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Perfil | Mercè Sala

La maquinista del CTESC

"Definir la verdad de nuestras vidas y nuestra sociedad es una obligación esencial, un mandato". Con esta sentencia de Harold Pinter abre su página personal en la red una de las directivas españolas que más lejos han llegado en el mundo empresarial y no sólo porque durante algunos años dirigiera la locomotora de Renfe tanto en sentido figurado como literal, sino porque presenta uno de los currículos más amplios y variados de los últimos lustros entre la clase empresarial.

Acaba de ser elegida presidenta del Consejo de Trabajo, Económico y Social de Calaluña con el voto unánime del pleno de este organismo formado por representantes de patronales, sindicatos, organizaciones cooperativas y expertos, un abanico de participantes muy diverso, lo que no supone ningún handicap para Mercè Sala. Más bien todo lo contrario, ya que está acostumbrada a tratar de aunar voluntades y unificar actitudes.

Estudió Ciencias Económicas en Barcelona, aunque tuvo que acabar la carrera en Bilbao al ser represaliada junto a varios compañeros por solidarizarse con un profesor por un despido político, moneda común en aquellos años -1966- de la dictadura. Su bautismo laboral se produjo en el Banco Industrial de Cataluña realizando estudios financieros y gestión de tesorería. Se incorporó al equipo de Narcís Serra en la alcaldía de Barcelona tras las elecciones municipales de 1979 y durante más de una década adquirió un gran bagaje tanto económico como social como responsable de las empresas encargadas del transporte público urbano: el metro y el autobús. A medidos de los ochenta se encontró con una huelga de ambos sistemas. Ella misma reconoce que como "progres y sociatas" se esperaba del equipo de gobierno municipal más sensibilidad con los trabajadores, pero ya tenía las cosas claras. La habían votado para representar los intereses de los ciudadanos que en ese caso se traducían en "pagar los mínimos impuestos y disfrutar de los mejotres servicios posibles", por lo que se enfrentó a las reivindicaciones para evitar su "incidencia en el bolsillo de los contribuyentes".

En 1991 acude a la llamada de José Borrell para presidir Renfe, a cuya sede central junto a las instalaciones de Chamartín acudía por las mañanas conduciendo el tren de cercanías de las 8,45 desde la estación de Principe Pío.

Encuentra grandes paralelismos entre la dirección de una empresa y un equipo de fútbol por lo que no puede disimular su satisfacción ante la situación actual de su equipo -el Barça- encaramado en las alturas deportivas y económicas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de enero de 2006