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CARTAS AL DIRECTOR

El defraudado soy yo

En octubre de 2004 entra en vigor la reforma del artículo 305 del Código Penal, una reforma que aprobó el PP en su día, y que eleva el delito fiscal por fraude de 90.000 a 120.000 euros. Y luego, el Tribunal Supremo lo hizo extensivo retroactivamente, de forma que aquellos que hubieran sido fraudulentos por menos de esos 120.000 euros y más de los 90.000 anteriormente considerados como delito fiscal, ya condenados, se van a sus casas tan ricamente.

¿Y quién aplaude tal medida? Pues los interesados defraudadores. ¿Pero qué ha podido ocurrir en el alma, en la moral, de esos inspectores de Hacienda que, tras largas horas de investigación, cotejo, idas y venidas, cayéndoseles las cejas en el empeño, para, por fin, pergeñar un informe documentado y decir: "Este señor ha defraudado tanto", y poderlo llevar ante los tribunales? Pues si yo fuera uno de esos inspectores, terminaría por poner en mi trabajo lo que se merece, pero ni un ápice más.

Ya sabemos que la ley penal es retroactiva en cuanto beneficia. ¡Pero se trata de fraudes comprobados a la Hacienda pública....

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 1 de diciembre de 2005