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Reportaje:

Legalizar el opio para salvar Afganistán

Una ONG británica propone que la droga se transforme en morfina para uso médico

El cultivo de opio para transformarlo en heroína genera un 60% del producto nacional bruto de Afganistán, pero significa al mismo tiempo uno de los mayores problemas de seguridad y salud pública tanto para los afganos como para occidente y en especial Europa, que recibe de ese país más del 90% de la heroína que consumen sus drogadictos. Una ONG británica especializada en el problema del narcotráfico, The Senlis Council, propuso ayer que se legalice en Afganistán el cultivo de opio de manera paulatina para transformarlo luego en morfina y codeína, dos analgésicos con gran demanda e insuficiente producción mundial.

La citada ONG presentó ayer su estudio de viabilidad del proyecto con el aval de Chatham House, quizás el foro de debate de política exterior más prestigioso del Reino Unido. El plan, presentado por el director ejecutivo del think tank, Emmanuel Reinert, recibió el apoyo de Raymond Kendall, ex secretario general de Interpol que confesó que su escepticismo inicial ha ido evaporándose a medida que ha ido conociendo el proyecto. En iguales términos se pronunció Gulalai Momand, una joven afgana que explicó que el cultivo de opio para su transformación en morfina sería aceptado por la ley islámica.

Más del 90% de la heroína consumida en Europa viene del país asiático

El proyecto de Senlis se apoya en el precedente de experiencias semejantes a menor escala en países como Francia, la India o Turquía, donde se cultiva opio de forma controlada para abastecer a la industria farmacéutica. Emmanuel Reinert explicó que el proyecto parte de la doble premisa de que el mundo necesita más morfina de la que se produce actualmente y que su propuesta en todo caso no hará que las cosas vayan a peor en Afganistán, porque el 100% del cultivo de opio se destina al tráfico clandestino, generando un círculo vicioso de economía sumergida y corrupción que acaba beneficiando a grupos terroristas -que se financian con el tráfico de drogas-, pero que salpica a la práctica totalidad del país dado su peso económico y la falta de alternativas.

Según las cifras facilitadas por Reinert, el 77% de la morfina que se consume en el mundo es acaparada por sólo siete países (Estados Unidos, Reino Unido, Francia, España, Italia, Austria y Japón). Kendall aseguró que si se transformara en morfina todo el opio que se produce en Afganistán se producirían 4.000 toneladas de morfina, cuando las necesidades globales de este fuerte analgésico se elevan a 10.000 toneladas anuales debido al auge de enfermedades incurables como ciertos cánceres o el sida, en especial en los países más pobres.

El plan consiste en ir otorgando licencias de manera progresiva para ir convirtiendo en legal el opio que ahora se produce ilegalmente. De esta forma, se evitarían los problemas generados por la política apoyada por Naciones Unidas de sustituir el cultivo de la droga por otros cultivos que en la práctica resultan mucho menos rentables para los campesinos afectados. También descalificó la política de comprar la producción de droga para destruirla porque se ha demostrado que acaba incentivando su cultivo. La destrucción de campos enteros mediante herbicidas, practicada por Estados Unidos en Colombia para entorpecer el cultivo de hoja de coca, se ha demostrado ecológicamente inviable.

Según The Senlis Council, su proyecto es más beneficioso que la situación actual en términos de seguridad y de diversificación de riesgos y en términos económicos, sociales y medio ambientales. Los defensores de la iniciativa admitieron que ésta nunca podrá garantizar que no se acabe desviando parte de la producción legal a su transformación ilegal en narcóticos, pero subrayaron que esa cantidad sería una fracción de la que se destina ahora e insistieron en que permitiría ir transformando la economía de Afganistán y convirtiendo a este país de traficantes de heroína en un país exportador de morfina.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de noviembre de 2005