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OPINIÓN DEL LECTOR

Arboricidio y capitalidad

El Consejo de Ministros aprobó el pasado viernes el proyecto de ley de capitalidad, lo que viene a suponer el reconocimiento de las especiales características de Madrid como capital del Estado, según recoge la Constitución. Al parecer, una de las pretensiones del texto es ofrecer soluciones para la mejora de los servicios públicos que reciben los tres millones de madrileños, ya que clarifica, ordena y simplifica las competencias y la gestión del Ayuntamiento, siendo una de las materias sobre las que se otorga mayor competencia, la relativa a los ruidos y la emisión de gases.

Así, la Administración más cercana a los ciudadanos que vivimos en Madrid va a tener mayores competencias en el control de la calidad del aire que respiramos y en el volumen de ruidos que padecemos.

A todo ello se podría añadir que es una gran noticia para Madrid si no fuera porque su alcalde ha optado por un modelo de ciudad arboricida (según la Real Academia Española, este adjetivo sirve para calificar al que destruye los árboles), gris y dura, de espaldas a los ciudadanos y con desprecio total al medio ambiente y a la cultura.

Los miles de árboles que usted ha destruido en la Casa de Campo, en la ribera del Manzanares, en la plaza Elíptica, en Virgen del Puerto, en el parque de la Arganzuela, en Tirso de Molina y en tantos otros barrios de Madrid son tiempo y memoria que no pueden ser sustituidos de ninguna manera. Todos nos aportaban sombra, belleza y compañía, y además emitían cantidades ingentes de oxígeno, amortiguaban el ruido y detenían gran parte de las partículas en suspensión.

Usted ha demostrado ser un pésimo gestor y, como premio, va a tener mayores competencias, se dice, debido a que era un compromiso electoral del presidente Zapatero desarrollando así un precepto que ha estado pendiente durante 28 años, desde que se aprobó la Constitución. Si se ha esperado tanto tiempo para dar cumplimiento a lo que establece la Carta Magna en su artículo 5, ¿por qué no se ha aguardado a que la ciudad de Madrid estuviera en manos de mejores y más responsables gestores.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 29 de diciembre de 2005