Reportaje:

El corsario Pasolini

Pier Paolo Pasolini, uno de los grandes intelectuales del siglo XX, fue asesinado en 1975. Vivió sin ocultamientos, con absoluta libertad de pensamiento. Dejó películas, dibujos, artículos, diarios, palabras… Una completa exposición en el Círculo de Bellas Artes de Madrid le rinde homenaje a los 30 años de su ausencia.

Un bebé desnudo, regordete y tierno, frente a un adulto de "rostro excavado", mejillas huesudas y mirada grave y profunda, también desnudo, sentado en la cama con un libro que lee con detenimiento. Ambos son el mismo hombre, sólo que entre uno y otro ha pasado medio siglo. Son los rostros de Pier Paolo Pasolini, que guían al espectador cuando se adentra en la exposición Palabra de corsario, un paseo por la vida y obra de un intelectual, un escritor, un poeta, literato y cineasta que murió asesinado hace ahora 30 años.

El principio del final comenzó el 31 de octubre de 1975, Pasolini regresa a su casa de Roma tras pasar unos días en París, donde había revisado la versión francesa de su última película, Saló o los 120 días de Sodoma. Su mesa está abarrotada de papeles a los que echa una rápida ojeada. Al día siguiente, 1 de noviembre, su madre le espera para desayunar junto a su prima, Graziella Chiarcossi. Ya después de comer, aparecen a tomar café a la casa del Eur (el ensanche romano diseñado para albergar la Exposición Universal de 1942, que, debido a la guerra, nunca tuvo lugar) Laura Betti, su actriz fetiche, y Ninetto Davoli, su actor y su amor -"Lo más importante en mi vida ha sido mi madre / se le ha sumado, sólo ahora, Ninetto". (Poeta de las cenizas, 1966)- . Por la tarde, el director de El Decamerón recibe a un periodista para una entrevista que aparecerá publicada días más tarde con una frase premonitoria: "Estamos todos en peligro". Por la noche cena con Ninetto en el barrio popular de San Lorenzo. De madrugada, cerca del puerto de Ostia, escenario de algunas de las escenas de su película Las mil y una noches, Pasolini encuentra la muerte, acuchillado por un joven de 17 años.

"Alrededor de la violenta muerte de Pasolini se ha creado en estos 30 años una auténtica mitología"
"Aquello que tú querías saber, jovencito, acabará sin ser preguntado, se perderá sin ser dicho"

Alessandro Ryker, coordinador de exposiciones del Círculo de Bellas Artes de Madrid, es el comisario del homenaje español al escritor y poeta en el 30º aniversario de su muerte. El desarrollo de la muestra Palabra de corsario - el título se inspira en los polémicos Escritos corsarios- finaliza ahí, en las últimas horas de aquel 31 de octubre de 1975. "Acabarla en este punto ha sido una decisión largamente meditada, porque alrededor de la violenta muerte de Pasolini, en estas tres décadas se ha creado una auténtica mitología. Hay teorías e interpretaciones para casi todos los gustos: mesiánicas, en clave de su homosexualidad, y la -en mi opinión, la única sensata- de la 'muerte política' de una de las mentes más lúcidas del siglo XX, de un polémico corsario que, en plenos Años del Plomo, cuando en Italia el terrorismo de Estado y el asesinato político estaban a la orden del día, empieza a pedir públicamente 'un juicio para los jerarcas políticos' de su país… Sinceramente, no creo que la muerte de Pasolini necesite de teorías, sino de investigaciones judiciales".

Así, como a un corsario, le ve también Angela Molteni, una milanesa amante del cine y la literatura, que cultiva el mito de Pasolini en un lugar adecuado a los tiempos: la Red. La web creada por esta mujer de 70 años (www. Pasolini.net) es un altar consagrado a la vida y obra del intelectual italiano. Visitada por un millón de internautas, muestra el interés que aún hoy despierta la figura del hombre que confesaba tener tres ídolos: Cristo, Marx y Freud. Pasolini, para Molteni, "es el primer artista que puede ser calificado de poeta multimedia. Tanteó los lenguajes más diversos: la palabra y el dibujo, el teatro y el cine, la canción y la música". Molteni creó este portal en 1997, con la ayuda de un joven estudiante, Massimiliano Valente. Titulada Página corsaria, nació con 499 páginas, 568 imágenes, 31 secuencias sonoras y 11 contribuciones de los visitantes. Hoy acumula 1.164 páginas, 1.828 imágenes, 103 secuencias de películas, y las colaboraciones de los visitantes han aumentado hasta 249. "Con Internet, sus escritos han conseguido un predominio absoluto, aunque también figuren en la web fragmentos de sus obras recitados por la actriz Laura Betti y algún amigo del poeta". "Ah, aquello que tú querías saber, jovencito, / acabará sin ser preguntado, se perderá sin ser dicho…". Con estos versos de su poesía A un ragazzo (A un joven), Pier Paolo le recordaba en 1956 a Bernardo Bertolucci, hijo de su amigo Attilio, gran poeta italiano, los vericuetos de la amistad, de la vida. El director de Novecento tenía entonces sólo 14 años, pero aún recuerda la profunda huella que le dejó quien fue su maestro y su mentor.

