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Reportaje:EL LIBRO DE LA SEMANA

Capote: las cartas boca arriba

El autor de A sangre fría, que ha inspirado una reciente película, irrumpe con tres libros. Se trata de una biografía, una obra con su correspondencia y Crucero de verano, una novela publicada ahora pero escrita en su juventud.

La prodigiosa reencarnación de Truman Capote (1924-1984) en el oscarizado Philip S. Hoffman ventila los años consagrados a la redacción de A sangre fría (1966) por un jactancioso, brillante, histriónico y antojadizo escritor gay de moral distraída e incontables máscaras cuya vida, hecha de pequeños equívocos sin importancia y una inmensa hoguera de las vanidades, alcanzaba su punto álgido. Quienes deseen completar el retrato del genio, acérquense a la célebre biografía novelada de Gerald Clarke de 1988, cuya traducción reedita Ediciones B con ocasión de la película, y al esmerado volumen de correspondencia que editó el propio Clarke (Too Brief a Treat, Random House, Nueva York, 2004) y que ahora ha traducido Lumen. El lector descubrirá sin duda al glamuroso cosmopolita que vive en Francia, la Costa Brava (España, "un país raro de por sí"), Grecia o Venecia, codeándose con los Agnelli de la Fiat, Orson Welles, la divina Garbo o Christian Dior, coronado "Grand Seigneur de Sicilia", esponja de martinis secos en el Harry's Bar y estrella del firmamento social que aspira en cuerpo y alma a no ser fugaz. Fue el enano que quiso subirse a hombros de gigantes ("cuanto más hablaba Truman, más nervioso se ponía Faulkner"), presumiendo de conocer a Gide y de contar con la amistad de Tennessee Williams, Paul Bowles o Saroyan, de habitar como un fetichista la hermosa casa de Taormina en la que D. H. Lawrence escribió El amante de Lady Chatterley, de ejercitarse en la crónica rosa a costa del nuevo vrai amour de Dylan Thomas y del "fulgor sexual" de la Monroe, de pasarlo en grande pergeñando un perverso juego de salón que encadena affaires hasta relacionar a Cab Calloway con Hitler, de abordar el Queen Mary con veinticinco maletas, dos perros, una gata y un amigo, de asistir a una fiesta de Gallimard en su honor, en fin, de ser carne de Vogue y emplear todas las palabras del Webster a excepción de "tedio".

Con todo, más que al personaje legendario en que quiso convertirse o al mago de la mundanidad, la biografía y las cartas revelan al cuidadoso escritor profesional que siempre fue. Redacta personalmente su biografía para la solapa de Otras voces, otros ámbitos (y poco menos que se la inventa como si compusiese un relato), cree en el arte más allá del oficio ("el mundo está loco, y lo único cuerdo está en el arte", "ser artista es como un acto de fe; no reporta nada salvo la satisfacción del arte mismo"), juega al pastiche de un relato gótico de Carson McCullers en una carta a su editor, pide una beca Guggenheim apadrinado por E. M. Forster, sugiere a su editor que Isherwood podría ser el crítico ideal para reseñar su último libro, piensa en denunciar a los productores del musical Guys & Dolls por plagio de uno de sus textos, negocia royalties y anticipos con editores y revistas como Esquire o Harper's Bazaar, elabora su canon de bolsillo (Dinesen, Bowles, Hemingway, malgré tout, "también aprecio mucho a buen número de escritores horribles: Agatha Christie, Fleming...") para ayudar a un joven escritor al que le aconseja "escribir sobre lo que conoces", "no creer que la buena escritura es la más vistosa" y "aprender a reescribir las cosas. A pulirlas" y, orgulloso, se queja de que Random no haya incluido sus Selected Writings en la prestigiosa Modern Library, cuando en cambio ha aceptado autores como Salinger o Mailer que ni siquiera corresponden a su catálogo. Las cartas y la escrupulosa biografía de Clarke dibujan claramente la espiral de vanidad y dependencia emocional en la que Capote quedó atrapado para siempre, en detrimento de su inacabable talento literario. A sangre fría, ese as que se sacó de la manga inventándose la novela de no-ficción, lo convirtió en un mito. Plegarias atendidas (1986), su caída en la tentación de desvelar los secretos del establishment que lo aupó a la cumbre, en un guiñapo conservado en alcohol.

Truman Capote. La biografía definitiva. Gerald Clarke. Traducción de Víctor Pozanco. Ediciones B. Barcelona, 2006. 623 páginas. 21 euros. Un placer fugaz. Correspondencia. Truman Capote. Traducción de Jaume Bonfill. Lumen. Barcelona, 2006. 740 páginas. 22 euros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de marzo de 2006