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OPINIÓN DEL LECTOR

Cierra Casa Montes

César Montes -tabernero que nos idiotiza y las enamora-, hijo de La Hija de Dios (Ávila), aunque de Lavapiés, 40, donde está su casa, Casa Montes desde que su padre la abriera en 1939, y donde él nació en 1941 -allí mismo, en la trastienda-, cierra el negocio.

La puntilla se la dieron, en la plaza de Lavapiés, emboscada por las obras del metro -boca de lobo-, hace apenas un mes. Un toque en la nuez y cayó sin sentido. Eran tres y se llevaron la cartera con sus papeles y sus dineros. Lo dejaron allí, tirado, en ese callejón oscuro que ha creado este Madrid en construcción. En casi 65 años de vida en su barrio, a César nunca le habían hecho nada parecido. Llegó a Lavapiés como hijo de la emigración y otros hijos de la emigración le echan de su calle.

Quedarán para el recuerdo sus rimas políticas inmisericordes, sus respetuosos piropos, sus vinos, sus cañas y sus pinchos, las viejas del barrio se quedarán sin quina, y ellos -los viejos que quedan- sin el digestivo ponche. Y nosotros sin él y con un inmenso vacío en la plaza del Campillo de Manuela, de donde también se va Ramírez, niño asturiano de la posguerra, anticuario y transportista, que se muda a mejor zona, por lo que le pueda pasar.

Puede que estén rehabilitando Lavapiés, sus calles, sus casas, sus transportes, pero, mientras tanto, la vida del barrio cambia, una muere con dolor y otra nace con tristeza. Adiós, César, tabernero.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de agosto de 2005