OPINIÓN DEL LECTORCartas al director
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Sobre el conflicto en la enseñanza

Obispos, curas y monjas manifestándose (y no es la primera vez) contra el Gobierno. ¿Se imagina alguien algo parecido en Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia... Somos miembros de la Unión Europea, sí, pero aún nos falta bastante para ser europeos de verdad.

¿Pero qué clase de iglesia es ésa, la católica española digo, que no puede ni autofinanciarse, ni adoctrinar siquiera de manera autónoma a sus adeptos?

El ciudadano que no quiere usar sanidad pública (porque, por ejemplo, los vecinos de habitación en el hospital no sean de su agrado) es libre de ir a un centro privado más o menos exclusivo; pero, en ese caso, ¿aceptaríamos los demás que se les subvencionara con dinero público?

El ejemplo que acabo de poner no es gratuito, por supuesto. ¿Cuántos hay que tras la exigencia de libertad para elegir el centro educativo de sus hijos no están pidiendo, en realidad, sino no tener que compartir aula con inmigrantes (inmigrantes pobres, entiéndase) o, en general, con lo que antes se llamaba gente humilde? Porque ésa es otra, si los centros concertados están subvencionados con dinero público, ¿por qué no se les exige que admitan a todo tipo de alumnos, como ocurre en los centros públicos? Y si eso algún día se llevara a cabo, ¿se seguiría pidiendo con tanto celo libertad de elección de centro?

Asisto desazonado a un debate bochornosamente anacrónico mientras que no se menciona sino de pasada y por salvar las apariencias el que es el auténtico y grave problema de la enseñanza en nuestro país, el fracaso escolar. Esto sí que requiere un debate social abierto y riguroso. Porque el problema, según yo lo veo, no está tanto en éste o aquel plan de estudios o en si se puede pasar de curso con dos o tres suspensos, cuanto en el modelo de sociedad que estamos trasnsmitiendo a los jóvenes, modelo que, ciertamente, no los anima al trabajo ni a la superación.

Hablemos entre todos de esto, pongámonos de acuerdo en cuál es exactamente el problema y en sus posibles soluciones, y que vengan luego (repito, luego) los políticos a ejecutarlas, que para eso están.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 08 de diciembre de 2005.

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