Pasolini, Susanna, su madre, y Graziella Chiarcossi, la joven prima de Pier Paolo, se mudaron en 1959 a la Via Carini de Roma, y la amistad con los vecinos Bertolucci se acrecentó. Un adolescente, Bernardo, compañero del joven Pier Paolo desde los tiempos de la Universidad, escribía poesías y se las daba a leer al camarada de escalera. "Era rapidísimo en la lectura y en el juicio", recuerda el cineasta en uno de los textos que figuran en la muestra. Años después de aquellas lecturas juveniles, será Pasolini quien animará a Bertolucci a publicar sus poemas. En 1961 comenta a su joven amigo que va a dirigir una película, Accattone, y le pide que sea su ayudante de dirección. Durante aquel rodaje "hablamos sin parar", recuerda Bertolucci: "Yo tenía la sensación de que sus palabras me descubrían secretos que nadie más sabía". El rodaje de Accattone, escribe hoy Bertolucci, "fue una experiencia intoxicante y dramática. En mi primera aproximación al cine me esperaba de todo, pero no el asistir al nacimiento del cine de Pasolini". De aquellos años, Bertolucci recuerda cómo admiraba Pasolini a Chaplin, y su fervor por la película Juana de Arco, de Dreyer, que tuvo la oportunidad de ver en uno de los primeros cineclubes de la posguerra italiana. "Una vez", dice Bertolucci, "espié sus lágrimas mientras contemplaba la película El intendente Sansho, de Mizoguchi. Su referente no era el cine, que conocía poco… Mientras rodaba su primera película, él se inventó el cine, con la pasión de quien se encuentra entre las manos con un nuevo instrumento para expresarse".

"Yo soy un admirador de Pasolini", confiesa Ryker. "Organizar esta exposición era una idea que me rondaba hace tiempo. Hice dos intentos cuando aún vivía la actriz Laura Betti, quien a su muerte se erigió en depositaria espiritual de su obra. Me dijo que no. Pero al morir ella descubrí que la verdadera heredera siempre había sido su prima Graziella Chiarcossi, tomé la decisión de escribirle y creo que la convencí". Y ha sido ella quien ha proporcionado materiales inéditos, poemas, fotos y una extensa colección de dibujos y pinturas para este homenaje. "El 80% de lo que se va a exponer no se ha visto nunca en España y apenas en Italia, y la variedad de obras es lo bastante amplia para descubrir a un personaje que muchos creen conocer, pero en realidad no conocen", señala.

Dibujos de Ninetto, de Roberto Longhi, uno de los grandes críticos de arte italianos; de Maria Callas… Pocos conocen la faceta pictórica de Pasolini. Le gustaba pintar, y lo hizo sobre todo durante su juventud. Amaba la pintura de Giotto, de Masaccio y de Piero della Francesca, pero sentía pasión por la de Caravaggio, un personaje en cierto modo pasoliniano, asesinado, como él, en una noche oscura por un rufián. "En algún momento pensó que iba a ser exclusivamente pintor. Es bueno dibujando, pero nunca hubiera descollado como lo hizo escribiendo y dirigiendo". Pasolini acarició durante mucho tiempo la idea de la pintura y hasta expuso alguno de sus autorretratos en alguna muestra colectiva. Su afición a la pintura marchó en paralelo con la de la escritura. Y gracias a su manía de emborronar papeles la vida de Pasolini es un libro abierto. Nació un 5 de marzo de 1922 en Bolonia. La carrera militar de su padre, Carlo Alberto, teniente de infantería, un fascista acérrimo, obligaba a la familia a sucesivos traslados de un cuartel a otro. Parma, Conegliano, Belluno… Los recuerdos de infancia de Pasolini son muy precoces. Nino Naldini, uno de sus biógrafos, recopila algunos. De Bolonia, por ejemplo, Pasolini rememora la casa de su abuela, "una mujer agresiva y bebedora de chianti"; de Belluno, la cocina y la mesa "en la que comenzaba a medir mi estatura". Todos estos recuerdos, Pasolini los vuelca entre 1946 y 1947, en unos sencillos cuadernos con rayas y tapas rojas. Los Cuadernos rojos son un material autobiográfico de primera mano que aparecen una y otra vez en sus obras cinematográficas y literarias. "Yo he querido acabar", dice Ryker, "con el mito que existe en España de que Pasolini era un director que ocasionalmente escribía algún artículo, y he querido devolverle su imagen real, la de un literato puro que, en un momento de su vida, coge una cámara para seguir expresándose literariamente en cine".

