kilovatios. Un enorme ascensor servirá para mantener el tráfico fluvial. Pero la obra no ha satisfecho a todos. Centenares de pueblos y ciudades que se verán cubiertos por las aguas, 1.500 grandes fábricas han tenido que cambiar de emplazamiento y 16 yacimientos arqueológicos de gran valor se anegarán.

"Cuando he visto la presa, me he acordado del poema del presidente Mao: 'De entre las gargantas surgirá un lago de aguas tranquilas'. Los chinos son un gran pueblo. Me siento orgulloso. No somos menos que los extranjeros". Zhou Yaming, de 52 años, de la provincia de Sichuan, no puede contener su admiración ante el paisaje de agua y hormigón: una muralla de cerca de 200 metros de alto y 2,3 kilómetros de largo, que corta en dos el Changjiang -o Yangtsé-, el río más largo de China y el tercero del mundo.

La presa de las Tres Gargantas -el mayor complejo hidroeléctrico del planeta-, situada entre la provincia de Hubei y Chongqing, cubrió ayer una etapa clave, con la conclusión de su estructura de hormigón, 10 meses antes de lo previsto. Los trabajos comenzaron hace 13 años y culminarán en 2009.

"Las consecuencias medioambientales serán muy graves", afirma un ecologista

"Es imponente. Siento un gran orgullo", dice Peng Tao, un joven de 25 años

Un tercio de los diputados chinos se opuso o abstuvo en la votación del proyecto

8.000 obreros trabajan en el complejo. Eran 30.000 en los tiempos de más actividad

Los mayores problemas han venido por el realojo de los habitantes

Para entonces, el agua alcanzará una cota máxima de 175 metros; sus 32 turbinas de 700 megavatios estarán en funcionamiento, y el complejo podrá proteger a millones de personas contra las inundaciones que regularmente castigan la cuenca del Changjiang.

Pero también para entonces, una docena de ciudades y miles de pueblos habrán sido engullidos por las aguas, obligando a desplazar a 1,13 millones de personas, según las cifras oficiales (alrededor de dos millones, según los críticos del proyecto). Además, habrá quedado profundamente modificado el frágil ecosistema de la zona, y habrán desaparecido para siempre uno de los paisajes más extraordinarios del país y más de un millar de sitios históricos de una de las cunas de la civilización china.

Desde el parque creado junto a la presa, cuyo acceso cuesta 188 yuanes (18,3 euros), la vista es espectacular. Los desagües proyectan un enorme chorro de agua y crean un mar de olas blancas. Los turistas se fotografían con el farallón de hormigón de fondo, en cuya mitad sur continuaban trabajando las grúas esta semana. En la mitad norte, operan ya 14 turbinas.

La presa se hunde en el cauce del río, transformado en un lago oscuro. Un barco se acerca a las esclusas de cinco niveles que permiten a los buques hasta de 10.000 toneladas salvar la barrera en tres o cuatro horas. Otros descargan camiones, que vadean el desnivel por carretera. Las autoridades han prohibido que utilicen las esclusas por miedo a que los vehículos transporten productos que puedan explotar.

"Es imponente. Siento un gran orgullo", dice Peng Tao, un joven de 25 años. Orgullo. Lo mismo que siente el Gobierno, que asegura que el proyecto reducirá la frecuencia de las inundaciones de una cada 10 años a una cada 100; será una importante fuente de energía eléctrica; mejorará la navegación y activará la economía de la región. "La presa de las Tres Gargantas es una prueba excelente de lo que los chinos pueden lograr", dijo ayer Cao Guangjing, subdirector de la empresa responsable del proyecto, tras el vertido de la última carga de cemento.

Para los detractores, la realidad es muy distinta. "Las consecuencias medioambientales serán muy graves", afirma Chen Guojie, investigador del Instituto de Medio Ambiente y Riesgos de Montaña de Chengdu (capital de Sichuan) y experto en la obra. "Los principales problemas son el desplazamiento de la gente, que, aunque hayan recibido casas, se han quedado sin medio de vida; la acumulación de sedimentos en el cauce; la contaminación; el efecto sobre el ecosistema, y la profunda modificación del paisaje. Además, se producirán cambios del clima, ya que habrá más nieblas, y será un desastre desde el punto de vista geológico, por los aludes y corrimientos de tierras. Durante mucho tiempo, habrá problemas ocultos", afirma.

