Reportaje:

Gades según Gades

La fundación que legó el bailarín echa a andar con un libro de fotos y frases del artista

Mañana se cumple un año de la muerte en Madrid de Antonio Esteve Ródena. La Fundación Antonio Gades, que él diseñó antes de morir, ha esperado hasta ahora para empezar a sacar a la luz sus trabajos. El presidente de la fundación es su amigo y colaborador Faustino Núñez, autor de la música de Fuenteovejuna. Núñez presentará el miércoles en la SGAE junto al máximo responsable de la entidad, Eduardo Bautista, el primer fruto de este año de trabajo: el libro Antonio Gades (Fundación Gades y Fundación Autor). La edición, en formato grande y papel de lujo, repasa, a través de imágenes de fotógrafos como Colita, Pepe Lamarca o Antonio Cores, enlazadas con frases del genial bailarín y coreógrafo flamenco, su obra, su arte y su vida. He aquí algunas de esas sentencias, a caballo entre el rigor y el humor, del autor de El amor brujo y Bodas de sangre.

- De Elda a Madrid (1936-1952). "Yo, a pesar de haberme criado en una dictadura, aprendí desde pequeño, en mi casa, a ser libre".

"Al comienzo de los años cincuenta trabajaba en el Abc unas cuatro horas, a la salida de la edición, de madrugada. Cobraba, me acuerdo perfectamente, treinta y tres coma sesenta y cuatro pesetas a la semana. Y al salir de Serrano, 61 cruzaba a la frutería de enfrente para empezar mi segundo trabajo de repartidor. No me hubiera atrevido a ser ingeniero o médico. Había que buscar una salida marginal y entre las más atrayentes estaba el baile. Llegué al baile por hambre".

- Con Pilar López (1952-1961). "Pilar López me enseñó a estar en el escenario dentro y fuera. La primera lección que me dio fue de humildad. Y me enseñó no sólo la estética, sino la ética de la danza, que consiste simplemente en hacer el baile tal y como es, y no buscando el aplauso fácil".

- En Italia (1961-1962). "En 1962, Giancarlo Menotti me encargó la coreografía de la ópera Carmen, para el Festival de Spoletto. Ése fue mi primer trabajo como coreógrafo".

- 'Los Tarantos' (1962). "Todos los bailarines, coreógrafos, las gentes de la danza y el baile, formamos parte de un gran árbol, cuyas ramas surgen en las más distintas direcciones. Pero en ese árbol no está Carmen Amaya, que es una figura inclasificable".

"Vicente Escudero decía de mí que era un ladrón de oído, porque yo estaba siempre atento, escuchando y, bien o mal, intentaba seguir sus consejos. Él me enseñó la posición de la mano".

"A mí todo eso del duende y la inspiración... Qué quieres que te diga. Creo en el trabajo, en la música y la sensibilidad, que también es una educación".

- La dictadura (1964). "¿Que qué pasó con Don Juan? Me pegaron un palo que me dejaron de todos los colores. En 1965 estrenamos aquel espectáculo con música de García Abril, libreto de Alfredo Mañas sobre textos de Neruda, Alberti, Omar Khayyam... y coreografía de Granero y mía. Salía al escenario y comenzaba diciendo: 'Dame vino, amada joven mía, que vale mucho más, cuando amanece el día, el eructo de un borracho que el rezo de un hipócrita. ¡Te imaginas la que se armó!".

- Con Cristina Hoyos (1968). "La danza no está en el paso, sino entre paso y paso. Hacer un movimiento tras otro no es más que eso, movimientos, pero el cómo y por qué se ligan, qué se quiere decir con ellos, eso es lo importante".

"Cualquier bailarín con técnica sabe cómo arrancar un aplauso al público. Pero eso es algo momentáneo; eso es espectáculo, no arte".

"Un extracto de fuego y de veneno, eso es el flamenco".

"La jota es la jota. ¿Crees que metiéndole un paso de rock la enriqueces? No, todo lo contrario; yo creo que la empobreces".

"Tamirú, [acrónimo de taranto, mirabrás y rumba], los bailes que me aseguraban cerrar un espectáculo con éxito".

- 'Bodas de sangre' (1974). "Yo prefiero partir de un texto, no de la música. Escojo lo que me interesa y comienzo a montar la coreografía en mi mente; luego, con los bailarines, busco el ambiente, el tiempo lógico de duración y recién allí le pongo la música que me parece adecuada. Hice Bodas de sangre primero sin música, amparado solamente en el ritmo y en las imágenes que veía y sentía en mi cabeza y en mi corazón".

"Hay que darlo todo. No se puede ir a la batalla y pasar el tiempo escondido entre los árboles".

"Con la danza española y el flamenco se han cometido tantos excesos que yo me propuse que nada fuera gratuito ni superfluo".

- Cuba (1975). "Donde más he aprendido en organización, en cómo crear un ballet, en cómo llevar a los bailarines, ha sido en Cuba. Alicia Alonso ha contribuido a enseñarme el verdadero sentido de un trabajador de la cultura".

"La profesión de hombre es la más difícil que existe. No se termina de aprender nunca".

"El mar me gusta desde que tenía tres años y lo vi por primera vez. Era invierno y me llevó mi madre a la playa, en Valencia. Me atrajo y me metí en el agua con abrigo y todo".

- El BNE (1979-1980). "El Ballet Nacional fue el único ballet en el mundo oficial que ganó dinero, o sea, que no le costó a las arcas del contribuyente nada".

"No todo es ejercicio físico, tiene que haber una escuela que eleve el nivel intelectual de los bailarines y que les ayude a encontrar el porqué de las cosas. Es más importante comprender por qué se baila esa danza que saber cómo se baila".

- Con Antonio Saura (1981-1989). "La colaboración en Bodas de sangre tuvo lugar con posterioridad a la creación del ballet del mismo nombre. Yo tenía el ballet hecho. Entonces decidimos filmarlo con Emiliano Piedra y Carlos le dio su lado (visión) cinematográfico a la obra. No es así el caso de Carmen, que lo pensamos desde el principio hasta el final para hacer una película y luego decidimos hacer la obra de teatro, convertirla en teatro".

"En mi compañía bailan los gordos, los calvos, los feos, los guapos, los viejos... Tiene derecho a bailar todo el mundo".

"Lloro de miedo cada vez que comienzo un proyecto nuevo".

- El mar (1990-2004). "Cuba no es una aventura, es el puerto de mi vida".

"Lo más importante de las obras que he hecho es el colectivo, el pueblo que siempre está ahí, de protagonista o de observador".

"La única pena de morir no es no poder bailar, es no poder volver a navegar".

"Yo no voy a ir al cielo. Lo del cielo me da igual, lo importante es que el trabajo haya sido digno y honesto".

"Soy una persona que se ha ganado la vida en silencio. Además, soy como el aire. Ni dije cuándo venía, ni voy a decir cuándo me voy".

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0018, 18 de julio de 2005.

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