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Reportaje:

Unas elecciones en la miseria

Mubarak será reelegido hoy presidente de Egipto con la gran asignatura pendiente de salvar la economía del país

Ibha al Aghami tiene 27 años y un trabajo. Según las estadísticas, es afortunado porque un 20% de los egipcios está en el paro. La tasa se duplica entre quienes buscan su primer empleo. Sin embargo, con un sueldo de 200 libras egipcias mensuales (apenas 30 euros), Ibha tampoco se ha beneficiado de la reforma económica emprendida por el presidente Hosni Mubarak hace dos décadas. El 50% de los egipcios vive con estrecheces, y casi un 20%, bajo el umbral de la pobreza. Parece difícil que las elecciones presidenciales de hoy vayan a cambiar esa situación.

Tras una interrupción de dos años para hacer el servicio militar, Ibha acabó su licenciatura en la Universidad de El Cairo el año pasado. Encontró una plaza de profesor en la escuela coránica de Al Azhar, en el viejo Cairo, su barrio. "Enseño lengua árabe a niños de entre 5 y 10 años", cuenta. No lleva la barba, usual entre los religiosos, y se define como un chico moderno. "No es un problema", asegura. Su verdadero problema es vivir con las 200 libras egipcias que el Estado le paga mensualmente.

La corrupción ha penetrado en todos los niveles de la Administración

Los asesores del presidente admiten que el plan económico requiere inversión

"No es suficiente", lamenta el joven sin dejar de sonreír. Y lo peor es el horizonte. El sueldo máximo de sus compañeros veteranos es de 400 libras. Igual para los médicos, los ingenieros o cualquier empleado público (7 millones de personas, un tercio de la fuerza laboral). Ibha está soltero y vive con una hermana porque sus padres han muerto. Con su precario inglés, trata de acercarse al paraíso del turismo y cuando no tiene clases merodea los grandes hoteles internacionales en busca de una oportunidad.

No anda desencaminado. Mahmud H. gana tres veces más que él como camarero en una de esas moles de cemento y cristal. Aparcó su título de licenciado en derecho y empezó haciendo camas, pero se apuntó a un curso de inglés que le ha servido mucho más que los cinco años de universidad. "Haciendo camas apenas recibes propinas, pero como camarero, hay meses que duplicas el sueldo", confía. "Dos amigos que entraron en el funcionariado no sólo ganan menos que yo, sino que tuvieron que pagar un soborno para conseguir el puesto", asegura.

Es un secreto a voces. La corrupción ha penetrado todos los niveles de la Administración. La necesidad de trabajos es tal que se ha desarrollado una verdadera mafia. Algunas denuncias en la prensa hablan de que los empleos públicos se venden a entre 3.000 y 15.000 libras egipcias (425 y 2.125 euros), según el cargo.

Pero pocas familias pueden permitirse esos desembolsos. Los barrios de El Cairo y de otras ciudades egipcias están llenos de jóvenes que pasean su ociosidad entre la resignación y la impotencia. Columnistas y políticos coinciden en que son un potencial caldo de cultivo para el islamismo radical o la mera delincuencia. Sin embargo, las medidas adoptadas hasta ahora han resultado insuficientes. Los crecimientos anuales de un 3% no cubren un crecimiento de población cercano al 2% y que exige la creación de 750.000 empleos al año sólo para mantener el paro en su nivel actual (dos millones de personas, según las cifras oficiales, y el doble, según el FMI).

Mubarak, cuyo triunfo en las presidenciales de hoy está cantado, ha aprovechado la campaña electoral para anunciar un ambicioso plan de inversiones por un importe de 320.000 millones de libras egipcias. De ahí saldrán los 700.000 empleos anuales que ha prometido durante su nuevo mandato. Una de las cuatro patas de ese proyecto es el turismo que recibiría una inyección de 8.000 millones para incrementar el número de camas de 160.000 a 300.000, y proveer 1,2 millones de puestos de trabajo. También ha prometido duplicar los salarios más bajos de la Administración.

Los críticos esgrimen el riesgo de que aumente la elevada deuda pública. Los asesores del presidente admiten que el plan requiere un aumento sustancial de la inversión privada, tanto local como extranjera. Sin embargo, ha sido la falta de progresos sustanciales en la reforma económica iniciada en los noventa la que ha limitado la inversión exterior directa. Ibha no entra en ese debate. Tiene claro desde el principio que va a votar a Mubarak, aunque cuando se le pregunta el motivo no menciona la promesa de mejorarle el sueldo, sino un muy sentido "porque le conozco". La mayoría de los egipcios no conocen a ningún político más.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de septiembre de 2005