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Editorial:

Europa se entona

Europa reacciona, al menos en el aspecto económico. Son ya varios los indicadores que invitan a un cierto optimismo en el futuro de las principales economías del continente, hasta hace poco sumidas en una suerte de parálisis dominada por la falta de confianza de sus agentes. Tras la mejora de la confianza de los empresarios de manufacturas europeos, se ha conocido la correspondiente a las empresas de servicios, de forma particular en Francia y Alemania. La producción manufacturera también ha crecido de forma significativa en Italia. Ahora es de esperar que se asiente la recuperación de la inversión empresarial y de la demanda interna. Diversas estimaciones sitúan ya el crecimiento del PIB en el conjunto de la eurozona en las proximidades del 2% en términos interanuales.

No menos significativo ha sido el descenso en el desempleo de Alemania (110.000 parados menos en diciembre). Es el octavo recorte en los últimos nueve meses, suficiente para que la esperanza en la recuperación empiece a cobrar fuerza en la principal economía de la UE. La gradual recuperación de la confianza de las familias estimulará la demanda interna, condición necesaria para que las expectativas de recuperación se afiancen. La coexistencia de esas señales con moderados ritmos de inflación debería moderar igualmente la orientación de la política monetaria de la eurozona. Tanto más si se asienta la apreciación del euro observada en las últimas jornadas.

Esa recuperación contribuiría a prolongar la fase expansiva de la economía española, ahora que han aparecido indicios de cierto cansancio en el liderazgo de la demanda de las familias y de la construcción residencial como determinante de un crecimiento por encima del 3%. Para el aprovechamiento eficaz de esa mayor pulsación en la demanda de los países vecinos sería necesario acelerar algunas de las reformas previstas por el Gobierno, en especial las destinadas a acelerar la inserción en la sociedad del conocimiento: a fortalecer las habilidades de la población y las dotaciones de capital tecnológico, público y privado. No hay obstáculos ni restricciones presupuestarias para ello.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de enero de 2006