Según Cao, el subdirector de la empresa fabricante de la presa, los efectos sobre el medio ambiente "están bajo control". El Gobierno ha destinado 40.000 millones de yuanes (3.900 millones de euros) a plantas de tratamiento de aguas y basura. "Las ventajas superan con mucho los inconvenientes", afirma. Cao asegura que el coste del proyecto -que no ha sido financiado por el Banco Mundial por las presiones ecologistas- ascenderá a 17.600 millones de euros, frente a los 19.600 millones presupuestados. Expertos occidentales consideran que será el doble.

Cerca de la gran muralla de cemento, los barracones abandonados recuerdan que la obra ha entrado en la fase final. Alrededor de 8.000 obreros trabajan en el complejo, frente a 30.000 de los momentos de máxima actividad. Un eslogan reza Larga vida al Partido Comunista Chino.

Una decena de kilómetros aguas arriba se encuentra el municipio de Maoping, de donde salen los barcos que remontan el Changjiang. El San Xia Guanguang 5 hace sonar la sirena y se separa suavemente del muelle. Es un barco de fondo plano, estructura oxidada y tres cubiertas de pequeños camarotes, que vivieron tiempos mejores. A bordo viaja tan sólo una veintena de personas. La mayoría de la gente utiliza los barcos rápidos, que navegan a 60 kilómetros por hora, más del triple que el viejo buque.

Al rato, el barco se interna en el primero de los tres cañones, Xiling, que junto con Wu y Qutang, forman uno de los referentes paisajísticos más populares de China: las Tres Gargantas. Durante siglos han sido fuente de inspiración de pintores y poetas, como Li Bai (701-762), quien escribió muchos de sus versos mientras descendía sus aguas turbulentas. El paisaje, que ya cambió radicalmente cuando el embalse comenzó a ser llenado hace tres años, sufrirá otra amputación cuando a partir de septiembre vuelva a subir el nivel.

El San Xia Guanguang 5 navega entre paredes de roca de cientos de metros de altura, salpicadas de vegetación. Se cruza con barcazas de mercancías y con barquichuelas de madera y bambú. Remonta un río domesticado, en el que flotan grandes manchas de basura.

Los activistas medioambientales afirman que el Changjiang [que significa río largo] se convertirá en una gigantesca alcantarilla tras haber perdido el efecto de limpieza causado por la corriente. De momento, sólo es tratado el 20% de los vertidos que van al embalse, y sus habitantes se quejan de que el agua está más sucia y hay menos peces.

El barco deja atrás pueblos y ciudades: aglomeraciones de paralelepípedos blancos edificados en las faldas de las montañas en los últimos años. También desfilan carreteras, puentes recién construidos, y enormes superficies de hormigón, utilizadas para evitar los aludes de tierra. Siete horas -o 120 kilómetros- más tarde, el barco atraca en la nueva Wushan, una ciudad que ha sido levantada ladera arriba para sustituir a la sumergida.

La presa de las Tres Gargantas es criticada por muchos aspectos. Pero los mayores problemas han venido por el realojo de los habitantes de las zonas inundadas. Hasta ahora han sido desplazados más de un millón, en un éxodo que está lejos de haber acabado. Miles de personas viven aún bajo las marcas de 175 metros que jalonan el río advirtiendo hasta dónde subirá el agua.

El proceso de adjudicación de viviendas y de indemnizaciones está plagado de escándalos de corrupción por parte de los funcionarios locales, muchos de los cuales se han enriquecido con la lluvia de millones enviados por Pekín. Al menos dos funcionarios han sido condenados a muerte por malversación y soborno.

Muchas familias se quejan de que no han recibido las compensaciones debidas, y de que han sido engañadas. Y muchos de quienes optaron por emigrar a otras provincias para recibir mayores asignaciones han regresado. Como Tan Shumei, una mujer de 50 años, que cuando llegó a su nueva casa en la provincia de Hubei, se encontró con que el pueblo donde tenía que vivir no era el que le habían hecho creer, y que la propiedad de las tierras que les habían dado era sólo por 30 años. "Volvimos a Chongqing y amenazamos con una demanda. La compensación pasó de 6.000 yuanes por persona [585 euros] a casi el triple", cuenta. "Como en Hubei no había trabajo, alquilamos la tierra, que era muy mala, y regresamos cerca de nuestro pueblo", dice esta mujer, que ahora trabaja de limpiadora en uno de los barcos de transporte de pasajeros que recorre el río.

