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Creación sinfónica

Hay un antes y un después en el Chile vitivinícola: 1979, cuando Miguel Torres se instaló en Curicó, en la zona central del país. Con él llegaron las modernas técnicas de elaboración, el cuidado del viñedo, las producciones controladas. Luego, el país ha conocido un desarrollo espectacular con vinos soberbios. Necesitaba Miguel Torres dar un salto en sus más que estimables, pero un tanto acomodaticios, vinos chilenos. La respuesta ha sido contundente: Conde de Superunda, donde interviene la entrañable tempranillo. Este tinto encierra, entre otras virtudes, una concepción de vino complejo, sinfónico, que arriesga en el concierto de varietales tan dispares como cabernet sauvignon, monastrell, carmenère y tempranillo. Lo que exige mucho tacto y equilibrio para que su oferta aromática quede enriquecida por la diversidad frutal y no confusa. Al contrario, aquí hay elegancia, un poso sofisticado de vieja Europa.

CONDE DE SUPERUNDA 2000

Miguel Torres. Curicó (Chile).

Importador: Torres (938 17 74

00). Tipo: tinto crianza, 13,5%.

Cepas: tempranillo, cabernet

sauvignon, monastrell y

carmenère. Consumo

preferente: largo plazo.

Temperatura de servicio: 17º C.

Precio: 30. Puntuación: 9,2/10.

La madera, que debería ser un poco más discreta, crea un espacio temperadamente sensual, con la aguda frescura mineral y el peso terroso de los grandes tintos. Lo que confirma una boca jugosa, viva, delicada y duraderamente golosa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 10 de febrero de 2006.

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