Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
59º Festival de cine de Cannes

Cannes recibe con frialdad y pitidos el estreno mundial de 'El código Da Vinci'

Sorpresa agradable por el filme colectivo 'Paris je t'aime', que inauguró 'Una cierta mirada'

La primera proyección de la tan esperada El código Da Vinci fue recibida por la prensa con notable frialdad, pitidos y hasta algunas risas. Es probable que no sean los críticos el público idóneo para esta chata película de aventuras, brillante en medios técnicos pero escasa en ideas, salvo las que provienen de la famosa novela de Dan Brown. De haber sido original, quizás hubiera sorprendido la fantástica historia que en ella se cuenta, pero, conociendo de antemano el intríngulis, las imágenes cinematográficas pasan por la pantalla sin nervio. El filme se estrena mañana en todo el mundo.

El código Da Vinci, todo el mundo lo sabe, propone la teoría de que Jesucristo fue simplemente humano, se casó con María Magdalena, con la que tuvo hijos, y que su estirpe sigue viva entre nosotros. Fueron intereses políticos los que transformaron su vida en la leyenda de un ser divino y naturalmente célibe, capaz de hacer milagros y de resucitar al tercer día. Dice la película que si ese fraude se divulgara ahora, quedarían derruidas para siempre las asentadas bases del cristianismo y de la Iglesia católica, y con ello su inmenso poder; de ahí que desde hace siglos se haya venido aniquilando a sangre y fuego cualquier indicio de que este secreto pudiera ser divulgado. En la trama de la película algunos representantes de esa Iglesia, con la ayuda de miembros del Opus Dei, organizan el asesinato de cualquier posible conocedor o transmisor de esa verdad. O de esa fantasía, a fin de cuentas tan inverosímil como la de la oficial.

Un especialista en simbología (Tom Hanks) es reclamado por la policía como presunto asesino del conservador del Louvre, muerto en circunstancias extrañas. Con la inesperada compañía de una criptóloga (Audrey Tatou), se ve envuelto en persecuciones, nuevos asesinatos, traiciones y disparates, hasta que finalmente identifica a la heredera de Jesucristo, momento en que las carcajadas de los espectadores se oyeron con claridad. 152 minutos de proyección en los que la película da vueltas y vueltas sobre sí misma, provocando por momentos la sospecha de que pudiera tratarse de una historia interminable. Lo que al principio tiene el encanto de un dinámico filme de aventuras, va dando paso a una peripecia enrevesada y confusa. Ésa fue, al menos, la impresión dejada tras su primer pase, con el que ha inaugurado Cannes, al parecer más tentado por la repercusión del escándalo que por criterios de calidad cinematográfica.

Bastante superior ha sido la inauguración de Una cierta mirada, sección paralela con carácter oficial. La primera película del programa, Paris je t'aime, está compuesta por diversos episodios, realizados por directores distintos, teniendo París y sus historias de amor como único punto de conexión. Una traslación del mítico París visto por..., que en 1965 reunió a Chabrol, Rohmer y Godard, entre otros, eligiendo cada uno de ellos un barrio distinto para su historia.

Igual ocurre en estos 20 cuentos de ahora, firmados por los hermanos Coen, Gus van Sant, Alexander Payne, Isabel Coixet, Walter Salles, Wes Craven... y con interpretaciones de Natalie Portman, Ben Gazzara, Willem Dafoe, Juliette Binoche, Leonor Watling, Nick Nolte, Fanny Ardant, Gena Rowlands, Steve Buscemi, Bob Hoskins, Gérard Depardieu, Sergio Castellito y Javier Cámara, entre muchos otros...

Unas historias son mejores que otras, cada una con su estilo propio, pero todas están obligadas a captar la atención desde el primer fotograma. El cuentito de Walter Salles con la espléndida Catalina Sandino como protagonista, es ejemplar: una joven latina, madre soltera, que vive con su bebé en un extremo remoto de la ciudad, debe despertarse antes del amanecer, depositar a su hijito en una guardería, y tomar luego autobuses y varias líneas de metro hasta llegar por fin a la casa de ricos en que trabaja, donde debe cuidar de un bebé ajeno, al que hace sonreír cantándole con nostalgia el mismo estribillo ancestral con que alegra a su hijo.

La historia de Isabel Coixet es el desencuentro de una pareja (él se ha enamorado de otra), y del sacrificio por amor a que se ve obligado ante la enfermedad: sobria, emotiva, algo triste, como el talento de la autora al que nos tiene acostumbrados. El tierno cuento de Alexander Payne es el de una gorda australiana que ha aprendido un divertido francés y viaja sola a París por unos días... En definitiva, Paris je t'aime ha sorprendido agradablemente, un buen inicio para la sección paralela del festival, que, sin bombo ni platillos, ha mostrado un trabajo plagado de ingenio... y sin medios fastuosos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 18 de mayo de 2006