William Shakespeare, un rostro enigmático

La National Portrait Gallery de Londres exhibe su 'Retrato de Chandos' junto a otras cinco obras

La National Portrait Gallery, el fascinante museo londinense especializado en retratos históricos y contemporáneos, se centra -para festejar el 150º aniversario de su fundación-, en la figura de William Shakespeare (1564-1616). Con un rico programa de actividades populares y académicas, que incluye una exposición y un congreso, profundiza en los misterios en torno a la vida, obra, autoría y fisonomía del más importante autor de la literatura inglesa. Es lógico que la National Portrait Gallery (NPG) dedique a Shakespeare la conmemoración de los 150 años. El museo inició su trayectoria en 1856 con la donación de un cuadro, el Retrato de Chandos, cuya figura se identificaba con el bardo de Stratford-upon-Avon.

No hay pruebas documentales que así lo avalen y la fisonomía del retratado guarda poco parecido con el busto de Shakespeare que se erigió en su iglesia local de la Sagrada Trinidad al poco de su muerte en 1616. Tampoco recuerda al joven de la portada de la primera edición, en 1963, de sus obras de teatro. Con el tiempo, además, han aparecido otros supuestos retratos del autor de Hamlet, que la National Portrait Gallery ha reunido por primera vez en la exposición En busca de Shakespeare.

Abierta hasta el 29 de mayo, la muestra se completa con retratos de otros dramaturgos, manuscritos, prendas y joyas de los siglos XVI y XVII. Viene precedida de una investigación y análisis técnicos en seis cuadros con el fin de descubrir la representación más fidedigna de Shakespeare. Un objetivo probablemente imposible y que abre una nueva vertiente en el acalorado debate sobre la vida y la obra del escritor. Las lagunas en su biografía se rellenan periódicamente con teorías, sugerencias e hipótesis, rechazadas unas y aceptadas otras por expertos en literatura inglesa.

Hay incluso quienes niegan a Shakespeare la autoría de sus comedias, tragedias y poemas. Entre ellos, el profesor William Rubinstein, coautor de The truth will out: unmasking the real Shakespeare (La verdad saldrá: desenmascarando al genuino Shakespeare), publicado en 2005, que atribuye al diplomático inglés sir Henry Neville la paternidad de Hamlet, Enrique V y demás inmortales obras. "Es una idea disparatada que baraja los argumentos habituales en esta interminable discusión", critica Ann Thompson, catedrática del King's College de Londres. Thompson relaciona esta extravagante tesis con el "esnobismo" propio de quienes no aceptan que "una persona no aristocrática, sin educación ni experiencia", pudiera escribir con tanta soltura. "Devalúan su talento y asumen que no tenía imaginación para involucrarse en intrigas políticas. Es un fenómeno sociológico que no sucede con ningún otro autor. Hasta el XIX nadie cuestionaba la autoría de Shakespeare", añade.

Los sonetos

El debate es enconado. En un reciente evento de la Real Sociedad de Literatura, el novelista William Boyd dividió al público con sus teorías sobre los sonetos de Shakespeare, que ha adaptado para un teledrama de la BBC. Su guión identifica al conde Pembroke como destinatario de estos íntimos versos de amor y encuadra al aristócrata en un triángulo de pasión y celos con el propio autor y una prostituta mulata. Con una ferocidad poco ejercitada entre los británicos, se reclamó desde las gradas la figura de otro noble, Southampton, como objetivo real de los sonetos de Shakespeare. "Hay muchos datos y teorías, y yo no pretendo decir la última palabra. Ofrezco, eso sí, una solución posible y coherente de la narrativa sumergida en los sonetos", justificó Boyd.

Los sonetos están abiertos a la especulación. Hay una trama obvia de dos personajes que traicionan al narrador, pero sus respectivas identidades no están documentadas. Es posible, como sugiere Thompson, que Shakespeare volcara su imaginación en estos versos, que, como era costumbre entonces, escribió en primera persona. "No veo un final al debate en torno a la vida y la obra de Shakespeare. Seguiremos especulando, pensando, escribiendo, adaptando textos al cine y la televisión..., introduciendo a Shakespeare en diferentes niveles de la cultura", defiende la catedrática.

El museo renueva con esta exposición el misterio en torno a la fisonomía del bardo. ¿Es el Retrato de Chandos el pertinente a Shakespeare, o bien uno más entre los que se conservan, como asegura la académica alemana Hildegard Hammerschmidt-Hummel? Es un dilema de difícil ajuste porque, según observa Thompson, "la idea de cómo queremos que sea su físico cambia continuamente". El profesor de Oxford y traductor del Quijote John Rutherford argumenta, por otra parte, que "lo importante son sus palabras sobre el papel, no los detalles sobre su imagen o personalidad".

Pendiente y lazos

La investigación de tres años y medio de la National Portrait Gallery aporta datos nuevos sin llegar a una conclusión definitiva sobre cuál es el retrato genuino de William Shakespeare. El museo cree que su Retrato de Chandos (denominado así porque perteneció al duque de Chandos) realmente representa al escritor inglés, pero, según reconoce Tarnya Cooper, comisaria de la exposición En busca de Shakespeare, esta reivindicación "no es infalible". "No hay documentos que lo avalen categóricamente, y sospecho que nunca descubriremos la prueba definitiva", señala la experta en el siglo XVI.

Con más certeza descarta Cooper el resto de los retratos que se han relacionado con el autor de La tempestad en diferentes épocas de la historia. De los seis cuadros analizados a iniciativa del museo, incluido el Chandos, los expertos eliminan dos por cuestiones de edad y aparente alta cuna de los retratados. Confirman que el Retrato de Janssen, propiedad de una colección de Washington, es la imagen retocada de un contemporáneo de Shakespeare. Y afirman por primera vez que el cuadro Flower, de la Royal Shakespeare Company, se pintó en el siglo XIX. Los análisis técnicos indican que la cara del bardo de esta pintura cubre la imagen de una Madonna ejecutada entre 1540 y 1660.

La reivindicación del Chandos como el Shakespeare genuino se basa en la procedencia del cuadro y en cuestiones técnicas y de estilo pictórico. "El pendiente es original", señala Cooper en relación con el pigmento con que se pintó el aro dorado que luce el retratado. La comisaria de la muestra apunta también a la composición oval del retrato y a un detalle del vestuario -los lazos del cuello- como pruebas que enlazan esta imagen con el más popular e influyente de los escritores ingleses.

Las conclusiones de la investigación del museo contrastan con un extenso estudio de Hildegard Hammerschmidt-Hummel. Aplicando técnicas forenses y mediciones faciales, la académica alemana acepta como fidedignos tres de los retratos reunidos en Londres. "Su metodología es errónea. El arte del retrato no se puede analizar con pruebas forenses", desacredita Cooper.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 02 de marzo de 2006.

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