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Entrevista:NAMBARIIN ENJBAYAR | Presidente de Mongolia

"Hay que aprender de Gengis Jan"

En 1258, Hülegü Jan, un descendiente del caudillo mongol Gengis Jan, incendió Bagdad y destruyó un legado cultural único. Siete siglos y medio más tarde, los mongoles han vuelto a la capital iraquí, esta vez acompañando a los estadounidenses y con otros fines.

"Enviamos nuestro contingente [de 132 soldados] a Irak porque creemos que Mongolia tiene que ser un miembro activo de la comunidad internacional y cooperar con terceros países. EE UU es nuestro tercer vecino [país con el que existen afinidades ideológicas] y nuestras instituciones políticas y democráticas se desarrollaron en gran medida con su ayuda", dice el presidente Nambariin Enjbayar.

En 2006, se celebra el 800 aniversario de la unificación de las tribus de Mongolia bajo el liderazgo de Gengis Jan, y esta conmemoración es motivo para recordar un imperio que se extendió desde Pekín hasta el Caspio. "El principal mensaje del 800 aniversario de la creación del Estado mongol es que no somos unos bárbaros, sino un pueblo civilizado que en tiempos de Gengis Jan ya habíamos resuelto problemas todavía vigentes", dice el presidente.

Entre las aportaciones de los mongoles a la humanidad, Enjbayar menciona "la tolerancia religiosa entre musulmanes, budistas y cristianos, el libre comercio, la introducción del concepto de inmunidad de los embajadores en el derecho internacional, la creación de un pasaporte y la fundación de un servicio de correos". "Muchos de los elementos del mundo global ya eran parte del imperio mongol y puede que, en el caso de la tolerancia religiosa, se resolvieran mejor que ahora", señala.

El presidente cree que la democracia en Mongolia es una resultante de su legado histórico. "El budismo y la civilización nómada forman parte de nuestra cultura. Los mongoles tenemos una gran capacidad de adaptarse a nuevas condiciones, porque el nómada, para sobrevivir, debe habituarse al invierno, al verano y a las diferentes praderas. El nómada se adapta al mundo y no pide que el mundo se adapte a él. El budismo, por otra parte, entiende que todo está interrelacionado y que la vida no empieza ni acaba en nosotros. Sabemos que existe una relación entre el pasado, el presente y el futuro y una relación entre los pueblos. Si pasa algo en Irak, eso nos afecta y debemos ayudar", dice.

Enjbayar considera que la alianza de civilizaciones de José Luis Rodríguez Zapatero es "una propuesta que debe ser desarrollada". "En el pasado, las civilizaciones se enfrentaban y creían que podían existir con independencia las unas de las otras. Hoy, todos dependemos los unos de los otros. Dependemos de los españoles, de Europa, de EE UU, de Rusia y debemos sentarnos juntos a resolver problemas, sin tratar de afirmar nuestra supremacía. El budismo puede ser un elemento de esa propuesta", concluye.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 29 de diciembre de 2005