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Entrevista:DOUGLAS ALEXANDER | Ministro británico para Europa

"El presupuesto de Europa debe mirar al futuro, no al pasado"

Hijo de pastor protestante nacido en un pueblo escocés llamado Bishopton, Douglas Alexander (37 años) pasa por ser un hombre de Gordon Brown en el Gabinete de Tony Blair. Aunque sólo es viceministro, tiene acceso a las reuniones del Gabinete porque cuando llegó al cargo, en mayo, la Constitución Europea aún estaba viva y Europa estaba llamada a ser uno de los temas capitales en la tercera legislatura del laborismo. Pero la Constitución Europea murió, para alivio de Blair, y la tarea de Alexander ya no es convencer a los británicos de que Europa es buena para ellos, sino convencer a los europeos de que Reino Unido es bueno para Europa. Aunque el diablo está en los detalles, ésa es una doctrina que Blair y Brown pueden compartir sin darse codazos y que Douglas Alexander, que por su biografía se diría que está más cerca de EE UU que del continente europeo, parece encantado de proclamar a los cuatro vientos.

Ayer recibió a este diario en su despacho del Foreign Office junto a los corresponsales de Le Monde, Il Sole 24 Hore y la revista alemana Focus, en vísperas de exponer el viernes en el Instituto Universitario Europeo de Florencia "una de las contribuciones del Gobierno británico al debate sobre la dirección futura de Europa", dentro del periodo de reflexión abierto tras el no de franceses y holandeses.

Alexander subraya que Blair "dejó claro que cree en Europa como proyecto político" en su intervención en el Parlamento Europeo como presidente de turno de la UE, en junio. Pero aclara enseguida que eso no significa un apoyo "al súper Estado europeo" y advierte de que "el futuro político de Europa no está en crear más Europa en aquellos ámbitos en los que los Estados nación puede actuar por sí mismos".

Alexander asegura que los objetivos de la Europa del futuro, como la del pasado, son "impulsar la paz, la prosperidad y la democracia", pero subraya que "las circunstancias han dado un cambio enorme desde 1950 y ya no es el momento de hacer circunspecciones internas que no hacen más que exacerbar las rivalidades". "Europa tiene que mirar adelante si quiere cumplir sus objetivos. Los retos de Europa han cambiado y ya no están dentro de nuestras fronteras: el terrorismo, el crimen organizado, el tráfico de drogas desbordan las fronteras internacionales y suponen una de las más perniciosas amenazas a nuestra estabilidad. El comercio dentro de nuestras fronteras ya no puede ser el final de la historia en un mundo con mercados crecientemente globalizados".

"Es importante que tengamos un presupuesto que refleje cuáles son las prioridades del futuro de Europa en lugar de ser un legado del pasado de Europa", proclama. Pero su frondosa retórica contrasta con sus parcas palabras al abordar las iniciativas concretas de la presidencia británica. Defiende la apertura de negociaciones de adhesión con Turquía el 3 de octubre "porque una Turquía integrada servirá mejor al objetivo de extender la paz, la prosperidad y la democracia" y porque "será el primer paso de un largo viaje". Pero apenas ofrece detalles sobre el contenido de la cumbre informal convocada para finales de octubre para debatir el modelo social europeo, prefiere "no anticipar" qué hará la presidencia para impulsar la polémica directiva de liberalización de los servicios y, sobre todo, da la impresión de que hay pocas ideas sobre cómo solucionar el embrollo presupuestario tras el bloqueo impulsado por Tony Blair en junio. "Es minimizar la importancia de cuestiones como la manera en que ha de funcionar Europa o cómo ha de financiarse el sugerir que estas cosas pueden estar condicionadas a posiciones personales", argumenta en defensa de Blair y recuerda que otros cuatro países también votaron en contra de la propuesta de presupuesto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 14 de septiembre de 2005