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Reportaje:CUMBRE DEL G-8 | La situación en África

Las esperanzas del algodón

Las subvenciones occidentales y los cambios de precios amenazan la economía de Burkina Faso, que depende del 'oro blanco'

Bajo un calor asfixiante en este incierto inicio de estación de las lluvias, Abu Uattara pasea entre sus modestas alineaciones de brotes verdes. Cultiva el algodón con orgullo. Para este agricultor de 37 años, como para los 550.000 algodoneros de Burkina Faso, el año 2005 quedará como el del récord: 630.000 toneladas de semillas cosechadas. Este país, clasificado entre los más pobres del planeta, ha alcanzado, por primera vez, la cabeza de los países productores de fibra blanca del África subsahariana.

En 10 años, el tonelaje se ha multiplicado por cinco, lo que confirma el éxito, pero agrava la dependencia del país de un cultivo cuyo precio de mercado ha disminuido: el 65% de los recursos en divisas de Burkina Faso proceden de este oro blanco y un tercio de sus 12 millones de habitantes vive de él.

El 80% de los burkinabeses viven cada día con menos de 1,5 euros

La debilidad del dólar frente al euro oscurece el futuro del algodón en el continente

A tan solo una hora de Bobo Diulaso, la capital algodonera de Burkina, se esfuma la aparente prosperidad de la veintena de hectáreas que Uattara posee en la localidad de Misidiugu. Su minúscula cabaña familiar carece de electricidad y para llenar sus bidones de agua debe de recorrer tres kilómetros. Pero él no quiere quejarse. Hijo de un campesino y bachiller -un milagro en las zonas rurales-, Uattara se dedica al algodón porque es la única producción cuyo precio se conoce con antelación en Burkina Faso.

A los que le reprochan su renuncia al cultivo tradicional, les muestra orgulloso la decena de bovinos y las 12 colmenas de abejas que ha podido comprarse gracias a los ingresos del algodón; eso sin contar su modesto huerto de cereales que alimenta a su familia. "Saldremos adelante gracias al trabajo", asegura. Sin embargo, este voluntarismo choca con una realidad: el implacable descenso del precio del algodón.

Frente a los 0,32 céntimos de euro por kilo que se pagaba en 2004 -el precio garantizado por Sofitex, la única sociedad compradora-, en 2005 se situó en 0,27 céntimos de euro, el año de la producción histórica.

Las ventas de la pasada temporada permitieron a Uattara reunir un beneficio de 2.745 euros, el equivalente a 7,5 euros por día. A pesar de ello, es un privilegiado, pues el 80% de los burkinabeses sobreviven con menos de 1,5 euros diarios. Para compensar el descenso de los precios, Uttara quiere aumentar la superficie dedicada a este producto. Pero las cifras de Sofitex no cuadran: el precio de venta del algodón fibra que sale de las fábricas de engranaje se quedará lejos del precio de producción. El director general de la empresa, Célestin Tiendrebeogo, estima el posible déficit en 35 millones de euros. Uattara culpa a las subvenciones que ofrece Estados Unidos y la UE a sus productores: "Es una nueva manera de colonizarnos".

Las ayudas ofrecidas por los grandes defensores del libre comercio permiten colocar enormes cantidades de algodón en el mercado, lo que provoca una caída de los precios y deja fuera de circuito a los países del Sur a pesar de su bajo coste de producción. Las pérdidas ocasionadas por esta práctica desleal para Burkina Faso son superiores al beneficio que aportaría una posible condonación de la deuda exterior, según datos de Oxfam. El Norte recoge con una mano lo que dio con la otra, asegura esta ONG británica.

El mundo conoce esta mecánica infernal desde que en junio de 2004 Brasil consiguió que la Organización Mundial del Comercio (OMC) condenase a Estados Unidos por subvencionar el algodón. El año anterior, cuatro países africanos (Benín, Burkina Faso, Malí y Chad) llevaron el caso a la cumbre de Cancún (México), pero no obtuvieron resultados concretos. "Sin subvenciones, el algodón estadounidense costaría dos veces y media más que el precio mundial; el algodón europeo, tres veces más y el conjunto de las filiales africanas estarían en equilibrio", asegura Tiendrebeogo.

"Si el precio mundial del algodón sigue bajando, los agricultores africanos emigrarán a Francia o cultivarán cannabis", advierte en París Gilles Peltier, director de Dagris, la empresa pública francesa heredera de la filial de algodón colonial y principal operadora en Burkina Faso.

En su gira africana, Paul Wolfowitz, el presidente del Banco Mundial, hizo escala el 19 de junio en Bobo Diulaso, capital del algodón de Burkina Faso, donde prometió abogar por el "descenso" de las subvenciones norteamericanas en la próxima cumbre de la OMC, que se celebrará en diciembre en Hong Kong.

Uttara, nuestro pequeño algodonero de Misidiugu, no se creyó una palabra pronunciada por el estadounidense, convencido de que Wolfowitz "olvidó sus promesas nada más abandonar África".

La última prueba de que los occidentales quieren "empobrecer aún más a los países pobres" es, a su juicio, la subida de la moneda europea frente al dólar. Pagados en divisa norteamericana, los ingresos del algodón se han visto reducidos por esta razón en un 30% en los países del África francófona, cuya moneda, el franco CFA, está vinculada al euro. Este nuevo golpe vuelve a lanzar el debate sobre la devaluación del CFA.

La debilidad del dólar oscurece un poco más el futuro del algodón en el continente subsahariano, cuya productividad lleva 20 años estacada y cuyos costes son ahora más altos que los de los países emergentes como Brasil e India. La situación es tal que empequeñecen los dos miedos atávicos de Abu Uattara: la sequía que amenaza sus campos y los elefantes que acaban de devastar su platanal.

© Le Monde / EL PAÍS

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de julio de 2005