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Editorial:

Marruecos no arranca

En marzo de 1956, Marruecos ganaba su independencia de Francia; en abril, París renunciaba a su protectorado, y el mes siguiente España se desprendía de su parte de ese territorio. Cincuenta años después, Marruecos no ha sabido aprovechar bien el tiempo. La distancia económica, que era poca respecto a la España o la Corea del Sur de entonces, se ha agigantado. El tiempo no juega a su favor. Tiene mucho que hacer en poco tiempo. Y para ello requiere un proyecto de país y emprender una transición hacia la democracia y la modernización económica que, pese a los progresos registrados, se ha quedado en tibio aperturismo y reformismo.

Quizás, la mayor debilidad estructural de Marruecos sea que demasiadas cosas dependen del rey. Como se ha dicho, es un país de un solo fusible. Mohamed VI, cuya llegada al trono despertó esperanzas como "rey de los pobres", no ha impulsado suficientemente una transición que al final del recorrido llevaría a restarle casi todo su poder real. Por delante de muchos países árabes, Marruecos ha dado pasos valientes, como la Instancia Equidad y Reconciliación, o la reforma del Código de la Familia, y se han superado algunos tabúes. Pero la economía marroquí, varada por demasiadas taras, no crece lo suficiente para generar un bienestar mejor repartido. Y éste es el caldo en el que crecen los movimientos fundamentalistas islámicos, uno de los retos políticos que tiene ante sí un país al que aún le queda mucho trecho por recorrer en materia de derechos humanos y libertades.

No es un oasis. La falta de integración económica entre Argelia y Marruecos, y en general del Magreb, perjudica su desarrollo y dificulta una solución sensata e inaplazable del contencioso del Sáhara Occidental, para lo que Rabat tiene que dar también pasos constructivos. Sin embargo, Marruecos sí se ha aproximado por un lado a Estados Unidos, con un acuerdo de libre comercio, y por otro a la Unión Europea, con la que tiene una relación privilegiada pero aspira a un estatuto más avanzado. Si Marruecos depende de Europa, el terrorismo y las migraciones han mostrado que también Europa depende de Marruecos. Y por eso interesa a todos que despegue política, económica y socialmente. Para ello hará falta más arrojo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de marzo de 2006