Quienes han liderado las protestas contra los desalojos han acabado en la cárcel. He Kechang, un antiguo piloto de barco del condado de Yunyang, 240 kilómetros aguas arriba de la presa, fue encarcelado tres años tras haber acudido a Pekín con pruebas de la corrupción en el proceso de indemnizaciones. "Primero me acusaron de entregar secretos de Estado a un periodista extranjero, pero, tras estudiar los documentos sobre el escándalo, abandonaron este argumento y me encerraron tres años por desorden público en un centro de reeducación por el trabajo", cuenta. La cita con He, de 66 años, tiene lugar en un bar discreto, en un pueblo que no es el suyo, ya que se encuentra vigilado. "Cuando he salido, me han preguntado dónde iba, y he dicho que a ver a mi hermana", dice mientras mira de reojo por la ventana. Algunos periodistas han sido detenidos en la zona, cuando han entrevistado a los líderes de las protestas.

"Construir la presa es bueno, pero el problema es que los funcionarios locales se han quedado con dinero que era de la gente, y el Gobierno central no viene a ver lo que ocurre en realidad. En mi pueblo, Gaoyang, hay un millar de personas viviendo en tiendas en las colinas porque no han recibido lo que consideran que les corresponde". He cojea ligeramente. Mientras estaba preso se cayó y se rompió una pierna. "Precisaba una operación, pero la policía de Yunyang dijo: 'No le curéis. Si se pone bien, volverá a Pekín".

La idea de domar las aguas del Changjiang mediante una presa fue del líder revolucionario Sun Yatsen, en 1918; más tarde la hizo suya Mao Zedong, que acabó abandonándola, y, finalmente, fue llevada a cabo por Deng Xiaoping, bajo el impulso del primer ministro Li Peng, quien, en 1992, logró, tras una intensa campaña de propaganda y después de haber silenciado todo debate, que la Asamblea Popular Nacional la aprobara. A pesar de ello, un tercio de los diputados se opuso o abstuvo, una situación sin precedentes en la historia de la República Popular. Había nacido el proyecto de la presa de las Tres Gargantas, símbolo de la modernización de China. Y el Changjiang había sido sacrificado.

Antigüedades bajo las aguas

Más de un millar de sitios arqueológicos y de interés histórico habrán desaparecido bajo las aguas cuando la presa de las Tres Gargantas alcance su nivel máximo de 175 metros. Durante estos años, decenas de equipos se han afanado por recuperar lo posible de esta tierra milenaria. Algunos edificios, como el templo de Zhang Fei, en Yunyang, construido hace más de 1.700 años, han sido trasladados. Pero muchos restos no han podido ser rescatados por imposibilidad física, por falta de fondos o porque aún no han sido localizados.

Otros se han esfumado al derribar los pueblos y ciudades. Uno de los municipios que quedará sumergido es Dachang, en el río Daning, un afluente del Changjiang (Yangtsé en mandarín). Conocido por sus viviendas tradicionales de las dinastías Ming y Qing, era un tesoro raro, que perduró a través de las guerras, pero del que ya no quedan más que escombros. Esta semana, excavadoras y camiones se afanaban por demoler los últimos muros. "Aunque no quisieras, tenías que irte", dice un vecino. "Pero yo estoy contento. A cada uno de mi familia -somos cinco- nos dieron una indemnización. También me dieron una casa, y tengo un subsidio. Yo apoyo el proyecto y a mi país".

La presa ha puesto también en peligro el hábitat de especies como el esturión, el delfín de río y la grulla de Siberia. La variación del nivel de las aguas entre el invierno y el verano (145 metros) creará un antiestético cinturón de 30 metros de altura alrededor del embalse, que, según los especialistas, será geológicamente inestable y por el que se escurrirán hasta el agua los pesticidas y fertilizantes usados por los campesinos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de mayo de 2006

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