Reportaje:

EDF: ¿privatizar para qué?

Villepin vende participaciones empresariales para enjugar la deuda estatal y al tiempo promueve nuevas agencias públicas en Francia

Francia vive por encima de sus posibilidades. El montante total que se espera recaudar en 2005 en concepto de impuesto sobre la renta de las personas físicas no será suficiente para pagar los intereses de la deuda pública. Es Thierry Breton, el ministro de Economía y Hacienda, quien ha expuesto así, crudamente, la realidad económica de un país que lleva como mínimo 10 años sin abordar ninguna de las reformas sustanciales indicadas por todos los especialistas: la modernización y reducción del perímetro del Estado, la flexibilización del mercado de trabajo, la equiparación de derechos y obligaciones entre el sector público y el sector privado.

De GDF (Gas de Francia) el Estado espera obtener unos 4.000 millones de euros a base de poner en el mercado entre un 20% y un 22% de sus acciones
Apagones en distintas ciudades avisan al Gobierno que los sindicatos no aceptarán una venta de empresas que sea lesiva para sus intereses

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El 8 de junio Dominique de Villepin, el flamante primer ministro, anunció una serie de privatizaciones inminentes. "El producto de esas cesiones servirá para desendeudar el Estado", dijo al tiempo que anunciaba que pensaba duplicar el montante destinado a dos agencias de nueva creación: la de la innovación industrial y la de las infraestructuras de transporte. Es decir, que el Estado iba a recuperar con su mano izquierda lo que vendía con la mano derecha. De GDF (Gas de Francia) se espera obtener unos 4.000 millones de euros a base de poner en el mercado entre un 20% y un 22% de sus acciones. Por ley, el Estado está obligado a seguir siendo el titular del 70%. Hasta nueva orden.

Malos precedentes

GDF, como EDF (Electricidad de Francia), son hoy sociedades anónimas en las que el Estado es el único accionista. Eso es así en teoría pues en la práctica, debido a su expansión internacional, tanto por Europa como en América Latina, Asia o África, EDF es cada vez más una empresa con socios privados, que cotiza en Bolsa. Sólo la sociedad madre, el núcleo duro, se resiste. Villepin cree que a finales de año EDF se convertirá en 8.000 o 10.000 millones de euros para las exhaustas arcas del Estado.

Para los sindicatos, escarmentados con lo ocurrido con anteriores privatizaciones, que no han servido para reducir la deuda sino para afrontar los gastos corrientes -"se venden las joyas de la familia", dicen en la CGT- y que han comportado importantes reducciones de plantilla, la privatización es una amenaza. En 2004 hubo 350 trenes anulados a causa de acciones de los trabajadores de EDF, las personas que habían visto como se les cortaba el suministro por falta de pago disfrutaron de varias semanas de electricidad gratis gracias a la acción sindical y, más recientemente, ya en 2005, el 16 de junio, las ciudades de Lille, Roubaix, Tourcoing o Wasquehal, por sólo citar las más importantes de la aglomeración entorno a Lille, permanecieron durante varias horas sin alumbrado público. Son gestos destinados a demostrar el poder de movilización y la determinación de las centrales sindicales.

Hay que recordar que los trabajadores de EDF y GDF figuran entre la aristocracia obrera de Francia. Para ellos -entre las dos sociedades son más de 200.000- la semana laboral de las 35 horas no representaba ninguna mejora notable cuando se impuso en 1997 porque una buena parte de los asalariados ya no las efectuaba. Su estatuto asimilado al de funcionario les protegía de despidos intempestivos, la empresa les garantizaba un plan de pensiones por encima de cualquier otra oferta equivalente y disfrutaban -disfrutan- además del privilegio de sólo pagar el 10% de su factura energética.

Decepción en France Télécom

Para ganarse o, cuando menos, neutralizar a los trabajadores, la dirección, con el beneplácito ministerial, parece dispuesta a reservar el 15% de los títulos que salgan a Bolsa para los miembros de la gigantesca plantilla, repitiendo así la maniobra que tan buen resultado diera con Air France. "El proceso de ampliación de capital de EDF se efectúa con el propósito de reforzar un proyecto industrial ambicioso", dice Villepin.

El destino de EDF habrá que leerlo en GDF más que en la enésima ampliación de France Télécom. Ahí el gobierno Villepin ha tenido una decepción: esperaba vender el 8% de las acciones de la sociedad y sólo ha encontrado compradores para el 6%, muy poco cuando se sabe que BNP-Paribas, Deutsche Bank y Goldman Sachs respaldaban la operación y compraban los suficientes títulos para, sobre el papel, incentivar el entusiasmo de los privados.

Queda por ver si el escaso atractivo de la venta de telefonía tiene más que ver con los excesos especulativos recientes del sector que con una atonía general de la Bolsa, que sólo se interesa por el sector inmobiliario y las obligaciones del Estado. Ahí está la incertidumbre. El resto, sobre todo lo relativo al destino a esos ingresos extraordinarios, nadie se hace ilusiones: el año que viene, por esas fechas, la deuda pública francesa seguirá siendo astronómica.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 02 de julio de 2005.

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