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Crítica:

Leyendas de hoy

Vita es un fresco histórico que ayuda a comprender el presente, además de una epopeya íntima y triste. Nueva York a comienzos del siglo XX, inmigrantes, amor...

Poco antes del final de esta espléndida novela -que no tiene fin, sino que recomienza cuando debía terminar, como si rememorar una épica familiar fuera una tarea que no pueden cerrar las palabras-, la autora escribe: "La historia de una familia sin historia es su leyenda. La leyenda que de generación en generación se enriquece con detalles, nombres, episodios". Melania Mazzucco (Roma, 1966) ha ensayado un relato que se ha prodigado en autobiografías y memorias, y que en general se malogra por exceso de ensimismamiento genealógico: la crónica familiar. Pero Mazzucco va más allá. Con la información disponible, rastreando datos en archivos y en periódicos de la época, sirviéndose de los brumosos recuerdos de los parientes aún vivos, cuenta los estragos, la pasión y la desdicha de sus ancestros familiares, emigrantes italianos en la Nueva York de principios del siglo XX, y las consecuencias de esta peripecia en los descendientes. Al narrar la tenaz obstinación de sus hazañas y miserias restaura la propia memoria y la propia identidad.

VITA

Melania G. Mazzuco

Traducción de Xavier

González Rovira

Anagrama. Barcelona, 2005

541 páginas. 23 euros

De ahí que, además de una novela sobre la emigración, antes de nada Vita es un testimonio de agradecimiento, ofrenda a las vidas desconocidas, anónimas, que sin pertenecer por lazos de sangre a la familia, forman parte de ella, la cohesionan y a la vez la amplían, fragmentándola hasta implicar a las generaciones hoy avergonzadas de tener un pasado de pobreza. Pero nada hay, sin embargo, en esta novela que favorezca los peligros de la emoción barata, tan contagiosa en las historias de familia. La autora ha creado una sabia trama que prescinde de la cronología, y se orienta a enfocar, con una delicada introspección, la confusión y los fracasos de sus personajes.

Los protagonistas de esta leyenda familiar, Diamante y Vita, de doce y nueve años, llegan a Nueva York con el sueño de dejar atrás el hambre y la miseria. Ingresan en un mundo sorprendente, aunque en realidad igual de miserable que el que han abandonado, pero lleno de promesas. En una sórdida pensión del gueto italiano, los dos chicos establecen un vínculo que se ajusta como un guante a una historia de amor imposible. Mazzucco, siempre hábil, los emplaza en escenarios opuestos y complementarios, les dota de distinta índole dramática y, contrastando el universo femenino y masculino, explora los diversos ambientes.

La novela funde en un mismo haz el desencuentro vital de los chicos. Diamante, abuelo de la autora, regresará a Italia con el sueño de América destruido; Vita se quedará y hará fortuna. Y años después, un hijo de Vita, capitán del Ejército norteamericano, buscará en Roma, en la inmediata posguerra, al hombre que pudo ser su abuelo. Mazzucco articula su novela insertando en la saga de los emigrantes su investigación de la realidad con la invención de la leyenda. Ambas, realidad y leyenda, poseen en la narración una misma aura de veracidad, y adquieren un sereno patetismo al incluir la vocación del padre por "las causas perdidas, las empresas fallidas, los sueños no realizados". Fue esa aceptación del padre "de un moderado fracaso", en cuya actitud se adivina la "huella invisible" del abuelo, lo que motivó en Mazzucco la necesidad de escribir sobre las secuelas de la emigración en la actualidad, ahora que Italia no exporta fuerza de trabajo, sino que la recibe. Vita es además de una epopeya íntima y triste, que expresa la fatalidad y la exigencia de una vida digna: "Pertenecemos menos al lugar de donde venimos que a aquel al que queremos ir".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 30 de julio de 2005

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