Los versos de su poema-biografía Poeta de las cenizas ilustran el recorrido por la muestra. Cada estrofa señala puntos clave de su trayectoria: "No hay sólo que comprometerse con la escritura, / sino con la vida… / y aquí / yo, pequeño burgués que lo dramatiza todo, / tan bien educado por una madre de dulce y tímida alma / de la moral campesina, /quisiera hacer un elogio / de la inmundicia, la miseria, la droga y el suicidio…". Pasolini sintió siempre un intenso amor por su madre, Susanna Colussi, maestra de escuela nacida en Casarsa, en la provincia de Udine. Precoz en todo, Pasolini comenzó a escribir temprano: "He sido un poeta de siete años / -como Rimbaud-, pero solo en la vida". También a dibujar. En sus Cuadernos recuerda sus problemas para dibujar lo real y lo simulado. "El hecho de la representación me parecía algo terrible y primordial… Ante el problema de reproducir un prado, me volvía loco. La cuestión para mí era ésta: ¿es necesario que dibuje todas las briznas de hierba? En aquel tiempo no sabía que rellenando con el pastel verde toda una zona obtendría la masa del prado, y que esto sería una excusa suficiente para descuidar las briznas de hierba. Tales hipocresías todavía estaban muy lejos de mí, y con una auténtica paciencia me resignaba a colorear un campo verde que debía ser el prado en el que Dios insufló la vida a Adán".

Su hermano Guido, dos años menor que él, fue a veces involuntario modelo de sus dibujos. Traza sus rasgos a carboncillo, recrea sus gestos, su mirada. Los rostros de Guido están también presentes en la exposición. Pasolini lo adoraba, y su temprana muerte le pesó como una losa de culpabilidad y remordimiento. Refugiados de los alemanes a principios de 1944 en Casarsa, la tierra natal materna, Guido participó en la Resistencia contra los alemanes y los fascistas, animado por su hermano, pero en febrero de 1945 el partisano Guido Pasolini muere en "un combate contra fuerzas irregulares", paradójicamente a manos de los comunistas, el partido al que perteneció Pasolini y del que fue expulsado por "corrupción de menores y actos obscenos en un lugar público".

La obra completa de Pasolini, editada en Italia por Mondadori en su colección Meridiani, la forman diez volúmenes, más dos de correspondencia. "Fue uno de los intelectuales más importantes del siglo XX. Analizar el mundo a través de él es una experiencia extraordinaria porque no tiene pudores, no oculta nada. Tiene una absoluta libertad de pensamiento". Para Ryker, mostrar este Pasolini nunca visto es casi una obsesión. Ha traducido y recopilado poesías prácticamente desconocidas, como la de Negociaciones con Franco, escrita tras un viaje de Pasolini a Barcelona: "Antes de hacerse castellana, / el alma debe aprender catalán / dentro de un cuerpo andaluz". Y ha agrupado sus últimos artículos, los escritos desde 1973 para el Corriere della Sera. "Un azote para la clase política y tan emblemáticos como su idea sobre el aplanamiento social, la tendencia a una uniformidad". El corsario desnudo, el intelectual puro y vulnerable. Su vida, mostrada al espectador a través de sus palabras. El final, un gran puzzle de páginas de diarios españoles de 1975 con sus titulares llamativos: "Ha muerto Pasolini".

'Pasolini, Palabra de corsario', del 15 de septiembre al 30 de octubre, Círculo de Bellas Artes de Madrid. Incluye un ciclo de cine en el que se podrán ver 11 de los 15 largometrajes de Pasolini, así como todos sus documentales inéditos en España.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 11 de septiembre de 2005.